Evodio Escalante, poeta sin aire de intelectual, y el premio Bonifaz Nuño


Resumen:

*Pocos saben que impartió talleres de redacción a estudiantes de periodismo.

Transcripción:

*Pocos saben que impartió talleres de redacción a estudiantes de periodismo.

Macario Lozano R.

Si alguien no lo conoce, ni sabe de él y se encuentra a Evodio Escalante en la calle y tiene oportunidad de conversar, no sospechará que se trata de un poeta de altos vuelos, porque no adopta poses de hombre de amplia cultura, crítico literario y ensayista erudito.

Es sencillo. Y así ha sido desde siempre. En noviembre del año pasado recibió merecidamente el "Premio Internacional Rubén Bonifaz Nuño 2025", lo que debió alegrarlo mucho, porque desde muy joven siente admiración por él.

Con motivo de esa distinción, mucho se ha hablado de Evodio Escalante, oriundo de Durango, como José Revueltas, su paisano y también admirado, a quien estudio y sobre el que escribió, porque lo considera uno de los mejores escritores mexicanos de todos los tiempos.

De lo que nada se habló, ni hala es de sus vínculos con el periodismo general, porque allá en la segunda mitad de la década de los setenta del siglo pasado impartió talleres de redacción, financiados por la UNAM, a estudiantes y aún periodistas profesionales, además de personas que deseaban mejorar su redacción.

Los cursos o talleres los impartía en la Casa del Lago, del Bosque de Chapultepec, de la capital del país, donde el poeta Hugo Gutiérrez Vega, entonces articulista en los últimos meses del "Excelsior" de Julio Scherer, periodista, académico y después diplomático ofrecía talleres sobre periodismo, y los alumnos éramos los mismos de Escalante.

Daba gusto asistir a ambos cursos, pero más al de Evodio Escalante, tal vez por razón de edades y por la sencillez del maestro, quien le daba mucha participación a los alumnos y con mucha paciencia explicaba temas culturales y específicamente literarios, de los cuales conocía mucho.

Entre los asistentes destacaba uno, por su evidente condición económica desahogada y generosidad. Era el único que poseía un vehículo, una camioneta "Guayín". Era José Agustín Ortiz Pinchetti. Era ya lo supe después- un extraordinario abogado y ganaba bien.

Se hizo amigo de Escalante y varias veces al terminar las clases lo invitaba a tomar café con pastelito. E invitaba a todos, lo que se le agradecía. Y ahora pienso que, sin sentido de la oportunidad y lo valioso del tiempo, en lugar de examinar en esas reuniones temas distintos, muchos compañeros seguían hablando de lo tratado en el taller.

Ortiz Pinchetti fue después uno de los fundadores del Instituto Federal Electoral (IFE), en el primer Consejo ciudadanizado, que encabezó Emilio Chuayffet Chemor, antes de que el gobierno saliera del organismo por completo. Más tarde el compañero de taller fue secretario general de Gobierno del Distrito Federal, con Andrés Manuel López Obrador.

Evodio, a su vez, desarrolló una sólida y brillante carrera de crítico literario, ensayista y poeta, por lo que fue justamente premiado. También fue titular de Difusión Cultural de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), académico y hombre de letras, que no se adhirió a las llamadas "mafias culturales" de ese tiempo, ni se preocupó por disgustar con sus análisis a las vacas sagradas.

Un ejemplo de ello fue cuando publicó su ensayo "Cinco Cumbres de la Poesía Mexicana: Manuel Acuña, Manuel José Othón, José Gorostiza, Jaime Sabines y Rubén Bonifaz Nuño". La mafia cultural se lo quería comer vivo por no incluir a Octavio Paz, el patriarca de esos irritados. Ese es Evodio Escalante.