Factor económico propicia los drásticos cambios políticos en el mundo


Resumen:

Factor económico propicia los drásticos cambios políticos en el mundo

Transcripción:

Factor económico propicia los drásticos cambios políticos en el mundo

"Las nuevas generaciones no están conscientes del gran esfuerzo que se ha realizado en el pasado reciente".

"La salida a este entorno negativo es propiciar un mayor crecimiento que permita que se incrementen los ingresos fiscales".

Distintos países en el mundo están inmersos en profundos cambios políticos, reflejo de la inconformidad de sus poblaciones con su situación económica. Por ejemplo, en la pasada votación en Francia, los electores escogieron partidos con propuestas opuestas entre sí como muestra de su descontento con la actual política del gobierno; en Estados Unidos se vuelve a elegir a un candidato que había perdido en las elecciones anteriores; en Brasil se regresa a un candidato que ya había gobernado. Por otro lado, en Corea del Sur, el Congreso destituye al presidente en el poder; en Argentina, gana la presidencia un profesor de universidad, sin experiencia política y con propuestas extremas; y en Alemania, en los pasados días, el Congreso toma medidas para cambiar al titular del Poder Ejecutivo.

Todo lo anterior, y en muchos casos más, refleja el descontento de las poblaciones con la situación de sus países. Esto sorprende porque, en las pasadas décadas, el desarrollo mundial ha tenido una expansión económica que no había conocido la humanidad en toda su historia. La pobreza ha disminuido, la esperanza de vida se ha incrementado de manera dramática, se ha alargado la vida promedio de las personas, los precios reales han disminuido y la salud ha alcanzado niveles inimaginables hace algunos lustros. Sin embargo, esto no ha sido suficiente para generar un entorno de estabilidad y desarrollo; parece que ha sucedido lo contrario.

Son varias las posibles explicaciones, como el deseo de los votantes de acelerar el crecimiento económico o la presión para reducir el esfuerzo de las personas para lograr el bienestar de manera fácil; la idea de que no basta con el crecimiento económico, sino que se prefiere la igualdad; o que las nuevas generaciones no están conscientes del gran esfuerzo que se ha realizado en el pasado reciente para lograr la situación alcanzada.

A lo anterior quisiera agregar una posible explicación económica, que se relaciona con el cambio de las políticas financieras y monetarias que los gobiernos del mundo tuvieron que implementar debido a la aparición del Covid-19. La drástica caída en la actividad productiva, como resultado de la pandemia, propició que los gobiernos incrementaran de manera notable su gasto público a fin de evitar la quiebra generalizada de empresas. Esto se tradujo en un incremento importante en la expansión monetaria y en la deuda pública de los distintos gobiernos. Por ejemplo, en Estados Unidos, la deuda pública pasó del 53% del PIB en el año 2001 al 120% el año pasado, y los agregados monetarios se elevaron de 1 billón de dólares a 9 billones en el mismo período; en Japón, la deuda pública pasó de 136% del PIB al 256%; en China del 27% al 84%, y de manera similar en la mayoría de los países desarrollados.

Debido a que las tasas de interés eran cercanas al 0%, su impacto fue muy pequeño en las finanzas públicas, pero la política de expansión monetaria y del gasto público finalmente empezaron a impactar en una mayor y creciente inflación. Para compensarla, los distintos gobiernos aceptaron mayores tasas de interés y tuvieron que empezar a reducir sus gastos.

Esto ha provocado descontento entre servidores públicos, sindicatos, contratistas y en general en toda la población. Algunos gobiernos, como el de Turquía, decidieron seguir con la misma política expansiva, lo que provocó que su inflación fuera cercana al 100%, lo mismo que las tasas de interés, y tuvo que iniciar un ajuste fiscal mayor al previsto.

Continuar con la política expansiva provoca crisis financieras en el futuro, pero reducirla crea crisis políticas en el presente.

La salida a este entorno negativo es propiciar un mayor crecimiento económico, lo que permite incrementar los ingresos fiscales, para así poder cumplir con los programas sociales prometidos. Sin embargo, esto solo se puede lograr creando condiciones que fomenten un incremento sustancial en la inversión privada, ya sea por medio de menores tasas de impuestos, una reducción drástica en la regulación que pesa sobre las empresas, la eliminación de monopolios privados y públicos, así como mayor transparencia en el gasto público.

Ahora sí ya despertó

El metabolismo en Palacio Nacional ha cambiado. La presidenta Claudia Sheinbaum se espabiló ante las amenazas continuas del presidente electo Donald Trump y empezó a tomar acciones preventivas en caso de que todo lo anunciado en materia comercial y migratoria se materialice a partir de enero.

La reacción fue tardía, pero a tiempo. Dejar atrás la confusión, los malos diagnósticos y las peores recomendaciones, cuando menos en su reconocimiento, es un avance.

Trump ha venido ejerciendo el poder y moviendo hilos desde que ganó la elección en la primera semana de noviembre.

Los europeos se apresuraron a firmar un tratado comercial con el Mercosur. En Canadá, la amenaza de elevar aranceles dividió al gobierno de Justin Trudeau y rompió el consenso con la viceprimera ministra y responsable de Finanzas, Chrystia Freeland, que es una de las razones por las que sorpresivamente renunció ayer. Y en Estados Unidos, los presidentes de las principales empresas dejaron de dudar de las amenazas comerciales, luego de que su equipo en Mar-a-Lago les aseguró que Trump está decidido a llevarlas a cabo sin importarle las probables consecuencias inflacionarias en ese país.

En México, la presidenta Claudia Sheinbaum demoró muchas semanas en procesar que las amenazas eran reales, y concluyó que, sin importar si se cumplían o no, tenía que preparar a su gobierno.

Sheinbaum había recibido una pésima asesoría del secretario de Relaciones Exteriores, Juan Ramón de la Fuente, que decía que Trump no podría hacer lo que decía, y del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, que le aseguraba que las propias empresas lo presionarían y terminaría reculando. Sin embargo, fue cayendo en cuenta de que esos diagnósticos eran limitados y que minimizar las amenazas no era buena idea.

Trump planea firmar más de 25 órdenes ejecutivas y directivas -que no necesitan autorización del Congreso-, de las cuales se estima que una quinta parte de esta ráfaga de políticas públicas, que serán firmadas el 20 de enero, su primer día en la Casa Blanca, tendrá que ver con la migración y el uso del Ejército para deportaciones masivas. La idea inicial de Trump, según diplomáticos estadounidenses, es que expulsen a México no solo a mexicanos, sino también a venezolanos, haitianos y nicaragüenses, como sucedió mientras duró el programa Tercer País Seguro, negociado por Ebrard durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, con el que Sheinbaum no está de acuerdo.

Tampoco se había tomado la amenaza migratoria con la seriedad estratégica adecuada.

Hablar con los cónsules mexicanos en Dallas fue un acto mediático pero inútil. El problema no estará tanto en Estados Unidos para efectos de su impacto en México, si se dan deportaciones masivas -para los migrantes sí-, porque todavía no hay planes logísticos para absorber oleadas de expulsiones en grandes volúmenes.

Ayer mismo, en su primera conferencia de prensa desde que ganó la elección, Trump volvió a dejar claro su fobia migratoria al quejarse del presidente Joe Biden por haber vendido parte del muro fronterizo que construyó durante su administración. La semana pasada, anunció que Ronald Johnson, con largas carreras en el Pentágono y la CIA, enfocado en temas de seguridad e inteligencia, será el próximo embajador en México.

La incredulidad de Sheinbaum sobre los dichos de Trump ha ido cambiando conforme su curva de aprendizaje del personaje se amplía. Hasta la semana pasada parecía estar paralizada, sin ninguna iniciativa efectiva, pero su actitud cambió el lunes de la semana pasada cuando Trump se refirió al déficit en la balanza comercial con México como un "subsidio" a este país, por lo cual alegó que sería mejor anexarlo como el estado 52 -porque el 51, había señalado días antes, sería Canadá-.

Aranceles, migración e importaciones chinas que entran como producto mexicano al mercado norteamericano forman parte de la misma ecuación y son temas indivisibles.

La reacción en Palacio Nacional fue inmediata. Sheinbaum instruyó la creación de un equipo especial que será responsable de definir la estrategia a seguir frente a las acciones que probablemente llevará a cabo Trump al asumir la presidencia en materia de migración y comercio.

El equipo estará encabezado por de la Fuente, Ebrard, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, y la coordinadora del Consejo Empresarial, Altagracia Gómez. Para apoyar a la presidenta, se trasladará una parte del grupo de asesores a oficinas contiguas a Palacio Nacional, desde donde trabajarán exclusivamente ante las contingencias y emergencias que puedan presentarse.

Finalmente, se preparará una estrategia articulada e intersecretarial, que es lo que estaba faltando en el gobierno, con declaraciones sueltas, iniciativas particulares y un mensaje desarticulado. Sin embargo, no será suficiente. Ante la alineación que tendrá Trump con el gabinete de la Casa Blanca para ver los asuntos de México, se requerirá tener un gabinete estadounidense que responda inteligentemente a los términos en los que se está planteando la relación bilateral, así como el perfil de quien será embajador (mejor que embajadora ante un personaje tan misógino), que pueda hablarle en sus códigos al presidente.

El perfil y la designación del embajador son tan importantes como la estrategia, que debe añadir un componente que no se ha planteado aún: construir el consenso interno para lo que vendrá con Trump. Sheinbaum recibió un país polarizado que no ha buscado despresurizar, al que se le han añadido fisuras dentro del partido gobernante y de su propio gobierno. Entrar dividida al segundo período de Trump en la Casa Blanca, que es importante resaltarlo porque no tendrá la contención de ir por la reelección, la debilita.

Espabilar ante Trump fue una buena señal, pero necesita enviar otra a los actores políticos y agentes económicos mexicanos para construir el respaldo de todos los sectores que la apoyen, para cuando eventualmente reciba imposiciones inaceptables de Washington. Esta es la pata que necesita en su estrategia, que será incompleta si no la construye y no reduce las vulnerabilidades que hoy tiene.

Nota: en la columna del lunes se mencionan incorrectamente los recortes a los presupuestos de Salud y Seguridad Pública. Las sumas señaladas son en miles de millones de pesos.

Benito Solís Mendoza