Resumen:
"Usted, declárese culpable, es lo que le conviene", le dijo el abogado de oficio a Catia Beatriz Aguilera Estrella, de 22 años, cuando la acusaron de participar en el secuestro de Silvia María Contreras Pérez.
Transcripción:
TRANSCRIPCIÓN EN PROCESO
En realidad, Soreque y Pérez Díaz interceptaron a la víctima cuando salió de su negocio y se la llevaron caminando a la casa de seguridad de El Güero, y ahí los esperó El Diablo.
Agrega: "Catia no tuvo nada que ver."
Desafortunadamente, a los jueces les valió que el testigo fuera un mentiroso. De hecho, la fiscalía preparó a los testigos. A El Diablo lo quisieron utilizar para culpar a Catia de dos secuestros más, pero yo la defendí y no pudieron."
El abogado busca desde hace nueve años revertir la sentencia contra su clienta y dice que aportará más elementos de prueba para que se investigue a la ex pareja y a su primo, que vive actualmente en la Ciudad de México: "Necesitamos que alguien quiera reabrir el caso y que investiguen a los verdaderos responsables. Si supiera cuántas miles de personas están presas siendo inocentes como Catia".
Coartada ignorada
Catia Beatriz está segura de que la mujer que conoció a través de Badoo, Rosa María, le tendió "una trampa" por haber terminado su relación: "A ella ya la tenían en antisecuestros cuando me llevaron.
Estoy segura de que fue ella quien organizó todo. Sin trabajar, ella siempre traía mucho dinero, me invitaba a buenos restaurantes y siempre pagaba en efectivo. Y como ella es licenciada, acomodó todo para que se voltearan en mi contra".
Añadió: "Me tendió una trampa.
Días antes le había dicho que era mejor separarnos. Ella fue la que hizo todo, e incluso compró a mi abogado de oficio para dejarme aquí en la cárcel. Algunos abogados se venden al mejor postor.
Ella sí tenía dinero, por eso pudo fabricar todo".
Recuerda que los jueces no tomaron en cuenta su coartada: "Yo declaré que el día de los hechos estuve en un festejo en la casa de mi mamá. Mostramos fotos, declararon mis padres, mis hermanos, pero de nada me sirvió".
Dice que sintió la discriminación del juez en su contra por ser lesbiana: "No le caí bien. Me veía feo, siempre dudó de lo que yo decía. Y desde que supo que yo era lesbiana, sentí su rechazo, su discriminación, vi que era lgbtfóbico. Además, estaba claro que ya tenía muy claro su objetivo de sentenciarme".
Cuenta que apeló la sentencia presentando un amparo directo en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN): "Y lo gané. Me revocaron la sentencia de plano. Repusieron mi proceso, yo pedí que me cambiaran de juez, pero el juez no quiso y dijo que él mismo tenía que volverme a dictar la sentencia.
Y volvió a dictarme la misma sentencia, en los mismos términos. No modificó nada".
Comenta Aguilera Estrella: "Mi abogado dice que en la procuración de justicia todo se maneja con dinero. Aprendí que las amistades tienen mucho que ver en tu vida. A veces uno se junta con personas que son malas y te empiezan a meter en problemas".
Un milagro
Antes de que su vida diera un vuelco, Catia Beatriz era secretaria y administraba el dinero de la tienda Hacienda de Queréndaro, dedicada a la venta de agroquímicos y de maíz, sorgo y trigo. "En mi pueblo todo está muy tapado. Ser lesbiana en esos lugares no es fácil, lo toman a mal. Hace como 12 años yo me di cuenta de que me gustaban las mujeres. A mis papás, que son campesinos, se les hizo difícil, pero ahorita ya me comprenden y me apoyan".
Confiesa que estar en prisión ha significado un dolor inmenso, pero que ahora se dedica a trabajar para una empresa que exporta cajas de cartón. Por cada 500 cajas armadas le pagan 160 pesos y es la encargada del control de calidad con 22 personas: "Al principio lloraba mucho porque soy inocente. Sufrí demasiado.
Ahora me la paso trabajando, le echo muchas ganas. Mis papás y mis cuatro hermanos no me han dejado sola, vienen a verme cada 22 días, por la distancia de tres horas en autobús y por los gastos.
Sólo en pasajes pagan 500 pesos cada uno".
Cuando sueña
Dice que cuando sueña, siempre es libre, sintiendo el sol y el viento en el rostro: "Extraño los árboles, el campo. Si yo fuera culpable, me esperaría a cumplir mi condena, pero soy inocente, yo no hice nada. La justicia es manejada por los jueces como ellos quieren. A veces dejan al culpable libre y al inocente en la cárcel, como en mi caso".
Es católica y todos los miércoles reza el rosario con voluntarias, esperando conseguir su ansiada libertad con un milagro porque sabe que la justicia en México atraviesa por una grave crisis: "Los jueces, las fiscalías, los ministerios públicos manipulan la justicia a su antojo, fabrican culpables con mucho cinismo. Son impunes, a ellos no les pasa nada. Es gente que no merece tener esos puestos".