Tensiones en la profesión académica


Resumen:

En la educación superior mexicana sobre todo en el sector público existe una "situación" muy visible, que es poco tratada en documentos oficiales e investigaciones, pero que es bien conocida a través de los relatos y experiencias de profesoras y profesores. Se murmura en los círculos académicos la existencia de una tensión percibida en la convivencia y a veces disputa soterrada entre dos generaciones académicas: los nuevos y los veteranos.

Transcripción:

En la educación superior mexicana sobre todo en el sector público existe una "situación" muy visible, que es poco tratada en documentos oficiales e investigaciones, pero que es bien conocida a través de los relatos y experiencias de profesoras y profesores. Se murmura en los círculos académicos la existencia de una tensión percibida en la convivencia y a veces disputa soterrada entre dos generaciones académicas: los nuevos y los veteranos.

Esta tensión tiene por un lado a los "nuevos" docentes. En su mayoría ocupan contratos de tiempo parcial (asignatura, por horas, por honorarios o se encuentran haciendo una estancia posdoctoral, situación que les otorga adscripción institucional) o bien, de recién ingreso a un puesto de tiempo completo. Su perfil, por lo regular, es altamente especializado, en otras palabras, representan, en su mayoría, a los baby doctors (docentes por horas con doctorado o académicos jóvenes de tiempo completo, menores a los 40 años, que cuentan con carga docente importante y con producción de conocimiento científico). Sus principales motivaciones son claras: hacerse notar, construir una trayectoria académica, ganar réditos simbólicos y materiales que les permitan consolidarse. Transitan entre la ilusión de crecer profesionalmente y la precariedad de contratos frágiles o en constante vigilancia.

Del otro lado están las personas veteranas, la vieja guardia o los académicos boomers. Se trata de personal docente con plazas estables y décadas de trabajo acumuladas. Dentro de ese grupo pueden existir casos con alto prestigio, redes académicas sólidas (nacionales e internacionales) y legitimidad que otorga experiencia (en gestión, docencia e investigación, principalmente). En algunos contextos se les llama "vacas sagradas", que refiere a una creencia, persona, institución o idea que es considerada intocable y exenta de crítica, a menudo de forma irrazonable. El modismo tiene su origen en la reverencia que se les tiene a las vacas en el hinduismo, son símbolos de la naturaleza y la fertilidad. Fuera de su significado literal, se utiliza para describir algo que se respeta tanto que rara vez se cuestiona, incluso ante evidencia contradictoria. Una situación común con las y los académicos que pertenecen a este grupo de boomers es que pese a que podrían jubilarse, no siempre lo hacen. Las razones válidas, aunque no tan estudiadas pueden ser varias: el apego emocional e intelectual a una vida laboral que da sentido e identidad; el deseo de mantener reconocimiento; o la preocupación ante un retiro económico poco alentador, mismo que representa, en muchos casos, una pensión menos remunerada que el salario. Súmese a esto, el hecho del retiro de los estímulos económicos percibidos, cuando aplique el caso.

Este conflicto puede ser explicado desde varias dimensiones: la universidad y otras instituciones de educación superior representan un escenario donde el profesorado gestiona sus roles en función de cómo quieren ser percibidos en la "obra social". Por un lado, las personas "nuevas" en la profesión académica buscan ganar visibilidad y obtener la legitimidad de los otros que participan (estudiantes, colegas, autoridades). En cambio, las personas "veteranas" defienden el campo conquistado, reafirmando que su papel todavía es indispensable. En este "teatro", no hay guion único: se juega entre la innovación y la memoria, entre el ímpetu por abrirse camino y la resistencia a abandonar el protagonismo.

El trasfondo de esta dinámica no es sólo cultural, sino también estructural. Bourdieu recordaba que los campos sociales como el académico funcionan como arenas de competencia por distintos capitales: económico, social y simbólico. En la universidad, estos capitales se expresan en estímulos económicos, reconocimientos, acceso a proyectos, cargos administrativos y prestigio intelectual. La disputa generacional, entonces, no es únicamente una diferencia de edades, sino una lucha por los recursos escasos que garantizan estatus y permanencia.

Hay que entender que, si bien, las universidades son nichos de construcción de conocimiento, del mismo modo son espacios laborales, en los cuales, y de manera cotidiana, se crean y se reproducen prácticas, se disputan y se obtienen espacios y recursos. En la cotidianidad universitaria, el profesorado universitario y el Estado construyeron instituciones acompañadas de normas escritas y orales. En términos de Thompson: "los veteranos son los guardianes de la construcción sociohistórica del saber hacer académico, el cual fue resultado de la cotidianidad laboral en las universidades, de procesos de trabajo donde la prueba y el error construyeron metodologías consolidadas".

Las personas nuevas llegan a este campo conociendo las reglas del juego, nacieron en la era del productivitis académica, la universidad de masas, de los estímulos y becas, pero no experimentaron su ejecución. Empero, estos dos actores colectivos experimentaron distintas fases del proceso de implementación del sistema de estímulos asociados con la productividad, el cual ha transformado el proceso de trabajo académico, pero de la misma manera los puertos de entrada a las propios establecimientos educativos, así como los significados asociados a los que debe ser un académico en la actualidad.

Las experiencias distintas de estos actores pueden ser uno de los elementos que permita explicar por qué existe un vallado entretejido de significados, condiciones laborales y prácticas que separa a unos de otros, a pesar de que pueden compartir otras estructuras y sentidos anclados al quehacer y campo académico.

Esta tensión generacional está enmarcada en un contexto preocupante relacionado con la falta de recursos e inversión económica destinados a la educación superior, la ciencia y tecnología en el país, como se señaló en este mismo espacio. En ese tenor, las instituciones de educación superior públicas han sido presionadas para ampliar la matrícula con la idea de "hacer más con lo menos", aunque con la carencia o ausencia de un análisis enfocado en la calidad de la educación que reciben las nuevas generaciones de universitarios y universitarias.

Respecto al recambio generacional, éste no se ha dado de manera considerable, las nuevas personas académicas compiten por pocas plazas definitivas, lo común son los contratos por tiempo determinado y el multiempleo acompañado de inestabilidad laboral. Para estos perfiles el camino puede volverse frustrante: sienten que las oportunidades están cubiertas por quienes no sueltan los espacios.

Por su parte, para las personas veteranas la permanencia indefinida puede ser un refugio contra la incertidumbre del retiro, pero de la misma manera una forma de resistencia frente al cambio generacional. El problema es que esta situación, se convierte en el bloqueo silencioso, en el cual lo nuevo no termina de irrumpir y lo experimentado no termina de dejar ir.

Poner este tema en discusión no busca culpar a unas u otras, sino repensar la vida universitaria. Preguntarnos: ¿cómo transformar esta tensión en un diálogo intergeneracional productivo? ¿Se puede caminar en conjunto para dignificar la profesión académica buscando mejores condiciones laborales e institucionales para todas y todos?

De fondo se requiere la presencia de políticas laborales más justas, esquemas de retiros dignos y, sobre todo, una reflexión cultural, en otras palabras, aceptar que la academia, como cualquier comunidad, necesita tanto de memoria como de renovación. En última instancia, lo que está en juego no es sólo el futuro del profesorado universitario, sino el porvenir de la propia educación superior.

José Arturo Martínez Pardo

Profesor de asignatura en la Universidad de Guadalajara (UdeG) integrante de la Red de Estudios sobre el Personal Académico en la Educación Superior (REPAES)

Pedro Adrián Anaya Pedraza

Posdoctorante en El Colegio de México, profesor asociado en la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco, integrante de la REPAES