DÍA DÍA HÉCTOR AGUILAR CAMÍN hector.aguilarcamin@milenio.com.
Transcripción:
MILENIO
DÍA CON DÍA
HÉCTOR
AGUILAR
CAMÍN
hector.aguilarcamin@milenio.com
Oposición y
descontento
Hay mucho poder en
el gobierno, pero po-
co control, dice un
amigo. Hay poca administración tam-
bién, poca eficacia gubernativa y no po-
co descontento.
El gobierno tiene que lidiar con los
problemas de siempre y además con la
herencia de su antecesor.
Ejemplo: costó un discurso de la ma-
ñanera abrir la frontera sur a la libre
importación de ganado, pero ha costa-
do 25 mil millones de pesos en exporta-
ciones la plaga del gusano barrenador,
que dejó entrar aquel discurso.
La oposición partidaria luce raquíti-
ca y dividida. El descontento está divi-
dido también, fragmentado en distin-
tas causas. Pero su intensidad es visible
en cada causa, y las protestas tocan mu-
chos ámbitos.
María Amparo Casar ha hecho una
lista provisional de descontentos cu-
yos agravios son oposición de hecho en
la calle, en los medios, en las moviliza-
ciones y en las conciencias.
Territorios de descontento nacidos
este año o que se prolongan desde el an-
terior son:
Los transportistas que piden seguri-
dad; los agricultores que piden precios
de garantía y seguridad en el uso del
agua; las mujeres con distintos fren-
tes desatendidos; las familias de asesi-
nados y desaparecidos que los buscan
y los reclaman; los inconformes de la
Generación Z.
Las universidades públicas y los cen-
tros de investigación superior con pre-
supuestos recortados; los padres de ni-
ños con cáncer olvidados por el sistema
de salud; los ciudadanos cercados por
la guerra criminal en Sinaloa; los fami-
liares de enfermos que no encuentran
lo que necesitan en los hospitales pú-
blicos; los médicos y paramédicos del
sistema de salud que trabajan en con-
diciones de escasez y reclamo.
Los empresarios ahogados por la ex-
torsión; los inversionistas que piden
certidumbre jurídica; los damnifica-
dos de inundaciones y huracanes; el
movimiento de El Sombrero que sacu-
de a Michoacán; la Iglesia católica he-
rida por la violencia y solidaria con las
quejas de su grey.
Lo común a muchos de estos terri-
torios del descontento es que lo que pi-
den cuesta dinero, un dinero que el go-
bierno dejó de invertir en ellos y ahora
no tiene. Lo común a todos es la inten-
sidad de la queja, la fuerza del agravio.
Qué hacemos con el descontento,
pregunta Liébano Sáenz en MILE-
NIO. Por lo pronto registrarlo, digo yo.
La oposición partidaria se ve débil; el
descontento, no.