Transcripción:
MAQUIAVELO TENÍA RAZÓN
El Joven Marx y la insurrección narcisista en la SEP
Por Koldo Herria*
"... si alguien mantiene su Estado apoyándose en tropas mercenarias, jamás se hallará estable ni seguro a causa de su desunión, ambición, indisciplina e infidelidad..."
El Príncipe
El fundamentalismo tiene una virtud táctica: ahorra pensamiento. Donde hay procedimientos, ve conspiraciones; donde hay ajustes, ve traiciones; donde hay incertidumbre, ve enemigos infiltrados. No razona para entender, clasifica para con- denar. Su lenguaje favorito no es el de la evidencia, sino el de la pureza. Y cuando ese impulso entra a una secretaría encargada de enseñar a pensar, la ironía es completa: se administra la educación como si fuera una religión.
A ese mecanismo se le pega con facilidad el narcisismo, que en la política rara vez se presenta como vanidad desnuda. Suele vestirse de virtud, de coherencia, de épica. El narcisista público no necesita espejos: necesita escenario. No le basta participar en una política; debe encarnarla. No le basta coordinar un material; debe volverlo extensión de su identidad. Entonces la crítica técnica deja de ser crítica y se convierte en agresión; el desacuerdo deja de ser debate y se vuelve complot. En esa lógica, corregir un error no es mejorar: es humillar.
El tercer componente es el más común y por eso el más letal: el mareo que provoca un poco de poder. No el poder grande, que obliga a responder por todo, sino el poder intermedio, suficiente para convocar comités, etiquetar adversarios, tensar la conversación pública y presentarse como conciencia crítica del gobierno... mientras se cobra como parte del gobierno. Con esa mezcla --fundamentalismo y mareo de poder en la educación pública-- la institución se vuelve campo de batalla simbólica, y la escuela, un pretexto.
Bajo este prisma aparece Marx Arriaga, director general de Materiales Educativos de la secretaría de Educación Pública. El Joven Marx, con fogosidad en sus escritos confunde la administración educativa con la revolución permanente, y convierte cada procedimiento en un pleito de ortodoxia.
Arriaga coordinó la elaboración de los nuevos Libros de Texto Gratuitos para educación básica, columna vertebral del programa que pretende que el aprendizaje se base en experiencias comunitarias. La intención general es defendible: conectar escuela y entorno, dar sentido a lo que se aprende, colocar a la comunidad como espacio de conocimiento. Pero el problema comienza cuando la intención se vuelve coartada y el material exhibe deficiencias: ahí la obligación del Estado no es sostener el gesto, sino corregirlo. Y eso hizo la SEP al elaborar cuadernillos complementarios de apoyo curricular para la práctica docente. Es decir: un intento de compensar, aclarar, acompañar.
El conflicto real no es filosófico sino administrativo. Pero el Joven Marx lo convirtió en otra cosa: "la guerra cultural en la SEP: el Joven Marx contra los cuadernillos neoliberales". No discutió principalmente si el apoyo servía o fallaba, sino qué "significaba": lo presentó como retorno "neoliberal", como infiltración de la "Vieja Escuela Mexicana". Llegó a llamar "cloacas de la SEP" a quienes elaboraron de esos cuadernillos. "Cloaca" no es un argumento: es una expulsión moral. Cuando se usa ese lenguaje, la conversación deja de tratar sobre contenidos y empieza a tratar sobre personas impuras. Es el fundamentalismo en su forma más eficiente: en lugar de revisar un documento, se descalifica al autor.
La escalada siguiente fue todavía más paradójica. En diciembre, Arriaga publicó en X un documento donde llamó a crear "Comités para la Defensa de la Nueva Escuela Mexicana y de los Libros de Texto Gratuitos", como "contrapesos reales" ante "poderes hegemónicos y operadores políticos", y habló incluso de "refundar" la SEP. Ahí aparece la figura perfecta del "opositor con plaza: el Joven Marx y la rebelión desde el Estado". Un director general convocando resistencia contra la propia maquinaria estatal en la que trabaja. Comités para defenderse de sí mismos: la secretaría defendida de la secretaría; el Estado resistiéndose al Estado.
La respuesta institucional mostró el límite. Mario Delgado defendió la Nueva Escuela Mexicana como política de Estado, como visión de largo plazo y Claudia Sheinbaum intervino con una frase que desinfla el globo narcisista de cualquier funcionario que se crea intérprete único del proyecto: "nadie es portador de la verdad absoluta" de la cuarta transformación; "eso le corresponde al pueblo". En pocas palabras, la NEM no está en disputa dentro del gobierno; lo que está fuera de lugar es el desplante faccioso.
El Joven Marx, siempre épico, como cuando cuestionó la lectura por placer para plantearla como responsabilidad; quien reprochó al feminismo "no leer" lo suficiente y exhortó a las mujeres a leer para emanciparse, en una clara actitud de superioridad moral-intelectual y machista (el hombre explica cosas a la mujer); o cuando ofreció dar la vida por los libros de texto acompañando el mensaje con la imagen de Genaro Vázquez y una consigna de liberación o muerte. Para un servidor público, esa teatralidad no es valentía: es sustitución. Sustituye el criterio pedagógico por el criterio de martirio. Y el martirio, como método de política educativa, es estéril.
En México, donde la proximidad simbólica con el poder suele funcionar como certificado de autenticidad, la cercanía de Arriaga con Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente López Obrador, alimenta la seguridad del personaje y, con ella, el mareo. No el mareo de mandar, sino el mareo de sentirse intocable.
Ante los grandes problemas nacionales --presión de Estados Unidos con Trump amenazante, violencia, desigualdad económica, rezago educativo, abandono escolar, precariedad de infraestructura, sobrecarga administrativa docente-- el protagonismo del Joven Marx se roba tiempo público, energía institucional y atención política para sostener una narrativa donde toda corrección es traición y todo apoyo es neoliberal. Es, en suma, la insurrección narcisista en la SEP con el venezolano Sady Loaiza como asesor y organizador de plenarias estatales llamadas "Diálogos dialógicos" para movilizar bases en defensa de la Nueva Escuela Mexicana: no una disidencia que mejora, sino una disidencia que se alimenta de existir. En un país urgido de resultados, la épica personal no es radicalidad: es distracción y una forma de irresponsabilidad con megáfono.
El Joven Marx, siempre épico, como cuando cuestionó la lectura por placer para plantearla como responsabilidad; quien reprochó al feminismo "no leer" lo suficiente y exhortó a las mujeres a leer para emanciparse, en una clara actitud de superioridad moral-intelectual y machista (el hombre explica cosas a la mujer); o cuando ofreció dar la vida por los libros de texto acompañando el mensaje con la imagen de Genaro Vázquez y una consigna de liberación o muerte.
UN LIBRO, UNA SERIE, UN PODCAST
Libro: "La vida emocional del populismo" (Katz) Eva Illouz. La autora muestra como el miedo, el asco, el resentimiento y el amor por la patria corroen, desde el poder, a la democracia.
Serie: "Más que rivales" (Sky) La serie canadiense del momento, es la historia de dos jugadores de Hockey que ha roto los niveles de audiencia.
Podcast: DianaUribe.fm (Spotify) Programa de divulgación cultural con la reconocida historiadora y filósofa colombiana.
Mario Delgado, secretario de Educación Pública. (Foto Cuartoscuro)
Marx Arriaga, director general de Materiales Educativos de la secretaría de Educación Pública. (Foto archivo Cuartoscuro)