Transcripción:
Dos hechos íntimamente relacionados reciben tratamiento noticioso aparte. Y no, no nos parece importante el resultado de Miss Universo, eventos "de belleza" destinados a desaparecer, pues cosifican a la mujer y en nada difieren del mercado de carne en Kobe, Japón; pero mucho llama la atención la versatilidad de su organizador polifacético, presunto conductor no sólo del certamen, sino de negocios turbios y ahora testigo colaborador de la FGR, organización con igual o aun menor credibilidad que el concurso de Miss U.
Lo que pretendemos comentar hoy -lo verdaderamente importante, creemos- se conforma de dos estadísticas económicas relacionadas y sumamente preocupantes:
1.- La pérdida de apetito por parte de un 48 por ciento de las empresas nacionales de invertir en México, espantadas por la reforma judicial, y...
2.- La proyección de Banxico HACIA LA BAJA de nuestra tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) a sólo 0.3 por ciento durante este 2025.
Famélico e insuficiente puede considerarse este crecimiento del PIB, el cual viene apareado de un corolario: la bajísima creación de empleos. Estima Banxico que se crearán un máximo de alrededor de 300 mil empleos anuales, cifra que contrasta con el MILLÓN de nuevos empleos que México debería crear para sostener el nivel de vida de su ciudadanía.
Les proponemos, estimados lectores, que lo que estamos enfrentando es una tormenta perfecta encaminada a hacer encallar a nuestro buque de Estado.
Preocupa sobremanera que en el tema económico no avancemos, que permanezcamos con un bajo crecimiento y una muy pobre creación de empleos, encima de lo cual nos monta la 4T un clima de INCERTIDUMBRES de todo tipo: jurídicas, de inseguridad, de competencia desleal, de monopolios oficiales voraces e improductivos, de un creciente autoritarismo, de retroactividad de leyes, de un SAT insaciable, de doble tributación, de violaciones al T-MEC por parte del Gobierno -mismas que pueden acabar por dinamitarlo-, y una manta de opacidad cubriendo el gasto gubernamental.
Mientras estas condiciones persistan, imposible resulta REMEDIAR las causas que generan esta "tormenta perfecta" que nos condena no sólo a la mediocridad económica perenne, sino a la POBREZA y a la generación de miseria.
Las arcas de Hacienda no son inagotables, al contrario, precariamente se debaten hoy mismo entre un déficit fiscal insostenible y la degradación de la deuda soberana mexicana, misma que, por sus consecuencias nocivas, nos limitará y estrechará en el futuro el margen de maniobra. Ello, sobre todo, si persiste el nivel de dádivas con fines electorales en los actuales montos.
Infunde terror, por sus nocivos efectos económicos futuros, pensar que una de las siguientes "reformas" del régimen sea una "reforma fiscal", la cual, de efectuarse bajo la óptica socialista que permea en la 4T, seguramente lejos de estimular nuestra raquítica economía, la frenaría en seco, generando una nueva crisis económica en México de pronóstico reservado.
Por ello hoy les comentamos, amigos lectores, las derivadas de estas dos noticias surgidas al unísono: malas decisiones gubernamentales tomadas con base en ideologías sin medir consecuencias en la vida real de un México globalizado, que es parte de un bloque de libre comercio, impulsado por una sociedad que se pretende modernizar, pero retenido por un Gobierno que ansía anclarlo en un pasado inoperante y rebasado por avances tecnológicos, como la inteligencia artificial y su evolución, la cual -esa sí- resultará ser globalmente un evento "transformador".
El mundo avanza y México no se puede quedar atrás: todo indica que lo intentado por los dos últimos Gobiernos, aunque ha logrado consolidar un poder autocrático, no ha conseguido para México el PROGRESO económico necesario para elevar el nivel de vida de sus ciudadanos y, en contraste, ESPANTA, ahuyenta y desestimula la CONFIANZA en el País como ente viable creador de prosperidad.
Al contrario, más bien la percepción que de él se tiene es la de un DESTRUCTOR de la prosperidad y de las LIBERTADES necesarias para generar riqueza. En conclusión: si no cambiamos, iremos a la baja: nos hundimos.