Resumen:
El Servicio de Administración Tributaria se consolida como el "caballo de batalla" del Segundo Piso de la Cuarta Transformación. Acaba de convertirse en el "verdugo" de las plataformas digitales, con los recientes cambios aprobados en la Cámara de Diputados al Código Fiscal de la Federación, y ahora apuesta por apretar la fiscalización de los ingresos de los artistas y de las actividades culturales.
Transcripción:
OPINIÓN EL ESPECTADOR HIROSHI TAKAHASHI
La pesquisa "cultural" del SAT
El Servicio de Administración Tributaria se consolida como el "caballo de batalla" del Segundo Piso de la Cuarta Transformación. Acaba de convertirse en el "verdugo" de las plataformas digitales, con los recientes cambios aprobados en la Cámara de Diputados al Código Fiscal de la Federación, y ahora apuesta por apretar la fiscalización de los ingresos de los artistas y de las actividades culturales. El caso más emblemático es el del artista plástico Aldo Chaparro Winder, que mantiene desde hace algunos años una férrea batalla con la autoridad fiscal; parecía que había logrado librar el pago de impuestos con una sentencia del Tribunal Federal de Justicia Administrativa, pero el SAT de Antonio Martínez Dagnino insiste en que el escultor de origen peruano tiene onerosos adeudos con el Estado Mexicano.
En específico, de acuerdo con el expediente 2617/ 24-17-11-1 del TFJA, Chaparro Winder le ganó una partida a la Administradora Especializada en verificación de Actividades Vulnerables, de la Administración Central de Fiscalización Estratégica del Servicio de Administración Tributaria. El asunto es que, al parecer, no ha terminado la guerra y no todas las cuentas están saldadas.
Aldo Chaparro Winder nació en el barrio de San Isidro en Lima, Perú: pero a principios del presente siglo se mudó a nuestro país y se nacionalizó mexicano. Se considera un artista contemporáneo que se centra en la escultura, el diseño y la arquitectura, conocido especialmente por las estructuras fabricadas con acero inoxidable que evocan el papel corrugado. En sus redes sociales, Winder exhibe excesivos lujos: constantes viajes a Europa y Estados Unidos, donde tiene estudios de trabajo; sus obras han sido coleccionadas por personalidades como Domenico de Sole (ex CEO de GUCCI y CEO de Tom Ford), Simon de Pury, Helga de Alvear y Pierre Huber.
En el mercado del arte, en particular el contemporáneo, las obras de Aldo Chaparro generan controversia, especialmente por los altos precios que alcanzan ciertas piezas; esto llega a percibirse en el gremio como un estilo elitista o alejado de los valores artísticos que él mismo promueve. También lo perciben por supuesto en las oficinas del SAT. Lo más interesante del caso es que el artista se ha visto envuelto en las últimas semanas en polémicas por su presunto perfil antisemita; el cual se ha visto maximizado por causa del reciente conflicto armado entre Israel y Palestina. Lo anterior, a pesar de que muchos y muy buenos clientes de los servicios de arquitectura de Chaparro Winder pertenecen a la comunidad.
La hipótesis que ronda en las oficinas del SAT sobre las pesquisas contra Chaparro Winder apunta a que éstas tienen que ver también con sus ataques contra la diáspora judía, con la que se guarda mucha cercanía en este gobierno y, específicamente, en Palacio Nacional.
Email: hiroshi@oem.com.mx