Transcripción:
LA UNAM, CRISIS DEL ÚLTIMO BASTIÓN DEL RÉGIMEN PRIISTA
El rector Lomelí reconoció que no entiende a los jóvenes, pero no hace nada para incidir en la reforma educativa que adapte a la Universidad a las nuevas visiones del mundo, a las nuevas tecnologías educativas y a las aspiraciones de los jóvenes que tienen enfrente un mundo digitalizado.
La UNAM, crisis del último bastión del régimen priista
En aquella infame huelga del año 1999, cuando Martínez Baracs publicara en Letras Libres una sana crítica al contexto ideológico y a los líderes de aquel movimiento, la Universidad desafortunadamente ha continuado sometida durante los últimos 25 años, replicando el "mismo horizonte paradigmático [en el cual] ni los mayas de Chiapas, ni el rock, ni la estética o el ideario del radicalismo europeo pueden justificar o esconder, en Marcos o el Mosch, la suspensión de la reflexión y del análisis teórico y político, bloqueados de raíz por el dogmatismo y autoritarismo intrínsecos a la militancia marxista-leninista". (1)* En sus poco más de cien años, las demandas de la educación superior del país han hecho de la UNAM una institución con gran elasticidad, desde atender secundarias hasta estudios de posgrado, e integrada tanto por alumnos principiantes como por doctorantes que trabajan con un premio Nobel y otros que hacen bombas.
Hay quien dice que es un experimento frustrado. México tenía que optar por construir una gran Harvard y fue atrapada a principios de los años 70 para convertirse en una universidad de masas, donde conviven científicos preparando experimentos para el transbordador espacial y escuelas que, en el mejor de los casos, superalfabetizan, y otras que preparan alumnos que ganan premios internacionales en olimpiadas de matemáticas, pese a que el pase automático de las prepas y CCH's permite que ingrese a nivel superior una enorme cantidad de alumnos con niveles propios que rayan en los mínimos de comprensión de lectura.
Y por si eso no fuera suficiente, en una mentalidad muy politizada, dada la importancia institucional que reviste y el tamaño de su presupuesto, las autoridades se pelean el gran botín que piensan los proyectará a las grandes alturas de la política nacional, tal como De la Fuente y Narro usaron a la UNAM para tratar de ser presidentes.
Desafortunadamente, el bloqueo mental y la sumisión ideológica pareciera haberse también extendido al comportamiento de las autoridades universitarias, tal como lo revela el permitir desde el año 2000 la ocupación ilegal del Auditorio Justo Sierra durante este último cuarto de siglo, bajo la complicidad y responsabilidad de tres rectores, y donde hay evidencias del tráfico de drogas, vandalismo y delincuencia.
Pero lo más grave aún fue un hecho que dolió a la comunidad. El actuar con gran pusilanimidad de la Rectoría ante el flagrante plagio de una tesis por parte de la juez Yazmín Esquivel, cuya directora de tesis, Martha Rodríguez Ortiz, tuvo al final el cinismo de demandar al exRector Graue y al exdirector de la FES Aragón, Fernando Macedo, por 15 millones de pesos a cada uno por daño moral, y que una juez de la CDMX, Flor de María Hernández Mijangos, los haya sentenciado a cada uno a paga esa cantidad.
Tales circunstancias ofenden y agreden a la Universidad como pocas veces ha ocurrido en su historia.
La Universidad efectivamente dejó pasar dos delitos imperdonables. Como preguntó alguna vez un destacado profesor de la Facultad de Filosofía, el Dr. Ignacio Sosa, ante tal situación, ¿cómo se puede enseñar e inculcar la ética a las nuevas generaciones? ¿Quiénes deberían experimentarla en su formación académica, en su vida profesional y en el ejemplo de la vida institucional? Todo está muy distorsionado y pervertido. Nuestra Alma Mater ha guardado mucho polvo debajo de la alfombra. Nos hemos convertido en una gran simulación con los niveles de exigencia académica y el alto porcentaje de profesores de asignatura en relación a los de tiempo completo.
La desigualdad de ingresos entre la administración y la academia, los altos sueldos de los altos funcionarios de Rectoría, la creación y apertura de escuelas y centros de Estudios Mexicanos en el extranjero sin un plan y estrategia rectora, principalmente en Estados Unidos y Europa, cuyos altos salarios de los directivos no producen ninguna ventaja, no tienen auditorías ni evaluación de los costos y beneficios, no cumplen con informes ni con los tiempos que sí cumplen los directores de las facultades en el campus de CU. Hay directores que llevan treinta años cobrando sueldos de siete mil u ocho mil dólares al mes.
Muchas de sus instancias académicas y centros se han convertido en auténticas agencias de colocación; se entregan a directivos que carecen de la preparación y afinidad formativa mínima que les permitan impulsar y consolidar sus procesos institucionales respectivos.
La realidad es que flotan y cobran sin preocuparse por mantener activo el contacto con sus respectivas comunidades.
Los mejores años de la UNAM han quedado atrás. Una vez me comentó un colega profesor con orgullo: "La Universidad es la mejor institución creada por los regímenes de la Revolución. Auténtica formadora de generaciones de profesionistas e ingenieros, cuadros de científicos que, junto con el Instituto Politécnico Nacional y la Escuela de Agricultura de Chapingo, contribuyeron a la consolidación de la nación en los últimos cien años". Y, sin embargo, llevamos por lo menos dos décadas bajo el gobierno de los médicos en que la UNAM se derrumba en los rankings mundiales. Según el QS World University Rankings, la Universidad se encuentra en el rango 150-200; en el índice de Shanghái, está más bajo.
Ya no queda en México nadie impoluto, ni la Secretaría de Marina ni la Universidad, que sustentaban el orgullo y honor resguardados por la ética implícita en el ejercicio profesional de sus egresados. Nos vamos enterando que el exSecretario de Marina, Ojeda, de la administración anterior y el desempeño de sus sobrinos como capitanes del negocio del huachicol energético y fiscal. Y hace mucho nos enteramos de los privilegios para algunos pocos en la UNAM.
Ya nada más nos queda la UNAM, como el último bastión del antiguo régimen, que se encuentra al acecho de un gobierno integrado por gente sin escrúpulos que intenta desestabilizarla, con el clásico mecanismo de los porros que difunden la creencia de que cerrar sus instalaciones y bloquear su vida académica solucionará los problemas que aquejan a sus comunidades. No es coincidencia que varios periodistas apunten a Martí Batres como la cabeza y la mano que mece la cuna en los actuales paros en las facultades de Ciencias Políticas, Filosofía y Letras, y Arquitectura. Y las fuerzas internas que se despedazan para apoderarse de los botines locales (escuelas, facultades e institutos) y, por supuesto, de la rectoría.
El rector Lomelí reconoció que no entiende a los jóvenes, pero no hace nada para incidir en la reforma educativa que adapte a la Universidad a las nuevas visiones del mundo.