Resumen:
Tras el golpe estadounidense en Venezuela un ambiente de confusión nubla al gobierno mexicano. Por un lado, hay cautela, incluso en el lenguaje, y por otro se desata la estridencia y el pánico. La presidenta Claudia Sheinbaum no ha solicitado en ningún momento la liberación de Nicolás Maduro y en cambio ha solicitado un juicio justo. Ha condenado la intervención militar estadounidense y ha expresado un discurso de mantenimiento de la cooperación con Washington sobre todo en materia de seguridad.
Transcripción:
Tras el golpe estadounidense en Venezuela un ambiente de confusión nubla al gobierno mexicano. Por un lado, hay cautela, incluso en el lenguaje, y por otro se desata la estridencia y el pánico. La presidenta Claudia Sheinbaum no ha solicitado en ningún momento la liberación de Nicolás Maduro y en cambio ha solicitado un juicio justo. Ha condenado la intervención militar estadounidense y ha expresado un discurso de mantenimiento de la cooperación con Washington sobre todo en materia de seguridad.
El partido oficial, Morena, en cambio, ha desplegado acciones propagandísticas y movilizaciones donde exigen la liberación de Maduro sin expresar ninguna crítica a la situación venezolana, los excesos del gobierno madurista y la represión contra opositores y periodistas.
Al golpear a Venezuela, el gobierno estadounidense tenía muy claro que sofocaba a Cuba. Y aquí es donde la cautela mexicana, con iniciativa, debe afianzarse para evitar mayores daños. Tener lecciones de los anteriores intentos de mediación en Venezuela para evitar una catástrofe mayor en Cuba y Latinoamérica. No colocarse en el fango y entre las patas de los caballos. No provocar.
Sobre todo entender que una estrategia diplomática apegada a nuestras mejores tradiciones y adecuada a las graves circunstancias internacionales de destrozo de leyes y convivencias, es vital para proteger a México.
Venezuela era clave en el abastecimiento energético cubano. México no puede sustituirlo. Tampoco el régimen político mexicano es similar al venezolano como para intentar emparentar al estilo isleño y caraqueño. Acá existen libertades y opciones democráticas que antes que cerrarse deben ampliarse y consolidarse. Un asunto clave en la reforma electoral, en la convivencia política y en el mensaje internacional.
El periodista Gerardo Arreola apuntó en una videocharla con Julio Hernández, Astillero: el gobierno de México debe ver la crisis cubana como un tema de seguridad nacional por encima de temas sentimentales o de simple solidaridad.
Autor de "Cuba, el futuro a debate", explicó: "pasa el tiempo y el gobierno mexicano no hace transparente el comercio petrolero ni del gobierno pasado ni de este (con Cuba); debería hacerlo de manera franca, abierta, transparente como parte de un acuerdo multilateral".
Arreola propuso que México estimule una iniciativa multilateral, similar a la practicada cuando la crisis centroamericana con la creación del grupo Contadora que medió en la guerra de Nicaragua y propició firmas de paz en El Salvador y Guatemala. Una mediación que evite un desastre mayor en Cuba y claramente se ponga en la mesa de negociación con Estados Unidos, donde el tema del abasto petrolero se transparente y se explique a los mexicanos.
Efectivamente, si México quiere ayudar a Cuba debiera hacerlo a partir de una estrategia integral, diversa, democrática y solidaria que aísle el conflicto de fuerza y permita una expresión auténtica de los cubanos, los únicos que pueden decidir sobre su destino.
Una estrategia que propicie reconciliación entre los isleños, ayude en la desactivación del bloqueo económico, anime acciones democráticas y de respeto a derechos humanos. Como punto nodal debiera estar la atención del tema migratorio tanto del trato (o maltrato) a migrantes que pasan por México, como de la situación de aquellos que ya han establecido residencia en territorio mexicano o estadounidense bajo condiciones inseguras.
Una acción de fuerza o una intervención externa en Cuba sería desastrosa no solo en términos de la reiteración de la ruptura de leyes internacionales, sino en consecuencias sociales y migratorias que amenazarían directamente a México.
No es una fatalidad la acción punitiva y de fuerza de Estados Unidos contra quien se le atraviese. Es tiempo también, de resistir y conciliar. De mediar y dialogar. Y no debe ser conducta solo internacional. Inicia desde adentro, desde nuestra conciliación y entendimiento.
robertozamarripa2017@gmail.com
ROBERTO ZAMARRIPA DE LA PEÑA.- Periodista. Egresado de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco. Ha sido reportero y editor. Cronista. Es autor del libro "Sonora 91, Historia de políticos y policías". Crónicas suyas están incluidas en la antología "El Fin de la nostalgia" y "Enviados Especiales".