Signos Vitales // La disputa por el INE


Resumen:

Signos vitales Alberto Aguirre alberto.aguirre@eleconomista.mx

Transcripción:

Signos vitales Alberto Aguirre alberto.aguirre@eleconomista.mx

La disputa por el INE

a narrativa lopezobradorista estableció una premisa: la autoridad electoral fue secuestrada por la partidocracia, que se repartió consejerías y cargos directivos en el órgano autónomo encargado de organizar las elecciones constitucionales. Dicha captura -de acuerdo con esa construcción de la historia de la alternancia- se mantiene vigente y empeoró en el 2014, cuando el Constituyente centralizó la designación de los integrantes de los OPLE's.

Son tres décadas de recorrido. La integración del entonces Instituto Federal Electoral tuvo como protagonistas a Andrés Manuel López Obrador y Felipe Calderón Hinojosa. El político tabasqueño no acudió a la mesa donde los representantes partidistas negociaron con la Secretaría de Gobernación quienes quedarían a cargo de contar los votos. Porfirio Muñoz Ledo fue quien trabajó en la redacción de la nueva legislación en la materia.

AMLO llegó a la presidencia nacional del PRD en el momento decisivo. Su intransigencia impidió que Jorge Alcocer llegara a la presidencia del consejo general del INE. Los negociadores priistas seleccionaron a José Woldenberg, quien cumplió cabalmente con su encomienda. En el 2003, a la mitad del sexenio foxista, la correlación de fuerzas propició una nueva distribución del poder: los panistas tuvieron que negociar con los priistas para concretar SU agenda legislativa, que contempló una reforma fiscal cabildeada desde Los Pinos con los gobernadores, con los excedentes petroleros como moneda de cambio.

Al frente del PRI estaba Roberto Madrazo, quien tuvo que negociar con Elba Esther Gordillo para tomar el control del aparato partidista. La Maestra encaró la renovación del INE con bríos, a sabiendas de la importancia estratégica de esas posiciones. Para la presidencia de ese órgano administrativo tuvo una primera entonces única- opción: Alfonso Zárate Flores, académico, analista político y consultor privado.

Ambos habían coincidido dos años antes, en las discusiones del Grupo San Ángel, que formó Jorge G. Castañeda junto con Demetrio Sodi para evitar un choque de trenes en los comicios presidenciales, marcados por la irrupción del EZLN y el asesinato de Luis Donaldo Colosio.

Zárate, abogado de profesión y con un posgrado en Londres, conocía las entrañas del poder desde que trabajó en la asesoría técnica del presidente José López-Portillo. En los primeros años del salinismo también trabajó en Los Pinos y sus opiniones fueron valoradas, cuando Gordillo Morales se hizo del control del SNTE.

En 1991 dejó el servicio público para fundar el Grupo Consultor Interdisciplinario, un despacho del que Yuri Servolov -SU Carpeta Púrpura era entonces una lectura imprescindible-, Carlos Ramírez y Paco Rodríguez abrevaron conocimiento y consistencia.

En el 2003, Gordillo Morales propuso a Alfonso Zárate como relevo de José Woldenberg. Sus contrapartes en San Lázaro no objetaron esa nominación. A la entonces coordinadora de los diputados priistas tocaba contactar al seleccionado.

Cuando lo hizo -vía telefónica-, el académico no asimiló bien la información... o la diputada no se dio a entender.

La invitación para ser un mero consejero electoral no le fue suficiente a Zárate, quien entendió que aceptar ese cargo implicaba la muerte de SU emprendimiento y SU separación de otros negocios -era socio de Las Mercedes, uno de los mejores restaurantes de Polanco- que le permitían vivir con holgura.

La Maestra no entendió las razones de Zárate y pidió a SU equipo que averiguaran qué le pasaba. Hasta entonces entendió que el académico había declinado ser consejero, pero que estaba dispuesto a sacrificarse por la patria si refrendaba la oferta, para presidir el consejo general del INE.

Ese error de comunicación -y una operación sigilosa y eficaz de Fernando González y Miguel Ángel Jiménez- abrió el camino a Luis Carlos Ugalde, quien recién regresaba de SU estancia en Estados Unidos y había enfilado SU trabajo académico a la transparencia y la rendición de cuentas, en el CIDE.

La historia electoral del 2006 comenzó a escribirse en ese momento.