Transcripción:
Si Javadd desapareciera, está segura de que las madres buscadoras a las que ella acompaña, la buscarían a ella y a cada uno de nosotrxs, hasta encontrarnos.
Javadd Jacobo tiene 24 años y es estudiante de Antropología Física en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Para ella, en un país de más de 130 mil desaparecidas y desaparecidos, buscar parte de la tristeza y el dolor, pero también del coraje y la impotencia.
Ella hace acompañamiento solidario con las madres buscadoras desde el 2023 y lo hace a partir de que tuvo conciencia de lo que significa desaparecer en México. "Yo me he dado cuenta que por lo menos ya todos tenemos una conocida o un conocido, que desgraciadamente tiene un familiar desaparecido", explica con una empatía auténtica.
Su primer contacto con la búsqueda de personas desaparecidas fue en una práctica escolar en el Ajusco. En aquella ocasión, era una jornada de búsqueda por Pamela Gallardo, desaparecida en la zona del Ajusco, alcaldía Tlalpan, el 5 de noviembre de 2017, después de que asistiera al festival de música electrónica Soul Tech. En ese entonces, tenía 23 años y su familia no ha dejado de buscarla.
Ese día, en la búsqueda, la tierra estaba muy blandita y Javadd se cayó. María del Carmen Volante, madre de Pamela y quien conducía la búsqueda, fue la que se preocupó más por ella y la atendió en el suceso.
Esa experiencia fue importante para Javadd y aunque ella quisiera haber vuelto pronto a acompañar, pasaron unos meses y un día, en el Laboratorio de Antropología Física Forense del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA), la doctora Lilia Escorcia dijo: "Va a haber búsqueda". Javadd se apuró para decir: "¿Dónde?, ¿cuándo?, ¿cómo le hago?" y así fue como empezó su camino de acompañante solidaria.
Si bien su formación es en Antropología Física, Javadd sabe que nadie te enseña a buscar en contextos difíciles y han sido las madres buscadoras de las que más ha aprendido. Ella es una antropóloga solidaria y su especialidad en campo es la identificación de restos in situ. Pero recalca que, para buscar, se necesita fortaleza mental, emocional y física, además de conocimientos.
Acompañar en la búsqueda significa muchas cosas: caminar con las madres; abrirles camino con un machete; bajar por barrancos, hoyos y coladeras; cargar una mochila llena de botellas con agua; lavar los trastes o sentarse a compartir los alimentos. La prioridad siempre la tendrán las madres y ella va atenta a que estén bien y nada les falte.
Ella ha acompañado mayormente en búsquedas en Ciudad de México y también en lugares como Guerrero, Cuernavaca y Baja California. Ahora ha conformado el colectivo "Ponte en nuestras botas" con otros acompañantes solidarios de la UNAM y de otras universidades, y su idea es hacer la invitación a "ponerse en las botas" de un acompañante solidario. "Ponte en nuestras botas" es decir: 'Ponte en nuestro lugar, ve con nuestros ojos, siente con nuestro corazón y comparte nuestras vivencias'".
De "Ponte en nuestras botas" se desprende la célula de búsqueda GAIA, Grupo de Acompañamiento Interdisciplinario de Antropología, donde colaboran también: Jocelyn Pérez (UNAM), Nadia Pérez (UNAM) y Daniel Rojas (UAM).
Javadd resiente la indiferencia de una sociedad que no busca, y piensa que las personas deberían unirse a las madres buscadoras, "ellas son las primeras en dar el grito y en empezar a buscar luego, luego", concluye Javadd.
El tema de las desapariciones es un
drama nacional, urgente y desgarrador"
Lilia Escorcia | Responsable del Laboratorio de Antropología Forense del IIA
Trastoca todo
Para Lilia Escorcia, antropóloga y responsable del Laboratorio de Antropología Forense del IIA, el tema de las desapariciones es un drama nacional, urgente y desgarrador.
"Es un drama porque lo trastoca todo. Una familia que tiene a alguien desaparecido sufre una alteración completa de su vida: el entorno de la familia nuclear y secundaria, su trabajo... muchas veces pierden todo porque salen a hacer búsqueda y eso implica recursos que son de su dinero", explicó Lilia Escorcia, quien habla de la impotencia que le genera el tema de la desaparición.
De esa incapacidad, Lilia Escorcia comenzó a acompañar a los familiares de desaparecidos como antropóloga física. Salió a campo para búsqueda en vida y de personas posiblemente fallecidas, ya que el ejercicio de la antropología física se centra en la identificación de personas con y sin vida.
Ella reconoce que "los familiares no tendrían por qué hacer la búsqueda porque en realidad debería hacerlo el Estado, pero nuestro sistema de justicia está rebasado. Los familiares por la necesidad de encontrar y la impotencia de no tener resultados, salen a buscar con todos los peligros que eso implica".
De aquella experiencia en el acompañamiento solidario, detectó algunas necesidades y la posibilidad de contribuir en las búsquedas. Ella propuso, por ejemplo, un formato de registro para identificación de cuerpos en el Servicio Médico Forense e impartió talleres con la finalidad de que los familiares conocieran de los procedimientos para la identificación de personas, no para que ellos los realizaran, pero sí para dar seguimiento al proceder de las autoridades.
También, descubrió que los acompañantes solidarios podrían proponer a los familiares acciones para colaboración, no a partir de la imposición del conocimiento, pero sí desde una perspectiva de contribución, siempre y cuando las familias aceptaran. Pero para ella, eso no fue suficiente.
Después de la pandemia y tras las pláticas con Irma Orgen, hija del desaparecido Marco Antonio Orgen Maldonado, pensó abrir un programa de Servicio Social desde el Laboratorio de Antropología Forense, para que las y los estudiantes hicieran acompañamiento a familiares de desaparecidos y, para ello, convocó a carreras como Derecho, Criminalística, Antropología Social, además de Antropología Física. El objetivo central era contribuir a la identificación de personas.
El programa de servicio social Antropología Forense y Derechos Humanos nació en el 2024, incluye una capacitación en acompañamiento psicosocial y considera un futuro crecimiento con las personas que quieran sumarse a la red y hacer un esfuerzo común en el tema de desapariciones.
Lilia Escorcia piensa que el acompañamiento se realiza desde la voluntad y la empatía. "No necesitas tener a un familiar desaparecido para ser empático y no sólo en la desaparición... en cualquier conflicto o violencia, no se requiere pasar por ello para ser empático, y desde la empatía considero que puedes contribuir".
Tristeza compartida
A Jan Martínez, de la licenciatura de Antropología de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, le tocó en la clase de Osteología que hablaran del programa de servicio social Antropología Forense y Derechos Humanos y cuando supo que harían acompañamiento con las familias buscadoras, conectó con el tema. Su familia había atravesado por el feminicidio de Jael, su prima y no se sintió lejos de esa problemática.
Tiene 24 años y piensa: "Claro que entendía que había una importancia respecto al problema de los desaparecidos, pero no fue hasta después de lo que pasó con mi prima que algo se rompió, algo cambió dentro de mí, y aunque no pude ayudar en ese momento, me sentí muy apartado de la situación. Tener la oportunidad de poder acompañar a las familias fue como una forma de saldar esa cuenta familiar y, por otra parte, entendí de lleno la importancia de estos espacios de búsqueda".
Jan recibió una capacitación donde hubo simulaciones de excavaciones y recorridos de campo. También, aunque los antropólogos físicos no son psicólogos, en acompañamiento psicosocial.
Su primera búsqueda fue en noviembre del 2024 en el Ajusco y de aquella jornada, recuerda un momento en que la búsqueda estaba por terminar y una madre buscadora rompió en llanto. La atmósfera se llenó de tristeza y aquella fue una tristeza compartida. Están en la búsqueda para encontrar y no hacerlo dejaba un desasosiego que todos los ahí presentes comprendían.
Las búsquedas para Jan implican muchas cosas. No le fue ajeno el miedo de encontrarse en ese contexto. También sintió duda respecto a sus conocimientos, parte fundamental de la motivación para ser un antropólogo solidario. Temió, también, no tener la fuerza suficiente para resistir la jornada entre el estrés y el esfuerzo físico. Pese a todo, Jan no se arrepiente de haber elegido este camino.
Como parte de alguna práctica y en acompañamiento a Lilia Escorcia, acudieron a Tabasco para laborar en el Servicio Médico Forense de Villahermosa, ahí trabajaron con los hallazgos encontrados en una fosa clandestina. En medio de la experiencia, Jan pudo notar la presencia de una familia que buscaba hacer una confronta, eso significa que una madre y su hija estaban buscando a un ser querido y buscaban una coincidencia para identificar sus restos. En ese momento tan tenso, Jan supo por qué estaba ahí y la importancia de desempeñarse en esas actividades: él quiere que las familias tengan la paz de encontrar a las personas que están buscando.
Jan opinó que estos espacios de búsqueda son muy importantes "porque ayudan a la comunidad estudiantil a concientizar la situación que está pasando el país" y que, a través de la empatía, más compañeras y compañeros pueden ofrecer acompañamiento solidario sin haber pasado de primera mano por el dolor de tener a una persona desaparecida.
Estas actividades ayudan al estudiantado a concientizar la situación actual del país.