Indicador Político //PIB: tasas de crecimiento, sin desarrollo ni bienestar


Resumen:

PIB: tasas de crecimiento, sin desarrollo ni bienestar

Transcripción:

PIB: tasas de crecimiento, sin desarrollo ni bienestar

Hace mucho tiempo que el debate sobre el ritmo de crecimiento del PIB —el Producto Interno Bruto como la suma de los bienes y servicios de una economía— dejó de ser un referente aislado y su tasa anual se cruza con variables de distribución del ingreso, la riqueza y los beneficios para constituirse en un indicador del bienestar real de una sociedad.

Ahora que el último reporte del Fondo Monetario Internacional causó optimismo en el sector público porque el crecimiento del PIB pasó de 0.4% a 1% para 2025, se ofrece de nueva cuenta la oportunidad de reiterar el hecho de que el PIB no se mueve solo ni a capricho de funcionarios, observadores o críticos, sino que refleja el ritmo de crecimiento económico de un país y es el referente para quedarse solo en la cifra o cruzarlo con las necesidades de la sociedad.

Los cálculos del PIB para 2025 y 2026 deben tener, cuando menos, tres referentes: —De 1934 a 1981, el PIB tuvo un crecimiento promedio de 6%.

—De 1982 a 2018, el PIB creció a una tasa promedio anual de 2%.

—Y de acuerdo con las expectativas recogidas por el Banco de México, el PIB de 2024 a 2035 tendrá un crecimiento promedio anual de 1.8%.

La tasa del PIB por sí misma dice mucho o nada. Para darle un sentido, se tiene que cruzar con variables que determinan el nivel de bienestar de la sociedad: —El crecimiento de la población.

—El aumento de la población económicamente activa.

—Y el aumento en la disponibilidad del ingreso que se distribuye directamente por la economía o indirectamente a través de políticas sociales.

En cualquiera de estos tres últimos referentes, el PIB necesitaría un ritmo mínimo de crecimiento para ser tomado como parte del bienestar, y los cálculos económicos señalan que el piso mínimo del PIB para atender a la población trabajadora y riqueza debiera ser del 4% —en el peor de los casos— y del 6% en términos de dotar de excedentes a las finanzas públicas para programas sociales —no subsidios directos— que influyan de manera directa en la clasificación social y alejen a los mexicanos de los pisos de restricciones sociales.

El ciclo neoliberal salinista 1982-2018 ofreció la expectativa de un nuevo nivel de bienestar nacional a cambio de aceptar reformas que, paradójicamente, sacrificaron objetivos sociales del Estado en aras de un sistema productivo privado que solo produjo una concentración de la riqueza nacional en el 5% de las familias ricas.

Los programas sociales han atenuado la pobreza, pero no han creado condiciones para convertirla en riqueza productiva, y todo se queda en la entrega directa de apoyos a diferentes sectores de la población para poder llegar, inclusive, con esos subsidios, a ingresos a nivel familiar de hasta veinte mil pesos mensuales sin trabajar, aunque sin afectar el escalafón social y no representa en realidad una modificación en el bienestar que implica acceso garantizado a las necesidades sociales.

El otro problema que revela el análisis real o juguetón del PIB es que es insignificante la expectativa baja o de alza de medio punto o un punto al año. El casi medio siglo de promedio anual del 6% durante el populismo 1934-1982 creó condiciones de bienestar; el PIB 2% promedio anual del neoliberalismo 1983-2018 no respondió a las expectativas de toda la población, sino apenas a la mitad o menos de la que requería bienestar, dejando a la otra mitad con una acumulación de rezagos de 36 años en que la mitad de la población mexicana quedó al margen de la satisfacción de sus necesidades y de sus deseos de ascenso social.

La expectativa de 1.8% de crecimiento anual durante los dos sexenios de Morena solamente alcanzará para atender a la mitad de la población nacional o menos, aunque queda un impacto marginal por el dinero entregado directamente, sin que afecte el ritmo de creación de la riqueza; sino apenas se puede convertir en demanda básica que tampoco influye en la demanda efectiva que requiere la economía para aumentar el ritmo de crecimiento.

El rezago del 2% de PIB que no se creó se fue acumulando por el crecimiento anual de nueva población económicamente activa que no alcanza a tener la cobertura de la economía formal. En cifras oficiales, el 54% de la PEA es informal, sin prestaciones.

Así que medio punto de PIB más en las tendencias del FMI no resuelve la crisis de crecimiento: México tiene un ritmo de PIB de 2% o menos en estos años, necesita 4% para cobertura casi total y más para atender el rezago, pero la economía no puede crecer más de 2% promedio anual porque la estructura productiva no lo permite y genera inflación, y esta se va a presión devaluatoria.

Por tanto, el problema de crecimiento económico es de modelo de desarrollo, en donde el PIB bajo es un indicador del subdesarrollo.

Política para dummies: La política convierte cualquier cifra en crisis o auge.

Los cinco focos en amarillo del Fondo indican que 2025 está prácticamente perdido y que para 2026 se espera —no se asegura— un rebote ligero en el crecimiento económico, pero con mayor tensión en las variables interrelacionadas, que todas inciden en la inflación.

CARLOS RAMÍREZ