Transcripción:
AGENDA CONFIDENCIAL
Desobediencia civil para principiantes
Por Luis Soto
Cuando Andrés Manuel López Obrador perdió la elección presidencial de 2012, en manos de Enrique Peña Nieto, tuvo la ocurrencia de llamar a sus seguidores a realizar acciones de "desobediencia civil". Los teóricos de la ciencia política coincidieron en definir ese instrumento de protesta activa a partir de algunos elementos indispensables.
Para que las acciones de desobediencia civil puedan considerarse dentro de esa estrategia, se requiere que sean: ilegales, públicas, no violentas, realizadas con plena consciencia por parte de los "desobedientes civiles" y que, además, se lleven a cabo con la intención específica, expresamente declarada, de frustrar una o más leyes, programas o decisiones gubernamentales.
El domingo 9 de septiembre de 2012, durante un mitin del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), en el Zócalo de la ciudad de México, el excandidato presidencial Andrés Manuel López Obrador anunció:
"Un plan nacional de desobediencia civil, con el compromiso de seguir luchando bajo el principio de la no violencia, sin caer en provocaciones, sin afectar a terceros y, sobre todo, de oponernos por medios pacíficos a la aplicación de las llamadas reformas estructurales como la laboral, la fiscal, la energética y todas aquellas medidas que se tomen en contra de los intereses del pueblo y de la nación".
Si los seguidores del incansable político tabasqueño atienden a fondo la iniciativa de su líder, tendrán que prepararse para llevar a cabo acciones que les costarán sufrir represiones y persecuciones policiacas, golpizas, arrestos breves y, en algunos casos, juicios penales y encarcelamientos prolongados, advertían los observadores políticos.
Y si las desobediencias llegan a extremos mayores, tanto en la actividad del lópezobradorismo como en la respuesta de las autoridades, entonces seremos testigos --en versión mexicana-- de ataques a la integridad física de miles de personas, agregaban aquellos.
Si, por el contrario, la supuesta desobediencia civil que promueve el líder de Morena se reduce a protestas multitudinarias y ruidosas, alguien tendrá que explicarle a él y a sus incondicionales partidarios, la enorme diferencia que existe entre la ejecución de ese tipo de actos legales y la realización de actos ilegales de auténtica desobediencia civil, ya que estos últimos no están incluidos en el marco de las libertades de reunión, manifestación y expresión que la Constitución ampara.
Así que... La referencia viene a cuento porque ahora, 14 años después de aquel llamado de López Obrador a la "desobediencia", el señor Marx Arriaga, quien parece sentirse heredero de la Nueva Escuela Mexicana que promovió e instauró el tabasqueño, lleva varios días "atrincherado" en las oficinas de la SEP que ocupaba antes de que los despidieran por haberse negado a hacerle algunos cambios al contenido de los Libros de Texto, ordenados por la presidenta Claudia Sheinbaum.
En un acto de desobediencia política y también civil, pide a sus colaboradores, amigos y maestros disidentes oponerse a las órdenes de su Jefa, quien insiste en ofrecerle algo a cambio para que desista de sus negras intenciones, y le recuerda que no actúe como aquellos que "se suben a un ladrillo y se marean". Llama la atención de los mismos observadores de hace 14 años y más, que la presidenta niegue y afirme que en MORENA no son como los partidos de izquierda de hace muchísimo tiempo en donde había "traidores" y lo único que hacían era pelearse internamente.
Se le olvida que de esos partidos "peleoneros" (PRD) surgió MORENA y que el líder de masas e ídolo de multitudes Andrés Manuel López Obrador; si bien es cierto que no se peleó con ellos, los mandó por un tubo porque no estaba de acuerdo en sus "técnicas" y fundó su movimiento que lo llevó a ocupar "la silla del águila".
* X: Luis Soto
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Foto: Cuartoscuro
El señor Marx Arriaga, quien parece sentirse heredero de la Nueva Escuela Mexicana que promovió e instauró el tabasqueño, lleva varios días "atrincherado" en las oficinas de la SEP que ocupaba antes de que los despidieran por haberse negado a hacerle algunos cambios al contenido de los Libros de Texto, ordenados por la presidenta Claudia Sheinbaum. En un acto de desobediencia política y también civil, pide a sus colaboradores, amigos y maestros disidentes oponerse a las órdenes de su Jefa.