Transcripción:
AGENDA CONFIDENCIAL
¡Miedosos y..!
Por Luis Soto*
¡Qué cada quien haga su valoración sobre los partidos que votaron a favor y en contra de la revocación de mandato! Dijo la presidenta de la República después de que en el Senado de la República le dieron una "rasurada" a su Plan B de la Reforma Electoral, y le entonaron el "Requiescat in pace" a la susodicha revocación.
A su juicio, los partidos tenían temor que si la presidenta iba en la boleta fueran a tener más votos unos que otros. No tienen razón.
Una cosa es la revocación de mandato y otra la votación constitucional para diputados, presidentes municipales; de todos los argumentos que se dieron no había uno solo que tuviera argumentos suficientes para que la revocación no se pudiera hacer en 2027.
Es malo para el país que no se haya aprobado. ¡Y cómo no íbamos a tener miedo! Exclaman representantes del PT, del PVEM, del PRI, del PAN, MC y todos los de oposición que votaron en contra.
De haber aprobado el asunto a varios los hubieran "borrado del mapa" en el 2027, apuntan los observadores. Peor aún, se les hubiera acabado el negocio, agregan. No fue bueno rechazar revocación en 2027, pero tampoco es "gravísimo", expresó la presidenta Sheinbaum. No faltan los "agoreros del desastre" que interpretaron esta declaración como una advertencia: Sin revocación también les vamos a dar "hasta por debajo de la lengua" en los próximos comicios.
El ingenuo dirigente del PRI festejó que se hubiera eliminado la propuesta del Ejecutivo, diciendo que "ganó la democracia, ganó el voto libre, ganó México". Todos hablan de democracia, acotan los observadores políticos objetivos e imparciales, pero nadie quiere reconocer las notorias deficiencias que resienten todos los partidos políticos, sin excepción: clientelismo, fragmentación, autoritarismo y falta de mecanismos de control sobre sus propios líderes. Bueno, algunos son líderes de pacotilla, agregan aquéllos.
Desde hace décadas los susodichos observadores han comentado en esta columna que el origen del problema es la crisis de la representación democrática: Los ciudadanos no se sienten representados por los partidos; no creen en el sistema de partidos; desconfían de las supuestas opciones que estas agrupaciones ofrecen y, consecuentemente, no creen en la eficiencia y la representatividad de los gobiernos.
La desconfianza —junto con el descrédito de la política como actividad— pone al descubierto la crisis de los partidos políticos, y explica el alejamiento ciudadano con respecto a la acción política en general. En México, el grado de desencanto con respecto a la política y a los partidos es alarmante. Los partidos giran alrededor de los intereses de sus dirigentes, y no en torno a los intereses de la población a la que dicen representar.
Y lo que presenciamos en las discusiones y en los acuerdos en lo oscurito entre Morena y sus aliados, sobre el Plan A y el Plan B de la Reforma Política de la 4T, lo confirma.
El ingenuo dirigente del PRI festejó que se hubiera eliminado la propuesta del Ejecutivo, diciendo que "ganó la democracia, ganó el voto libre, ganó México". Todos hablan de democracia, acotan los observadores políticos objetivos e imparciales, pero nadie quiere reconocer las notorias deficiencias que resienten todos los partidos políticos, sin excepción.
* X: Luis Soto
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Foto Cuartoscuro