Transcripción:
100 años de Banco de México.
Todos los días se cumple un siglo. El Banco de México llegó a sus primeros cien años convertido en una de las instituciones más respetadas del país. Nació en un contexto de caos monetario, donde los cambios traídos por la Revolución habían minado la confianza.
Antes de 1925, los bancos privados en México podían emitir sus propios billetes. No era una práctica extraña y lo era aún menos en los años posteriores a la Independencia, cuando la inestabilidad monetaria prevalecía. Circulaban monedas de plata, cobre, oro y papel moneda emitido por diferentes gobiernos y bancos. Nuevo León, Coahuila, Zacatecas y Jalisco, entre otros, tenían bancos emisores. Entre 1884 y 1910, llegaron a operar más de 40 emisores. El desorden propio del sistema ocasionaba falta de confianza, falsificación, sobreemisión y períodos inflacionarios.
El sistema monetario estaba fragmentado y era poco confiable, una característica indispensable de cualquier sistema exitoso. Los billetes más aceptados y con mayor cobertura territorial en la segunda mitad del siglo XIX e inicios del XX eran emitidos principalmente por el Banco Nacional de México (Banamex) y por el Banco de Londres y México, que posteriormente fue absorbido por el primero.
El Banco de México surgió como un antídoto al desorden. Años antes de su creación, se empezó a discutir seriamente la necesidad de contar con un banco central como un elemento que otorgara certidumbre y que permitiera un desarrollo más ordenado de las transacciones económicas. Cuando Plutarco Elías Calles asumió la Presidencia en 1924, México venía ya de años de inestabilidad política, económica y monetaria. Elías Calles impulsó fuertemente la creación de un banco central.
Manuel Gómez Morín fue una figura clave en el diseño técnico y jurídico del banco. Diseñó un esquema que buscaba dar al banco independencia operativa, lo cual, en la práctica, fue bastante más complicado que en el diseño teórico.
También en ese momento se dotó al banco central de la facultad exclusiva para emitir moneda. No era, ni es, la única facultad del Banco de México, pero en ese momento era crucial eliminar el mosaico de billetes privados y devolver la confianza en el sistema.
Con el tiempo, la relevancia del banco central se transformó. El gran avance llegó en 1994, cuando la autonomía del Banco quedó plasmada en la Constitución. La independencia es, quizá, el mayor activo de la institución: significa que las decisiones dependen de criterios técnicos orientados a preservar la estabilidad de precios, no de los vaivenes del ciclo político. Vaya puesta a prueba: devaluaciones, crisis de pagos y choques externos han retado su capacidad técnica e institucional.
Hoy, a 100 años de distancia, los retos son distintos, pero menores. En el horizonte cercano se vislumbran nuevos desafíos: la digitalización de los pagos, las criptomonedas y la presión política para abaratar el crédito e intervenir más en el crecimiento económico.
Celebrar los 100 años de Banxico es reconocer la importancia de contar con un árbitro monetario independiente y técnico confiable. Pero también es advertir que la independencia no es un regalo; requiere de respeto político consciente; minarla tendría costos altos para todos. Si el banco central nació para darle certidumbre al peso, su reto hacia adelante será sostener esa confianza en un mundo cambiante y en un país donde las tentaciones de corto plazo parecen más atractivas que la estabilidad de largo aliento.
@ValeriaMoy
VALERIA MOY