El calentamiento que nos llegó


Resumen:

Silvestre Pacheco León

Transcripción:

Silvestre Pacheco León

Vino muy temprano en esta temporada con el nombre de Erick, pero su llegada fue brutal hace 21 meses cuando en octubre del 2023 lo conocimos con el nombre de Otis. Ese fue el anuncio más brutal del calentamiento global, causando tanto daño al puerto de Acapulco que sus habitantes todavía no han podido sanar.

Ahora con el impacto del huracán Erick el daño fue menor y por suerte solo dejó lluvia y encharcamientos en Acapulco, aunque el miedo y el recuerdo de Otis fueron los que obraron para estar todos atentos y obedientes a los llamados de prevención, por lo cual solo un niño por el descuido, la confianza, el miedo o algún traspié al cruzar el río crecido hizo a la mamá soltarlo y fue la única víctima mortal en San Marcos.

Pero más allá de las bromas que le gastan a la presidenta municipal de Acapulco por culpar al calor de todas las desgracias que suceden en el puerto, la verdad es que el aumento de la temperatura se ha acentuado en todo el mundo y hasta quizá fue el calor lo que hizo a Donald Trump atacar el complejo nuclear de Irán, entrando al conflicto que muchos líderes del mundo trataban de evitar. Pero fuera de esas elucubraciones lo cierto es que el calentamiento del mar provoca la formación cada vez de más huracanes que inmediatamente afectan a más de la mitad de guerrerenses que vivimos en la línea de costa y por eso de algún modo tenemos que pagar esa osadía.

Pero como frente a esos fenómenos naturales que cada vez serán más frecuentes y desastrosos, poco podemos hacer, quizá solo nos queda precavernos durante el temporal para sobrevivir sorteando el mal tiempo.

No abundaré sobre el origen del calentamiento global en el mundo porque todos sabemos que tiene que ver con la actividad industrial que ocupa la quema de combustibles fósiles envenenando el ambiente al atrapar el calor e impedir que la capa de ozono funcione para filtrar los rayos del sol que ahora impactan con mayor intensidad el planeta provocando, entre otros fenó-menos, el descongelamiento polar con su consecuente aumento en el nivel de los mares, y aunque pueda parecer inexplicable que dicho aumento no se observe de manera general en toda la costa, quien pueda y quiera ver dicho impacto, vaya a buscar en Acapulco la playa el Revolcadero y verá lo que ha quedado de ella.

Aunque un poco para aminorar el desconcierto hay quienes explican la desaparición de las playas como un hecho normal atribuido a que el mar suele reconocer y recordarnos sus dominios, la verdad es que el daño a los restauranteros fue total y difícilmente se podrá revertir.

Para consolarnos diré que el problema del calentamiento global impacta a todos los seres vivos, humanos, animales y plantas. Pero como se supone que entre todos ellos los seres humanos seríamos los más aptos para sobreponernos a dicho efecto tomando medidas inteligentes, ya que como países estamos fritos porque parece que los primeros en incumplir con el llamado protocolo de Kioto, en cuanto al compromiso de reducir las emisiones de gases venenosos a la atmósfera son las principales potencias como Estados Unidos.

Parece por ello que será el compromiso que asuma cada quien lo único que podrá alargar nuestra existencia en el planeta tomando medidas extraordi-narias aunque vayan más allá de nuestras costumbres de estar cotidianamente expuestos al sol pensando que los golpes de calor son puros cuentos.

Así como se ha hecho costumbre cargar con nuestra reserva de agua cada vez que salimos de casa, no debe faltarnos algo que nos cubra la cabeza, sombrero, gorra o reboso, sombrilla o paraguas. Recuerden que el impacto del calentamiento global se resiente en el propio cuerpo como dolor de cabeza y deshidratación. Mantener fresca nuestra temperatura debe ser una condición de todos los días aumentando la ingesta de agua.

Tampoco hablaré de lo que pasa con la producción de ali-mentos, porque es de todos sabido que así como es frecuente la sequía, ocurren las inundaciones que no dan tiempo a que la naturaleza busque la manera de solucionar el desequilibrio porque hemos sido tan dejados en el cuidado de la capa vegetal que no le ayudamos. La deforestación por efecto de la sequía, la ex-tracción de madera y los incen-dios son una constante. Con las lluvias tempestuosas que trans-portan el suelo fértil y erosionado se empobrece la tierra y por consecuencia baja el nivel de producción y los costos se eleven haciendo crecer la pobreza, por eso una forma de remedio es almacenar el agua de la lluvia para extender el tiempo de humedad, cuidar nuestros árboles y mantener una reserva de agua en nuestras casas. Hay que acos-tumbrarnos a capturar, recoger o acopiar el agua de lluvia y si no tenemos como almacenarla, usarla para el gasto doméstico durante el tiempo lluvioso.

Los bosques que tanto beneficio aportan a la vida humana empezando por el clima y la limpieza del ambiente, los hemos descuidado. No nos basta con ver los desastres ocurridos en Los Ángeles, California donde sin importar lo pudientes que son las familias que viven dentro de los bosques, las casas han sido arra-sadas por los incendios y nadie hubo quien pudiera salvar las costosas posesiones materiales.

En Guerrero los incendios en este año devastaron más de 80 mil hectáreas de bosque, lo que nos ubicó en el cuarto lugar nacional en pérdidas después de Chihuahua, Durango y Sinaloa.

Los habitantes costeros debemos valorar mejor lo alimentación que nos provee el mar y cuidarlo en lo que podamos. En Zihuatanejo acabamos de enterarnos por el trabajo de investigadores de la UNAM y de la UAM pub,licado en El Sur que además del daño que provocan los cruceros con sus hélices o propelas a los arrecifes de corales, cuando entran a la bahía, el aumento de la temperatura en el agua del mar ha provocando el "blanqueamiento" y muerte masiva de estos animales que se alimentan de algas. Resulta que la subida del calor provoca que los corales expulsen a las algas que los alimentan, muriendo por inanición y desintegrando los arrecifes de los que forman parte, y como estos son los que albergan la biodiversidad del ecosistema costero su pérdida afecta la alimentación de la población y a la protección de las costas, pero aún no se sabe cómo poderlos ayudar.

Es decir que la intensidad del calor afecta tanto al mar como la tierra. He visto en mi paso a lo largo de la costa que en la temporada de secas, en los bajiales de Tecpan y San Jerónimo, la parte más húmeda y rica de pasto, cómo los animales dejan de comer en las horas de más intenso calor buscando la sombra de los árboles para sestear, lo cual no pueden hacer las vacas que se mantienen de los pastizales artificiales que los ganaderos han establecido para el libre pastoreo. Allí los animales sufren por el intenso calor sin sombra de árboles ni agua suficiente.

En fin, hacernos más humanos y empáticos quizá pueda ayudarnos a enfrentar esos cambios que ha provocado la inhumanidad de la que todos formamos parte. Si nos parece imposible demandar medidas necesarias para modificar el modelo consumista del capitalismo, busquemos alternativas que nos permitan adaptarnos a los cambios sin morir en el intento.