Morelos, la cultura nos une


Resumen:

Los libros rampantes

Transcripción:

Los libros rampantes

Ricardo Arce*

Los libros tienen que ser pesados, porque el mundo entero está dentro de ellos.

Cornelia Funke

Hace unos días, la Secretaría de Cultura del Estado de Morelos recibió una donación de más de 17 mil libros por parte de la Universidad Autónoma Metropolitana. No fue algo que ocurriera de un día para otro. Detrás hubo meses de oficios, respuestas, argumentos, diagnósticos, y también algo menos cuantificable pero igual de decisivo: la voluntad. Una voluntad que no siempre se nombra en los informes, pero que sostiene los procesos.

En diciembre de 2025, además, la Red Estatal de Bibliotecas Públicas participó en el arranque del programa "25 para el 25", impulsado por el Fondo de Cultura Económica y encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum. Ese día llovió un poco. No lo suficiente para dispersar a quienes estaban ahí, pero sí lo suficiente para recordar que estos esfuerzos siempre ocurren en condiciones concretas, a veces adversas, casi siempre complejas. Meses después, ese arranque se convirtió en libros que hoy están destinados a las juventudes del estado.

Si se miran juntas, estas acciones parecen distintas, pero en realidad comparten un mismo hilo: el intento de hacer tangible algo que suele quedarse en el discurso, el fomento a la lectura. Y ese intento comienza, casi inevitablemente, por el acceso. Por eso importan las donaciones, las ferias la Feria del Libro Morelos, la Feria del Libro Independiente, la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil, los esfuerzos por poner libros donde antes no estaban.

Pero el acceso, por sí solo, no alcanza. Lo que sigue ocurriendo y a veces de manera más silenciosa es el trabajo cotidiano: Salas de Lectura, con mediadores que sostienen espacios desde lo comunitario; Biblioteca Vagabunda, que con 18 años de trayectoria recuerda que la lectura también es persistencia, terquedad incluso, una forma de insistir en el encuentro. La Escuela de Escritores Ricardo Garibay, con ya 25 años, como un espacio donde la escritura se construye en diálogo con la lectura. Mujer: escribir cambia tu vida, con 19 años de una metodología que no sólo forma, sino que remueve y toca zonas profundas de la experiencia.

Todos ellos son proyectos que, desde distintos lugares, comparten una misma raíz: entender la lectura no como un fin en sí mismo, sino como una práctica capaz de detonar procesos de transformación. Cambios que no siempre son visibles de inmediato, pero que se engarzan como una máquina de vapor: avanzan con lentitud, acumulan fuerza en lo invisible, resisten el paso del tiempo y, en ese mismo pulso, revelan una forma de lo precioso.

Ahí es donde empieza a abrirse algo más interesante: la posibilidad de los futuros. No como una promesa grandilocuente, sino como algo que se construye en pequeñas escenas. En una biblioteca donde llega un libro nuevo. En una lectura compartida. En una conversación que se queda resonando más tiempo del esperado.

Me gusta romantizar la lectura, lo sé, me parece esperanzador en un mundo destinado a la autodestrucción, y por eso estoy convencido de que leer no es únicamente un acto individual ni un hábito que se adquiere de una vez y para siempre: es una práctica que se transmite, se contagia, se comparte y se reinventa en comunidad. En ese sentido, cada uno de estos esfuerzos no sólo distribuye libros: construye condiciones para que la lectura ocurra.

Y en ese desplazamiento lento, fragmentario, colectivo es donde tal vez se empieza a escribir lo que todavía no sabemos nombrar del todo, pero que ya está ocurriendo. Porque ahí, en ese tejido de lecturas, también se ensayan los futuros posibles.

*Director general de Publicaciones y de Fomento a la Lectura