Transcripción:
La guía de la serpiente
JESÚS SILVA-HERZOG MÁRQUEZ
@jshm00
Cuenta Maya Goded que la serpiente ha sido una presencia constante en su vida. Recuerda que, desde muy chica, quizá antes de los cinco años soñaba con víboras. Soñaba que, a medianoche su cuarto estaba cubierto de serpientes. Sentía un miedo terrible y el impulso de huir corriendo de puntitas para no pisarlas. Los años no han disipado esa presencia en sus sueños. Las serpientes la persiguen desde entonces, transformándose siempre. Las serpientes no solo se le han aparecido a la fotógrafa entre sueños. De vez en vez se manifiesta alguna víbora con una interrogación indescifrable. La serpiente --roca, cuchillo, río, sonaja-- es su gran compañera de vida. Zigzagueo femenino entre la tierra y el mar, entraña y superficie, vida y muerte. Escamas que se pierden para parirse de nuevo.
Su anterior proyecto recorrió las calles y las plazas de La Merced para documentar, en la vida de las prostitutas, la maldición de la moral católica que define lo que ha de ser una "buena mujer". El libro que publicó en 2006 tiene una fuerza que no alcanza el documental que proyectó en cines diez años después. Las imágenes en blanco y negro, quietas y silenciosas, dicen más de lo que comunican todas las voces y secuencias de la película.
El rastro de la serpiente es el registro de una exploración que la llevó de Oaxaca a Yucatán, de Nuevo México a Chile y de Panamá a Bolivia. Un viaje de más de cinco años siguiendo las huellas de la serpiente. Pero no se trata de la documentación de los paisajes o los pueblos, sino del íntimo testimonio de una experiencia. Una búsqueda de sanación la pone en contacto con curanderas, sanadoras, intermediarias de todos estos rincones del continente. El viaje aviva su memoria y sacude su entendimiento del mundo. La fotografía, dice ella misma, funcionaba antes para mí como una comprobación de la realidad. Una estampa de lo que es. Este proyecto le abrió otra ventana a su lente. Las pistas del desierto, las conversaciones con las mineras, las grietas de la tierra, los ojos de las grutas, la maraña de lianas y raíces que retrata Maya Goded en este trabajo transforman la conciencia. "Mi pensamiento se transforma después de mi mirada, abriendo las fronteras de mi percepción. Aprendí a escuchar el viento, aceptando el azar de la vida y de la muerte. Aprendí a vivir en el vacío. No me reconozco."
Todas las mujeres retratadas en el libro son yo misma, dice la fotógrafa en el libro. A decir verdad, no lo son solamente las mujeres. La fotógrafa es también ese desierto marciano, ese polvo al amanecer, esa playa de óxidos y sales, esa raíz que perfora el cenote.
El rastro de la serpiente, el libro que publicó a fines del año pasado, muestra las heridas de la tierra por una parte y la fuerza de las mujeres, por la otra. Si quisiéramos ubicar este trabajo en un casillero ideológico, habría que colocarlo como una pieza de arte ecofeminista. Denuncia de las violencias sobre el cuerpo y la tierra. Pero es mucho más que eso: es también un archivo de batallas familiares, la libreta de una exploración personal, el amoroso homenaje a sus abuelas, a su madre, a su padre. La edición del libro es extraordinaria. El diseño de Cristina Paoli abre el recorrido fotográfico a distintas posibilidades. La edición no impone una secuencia obligatoria. Tres cuadernos que se enroscan. Imágenes que serpentean: meandros de papel tatuado.
El rastro de la serpiente, un libro de Maya Goded.