Transcripción:
QUEBRADERO
¿NO HABÍA INDICIOS?
POR JAVIER SOLÓRZANO ZINSER
La Presidenta no ha bajado el tono soberanista ante las acusaciones en contra de Rubén Rocha y nueve de sus cercanos.
No se sabe si en la relación bilateral las cosas sean distintas haciendo ver que internamente el discurso debe mantener matices rudos para no bajar la guardia ante sus millones de seguidores y los duros del morenismo.
Como fuere, se ha interpretado, particularmente en la prensa estadounidense, que la Presidenta está en medio de una disyuntiva entre defender a uno de los suyos o entregarlo antes de asumir todas las consecuencias que tendría no hacerlo.
Para la Presidenta esto fue motivo de sarcasmos. En la mañanera materialmente se burló de estas hipótesis. Como si fueran especulaciones menores basadas en hechos ajenos a lo que está sucediendo.
Se insiste en que Rocha Moya es el primero de varios personajes de alto nivel político que serán acusados. A pesar de que con relativa razón se hable de que son especulaciones, lo que ha pasado con el gobernador con licencia de Sinaloa obliga a una estrategia de choque en función de lo que pudiera pasar, lo cual ya se vio que es posible.
Existen evidencias para contemplar que podemos entrar en un tobogán, porque si alguien sabe de los nexos entre el narcotráfico y la política somos los propios ciudadanos.
Presumiendo que Omar García Harfuch tendrá sus razones para asegurar que no había indicios de relación entre el exgobernador de Sinaloa y la delincuencia organizada. Queda más bien la idea de que lo que quiso fue atemperar los ánimos que choca con la terca realidad.
Lo que por ahora se va viendo es que no hay indicios en Sinaloa de que Morena vaya a ser castigado por sus ciudadanos. Las primeras encuestas muestran que la gente quiere que se vaya Rocha, pero al preguntárseles sobre su preferencia partidista siguen colocando a Morena como su primera opción.
Habrá que ver si en medio de un proceso electoral se mantiene esta perspectiva. En las pasadas elecciones la alianza opositora bien pudo ser un adversario que diera una auténtica pelea. Las evidencias muestran cómo movieron el aparato de gobierno, a lo que se sumó su relación con la delincuencia organizada para impulsar el triunfo de Rocha.
El Gobierno federal sigue sin tener en su radar a las y los sinaloenses. Llevan más de 21 meses totalmente desprotegidos, el Gobierno sigue con la idea, como lo hizo con Rocha Moya, de proteger ahora al máximo a la gobernadora interina en lugar de tener como uno de sus ejes a los desprotegidos ciudadanos; de lo que se habla es de gobiernos y no de personas.
En un momento tan delicado, paradójicamente, no necesariamente los llamados a la unidad nacional pueden tener convocatoria. La razón está en que está de por medio la acusación de un exgobernador por tener nexos con el narcotráfico y además de gobernar con él.
La unidad nacional podría construirse a partir de decisiones internas en que se aclararan los señalamientos que penden sobre gobernadores, legisladores y funcionarios. Otra paradoja es que, en medio de un escenario tan delicado, la Presidenta tiene una gran oportunidad de poder enfrentar a la delincuencia organizada marcando un alto en su relación con los políticos que eventualmente estuvieran relacionados con ella.
Nunca dejará de ser importante la soberanía. Pero para defenderla, urge un diagnóstico interno. Se puede seguir pateando el bote, pero tarde que temprano se tendrá que enfrentar la realidad bajo la cual estamos.
Si se quiere colocar a la gobernadora de Chihuahua como escenario paralelo habría que actuar con la misma firmeza con las denuncias contra el gobernador con licencia y los 9 más, las cuales en cualquier momento deberá recibir el Gobierno mexicano.
RESQUICIOS.
La visita de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, tiene tintes de provocación. En un momento en que las relaciones México y España se van reacomodando, la visita misma y su "Mejico" no dejan de ser una provocación.
solorzano52mx@yahoo.com.mx / @JavierSolorzano
NUNCA dejará de ser importante la soberanía. Pero para defenderla, urge un diagnóstico interno. Se puede seguir pateando el bote, pero tarde que temprano se tendrá que enfrentar la realidad bajo la cual estamos.