Andar y Ver // La tutela del volcán


Resumen:

Andar y Ver JESÚS SILVA-HERZOG MÁRQUEZ jshm00.

Transcripción:

Andar y Ver JESÚS SILVA-HERZOG MÁRQUEZ jshm00

La tutela del volcán

De la mirada del poeta surge la ciudad porque la ciudad no existe si no la vemos.

No existe si no la caminamos. No existe si no la imaginamos. "Ver es hacer" dice Julio Trujillo en uno de los cantos de su largo poema a la Ciudad de México. Bajo la sombra de los párpados se erigen puentes, se tiende la histeria de los cables que oscurecen el cielo. Bajo el pie del paseante bailan las bolsas de basura se hunden las iglesias.

La ciudad es fantasía, el sueño de cada uno. El deseo es una técnica de la arquitectura.

En noviembre de 2024 Julio Trujillo ganó el premio internacional que otorga anualmente el Centro de Poesía José Hierro. No vivió para ver la publicación del poema laureado. Detrás de la ciudad antes del cielo es el primero de sus libros que leemos sin él. Al conocido rigor musical de su escritura se agrega en este poema extenso, una serenidad admirable. El poema vuela ligero sobre las calles de la ciudad, alza la vista al cielo, pasea recogiendo revelaciones.

En treinta caminatas, el poema da la vuelta al día. Nombra la oscuridad, los ruidos, el frío, la infancia, la marea de los árboles, las prisas, el tiempo, el error. Nombra la culpa, esas tormentas y tormentos que hicieron daño otros. ¿Qué hacer? ¿Lavar el aire? Huele la lluvia, esa que es, primero, timidez, después estruendo y finalmente claridad. "Se va la tromba tan veloz como su arribo y queda un aire limpio, un mundo sin pecado y reluciente tras esa absolución, no es inocencia / sino gratitud." La lluvia limpia al ojo. "La transparencia nos asiste como un tónico de lucidez / para aguzar el juicio y la conciencia, para observarnos desde adentro / con la mesura de la claridad.' La ciudad es "una escritura sobre una escritura sobre una escritura." Su bóveda es tan exuberante como las rayaduras, baches topes de su pavimento. Intenso tráfico en el aire. Pasan cometas por el cielo, hortensias, nubes, aves, aviones que levantan su tonelaje como nuevos pterodáctilos y pasa también el rumor del dron, "mentido colibri".

Más que un libro sobre la ciudad, este es un poema sobre la tutela del volcán, El reloj del valle es un cerro de fuego que, con su silueta, anuncia el paso de las horas, la llegada de la noche y el amanecer. El poema comienza cuando la oscuridad borra los volcanes y termina en el momento preciso en que vuelven a insinuarse lo lejos. La gracia de un volcán, dice en el octavo canto, es la sorpresa. El volcán es victoria de la insumisión sobre la monótona planicie. Frente a la tediosa recta, un tirón de vértigos. Un "llamado de la diferencia". En el volcán actúa el "cincel del ser", se esculpe desde dentro "como un magna, como una arcilla irrepetible, única, que va tomando forma improvisadamente." El volcán se esculpe en sus errores. Siglos de arrebatos le dan forma, Una montaña que se eleva en sus caídas. Si un volcán se yergue sobre el suelo es porque sedimenta pacientemente sus derrumbes. Tomar forma acumulando un error tras otro. "¿Y un error qué es?," pregunta el poeta, "una manera de inventarse y continuar investigando, confiando en los hervores del experimento.' Jueves fue el poema sobre un mar que ahoga y que rescata, que revuelca y reconforta. Detrás de la ciudad no es el poema de una despedida. Es un poema que celebra la "perpetua contingencia" del volcán...

y de la vida. "Hoy es hoy, también damos la hora sin que nadie / nos la pida como hacen los que se aman porque sí, también nos custodiamos / con esa calidez que no se acaba."

El libro póstumo de Trujillo es editado por Pre-Textos.