Desatados


Resumen:

Tras el ataque de Estados Unidos a Irán, crecen los riesgos de una guerra no solo regional, sino con represalias terroristas.

Transcripción:

Tras el ataque de Estados Unidos a Irán, crecen los riesgos de una guerra no solo regional, sino con represalias terroristas.

Desatados

Desatados han quedado los perros de la guerra entre Estados Unidos e Irán (antes Persia) con consecuencias impredecibles, pero seguramente rabiosas. Hay dentro de Estados Unidos más de cuatro millones de musulmanes; algunos seguramente atenderán el llamado de "Muerte a América (Estados Unidos)", decretado por el fallecido Ayatolá Khomeini, líder religioso y político que impuso el fundamentalismo que hoy sofoca a Irán. Mientras este lanza misiles contra Israel, mismos que han logrado penetrar el famoso "Domo de Hierro" que protege a las ciudades importantes como Tel Aviv y al puerto vital de Haifa, causando gran destrucción, está viva más que nunca la posibilidad de un ataque terrorista incitado por Irán dentro de los Estados Unidos.

Parece obvio, dadas las declaraciones del propio presidente Trump y de sus más cercanos colaboradores, que el pensamiento predominante allá es que, ante el poderío de Estados Unidos, su superioridad bélica y tecnología avanzada, Irán acudirá solícito a la mesa de negociación para terminar este conflicto que potencialmente puede alterar la paz del mundo. ¿Y qué tal si se equivocan? Sabe perfectamente Estados Unidos que, además de respuestas directas, Irán cuenta con el apoyo material de cuando menos dos naciones antagónicas a Estados Unidos. Estas son Rusia y China, quienes, por razones del equilibrio geopolítico mundial, pueden decidir ayudar al régimen fundamentalista que hoy domina a Irán.

Lo más sencillo es proporcionarle ayuda militar, venderle (o prestarle o intercambiarle a cambio de otras cosas) armamento a Irán, incluyendo los misiles "hipersónicos" que ha desarrollado Rusia. Otra forma sería prendiéndole fueguitos a los intereses globales de Estados Unidos para distraerlo y complicarle el manejo de la crisis con Irán. Dicen (o por lo menos decían ayer) los funcionarios de Trump que Estados Unidos "no está en guerra con Irán"; difícil decir eso después de que bombardearon su territorio y destruyeron instalaciones iraníes, para ellos muy preciadas, pues forman parte de su desarrollo —según ellos, con fines pacíficos— de energía nuclear (por ejemplo, para generar electricidad).

Si se les puede creer o no es harina de otro costal, pero de que Estados Unidos fue el agresor e Irán la víctima no queda la menor duda, de manera que la cuestión es si Irán considera que EU se ha unido a la guerra tomando 100 por ciento partido del lado de Israel.

Para muchos es discutible si procedía o no el ataque de Estados Unidos; eso por una parte, pero por la otra no falta quien considere que la acción que tomó Trump debió ser autorizada por el Congreso. Sea de esto lo que fuere, lo único cierto es que, para variar, este presidente se brinca las trancas y lanza "executive orders" como si fueran pedidos de Big Mac para emprender cuanta locura se le ocurre, desde las redadas en ciudades demócratas hasta el bombardeo de naciones extranjeras. El que se esté de acuerdo o no con ellas resulta irrelevante; lo que debe sopesarse son las consecuencias que acciones disruptivas de este tipo pueden generar, no solo en Estados Unidos, sino en el orden mundial.

Dios no lo quiera, pero en cualquier parte donde haya musulmanes existe la posibilidad de que una "célula dormida" seguidora del Ayatolá planee y ejecute un acto terrorista masivo contra los intereses norteamericanos.

Enmarcado en este delicado asunto, no podemos dejar de mencionar la irónica posición del gobierno mexicano. Este, en respuesta a los acontecimientos, aconseja "diálogo" entre las partes antagónicas. Decimos que esta posición es irónica dado que a lo que nunca ha estado dispuesto este régimen es, precisamente, al diálogo con la oposición, con quienes no están de acuerdo en que, abusando de una mayoría que los votos no les concedieron, el oficialismo se ha acostumbrado a imponer, no a dialogar; a encerrarse en su sinrazón para no escuchar ni atender, cuando menos, a la mitad de la población que no está de acuerdo con que en México se geste una autocracia totalitaria.

Estados Unidos le tiró la madre de todas las bombas a Irán; la 4T nos soltó a Noroña.

Está por definirse qué resulta peor.

MANUEL J. JÁUREGUI