En entrevista, Rosario Robles, extitular de la extinta Secretaría de Desarrollo Social, habló sobre su vida personal y profesional. (Parte 1)


Resumen:

En entrevista, Rosario Robles, economista de la UNAM y maestra en Desarrollo Rural por la UAM, comparte su experiencia en la política mexicana.

Robles, quien fue la primera mujer en gobernar la Ciudad de México y Secretaria Federal de Desarrollo Social, destaca la importancia de su familia en su formación y su carrera política. Creció en una familia tradicional y de clase media, donde su padre, crítico y socialmente comprometido, influyó en su visión del mundo.

A lo largo de su trayectoria, Robles ha enfrentado el machismo en la política, especialmente durante su participación en el PRD, donde luchó por la implementación de cuotas de género. Señala que la violencia política y la doble moral han sido constantes en su carrera, afectando no solo su vida, sino también la de su familia.

Robles menciona que su principal motivación para entrar en política fue su amor por México y la necesidad de abordar las profundas desigualdades y la pobreza en el país. A pesar de los sacrificios personales, incluyendo su ausencia en la vida de su hija, Robles se mantiene firme en su compromiso político.

Transcripción:

Han dejado huella como la invitada de esta edición. Ella no sólo ha dejado huella, sino también ha dejado su corazón en la política mexicana. Ella fue la primera mujer en gobernar la Ciudad de México y Secretaria Federal de Desarrollo Social, también de Sedato, fundadora del PRD y también su presidenta. Pero más allá de la política, es abuela de Mateo, mamá de Mariana, hija de padres coahuilenses, Chala y Paco, hermana de cinco. Rosario Robles ha escrito dos autobiografías, la primera Con todo el corazón y la más reciente llamada Rosario de México, donde narra su testimonio durante los 1101 días que vivió en prisión. Puma de corazón. Economista de la UNAM y maestra en Desarrollo Rural por la UAM. Ha sido columnista en varios medios impresos. Como feminista, a lo largo de su trayectoria política ha impulsado leyes y políticas públicas relacionadas con los derechos de las mujeres. Rosario, gracias por estar aquí con nosotras, por compartir tu experiencia. No, muchísimas gracias a ustedes. Qué bonita semblanza. Gracias, Rosario, gracias. Y Rosario, yo quisiera empezar de hecho con tu familia, porque cada vez has dicho, o sea, todo el tiempo has dicho que es importante y sobre todo en tu autobiografía. Por cierto, gracias también a Random House por habernos permitido el libro Rosario de México, tienen que leerlo, es muy emotivo y sobre todo muy honesto. Me encantó. Muchas gracias. Claudia, creciste en una familia mexicana grande y tradicional, seis hermanos, cuatro mujeres y dos hombres, con tus papás Chala y Paco. ¿Cómo recuerdas esa infancia y qué enseñanzas se fueron moldeando para tu carrera y tu vida feminista qué se gestó ahí? Pues yo era parte de una familia, como tú dices, tradicional, clase media, con mis padres que vinieron de Saltillo a la Ciudad de México a abrirse camino, y pues soy esa generación cuyos padres todavía son de la provincia, pero ya nacida aquí en aquel entonces, el Distrito Federal. Yo toda mi vida fui escuela de monjas, así es que lo feminista me vino después, o sea, fui primaria y secundaria a una escuela de monjas, escuela privada en Satélite, yo vivía en Echegaray, la parte norte de la Ciudad de México, ya el Estado de México y todo el cambio radical que se da, yo creo que tiene como que un antecedente en mi propia familia. Mi padre, que era un hombre muy crítico, nos llevó a ver cómo estaba tomada Ciudad Universitaria por el Ejército en el 68, éramos nosotros muy chicos y mi padre también, siempre con esta visión social hacía pastorelas, y demás, pero con un énfasis muy social. Y yo estaba en el coro de la iglesia, así como me ven, era del coro de la iglesia desafinada y tallada, pero era un padre muy de la teología de la liberación. Entonces ahí me sembraron como las primeras inquietudes. Yo hice una. Nos pidieron una monografía en la escuela, yo estaba en cuarto año de primaria, y mi monografía Quiero ser presidenta de México, que era totalmente inusual en una chica de Chegaray. Todas mis amigas finalmente se casaron muy pronto, etc. Mis compañeras que convivieron conmigo esos años, o que vivían cerca de la casa de mis padres. Y cuando se da un cambio es cuando entro al Colegio de Ciencias y Humanidades. Yo soy fundadora del CCH, soy la primera generación, y pues me tocan maestros en Naucalpan y me tocan maestros del 68, que habían vivido en 68. Me toca vivir el 10 de junio, me toca ver que hay compañeros que no regresaron. Y pues ahí se enciende ya una llama muy importante de lucha social, de descontento, y después, a lo largo de los años, de entender que para las mujeres era mucho más difícil incursionar en estos ámbitos, aunque fueran los estudiantiles, que para los hombres. Oye, ahorita decías, bueno, fui pionera en esto, y hablas de estos cambios que se hicieron en una época en la que a lo mejor eso era impensable, también de la actitud que tuvieron los hombres cuando se fueron aprobadas estas normas. Pero ¿Cuándo fue la primera vez que tú recuerdas en tu vida que el machismo te afectó en tu carrera, o sea, en lo que estabas intentando? La primera vez que tuviste miedo, la primera vez que dices ¿Por qué no puedo seguir adelante con esto? ¿Por qué está siendo tan difícil? Y que hoy lo recuerdes como. Claro, era machismo, ¿No? Bueno, evidentemente que en la Universidad Nacional estás hablando de un espacio muy abierto, que es donde yo realizaba mi actividad política, pero aún así, en el sindicato normalmente las mujeres hacíamos intervenciones al frente, pues mira, se ve bien, se ve mal, está fea, está guapa. Es decir, no se hacía alusión a nuestro pensamiento, a nuestras ideas, a nuestros planteamientos, sino a nuestra figura. Y pues tuvimos que ir rompiendo todo eso, pero fue un proceso. Cuando realmente yo sentí que ser mujer era una limitación, es cuando ya participo en la política nacional. Primero como parte muy importante del movimiento que apoyó a Cuauhtémoc Cárdenas en el 88 y después en la fundación del PRD y soy, junto con otras políticas como Amalia García, pues también pionera en esta lucha, porque el PRD fue el primero que se planteó las cuotas, y bueno, plantear cuotas en aquel momento era cómo nada más porque son mujeres quieren espacios, No, es que somos la otra mitad, necesitamos tener voz, necesitamos estar representadas y son acciones afirmativas para garantizar estar. Y fue un debate y una discusión que en el Congreso del PRD, un partido de izquierda progresista de avanzada, ganamos por 11 votos que hubiera, que cada tres lugares de espacios de participación política, ya fuera órganos de dirección o cargos de elección popular, hubiera por lo menos una mujer. Soy de esa generación que heredó el derecho a votar, pero no a ser votada, no a ser elegida. Entonces tuvimos que luchar y romper toda esa estructura patriarcal que impide que las mujeres participemos en la política y siempre con la idea de que estás juzgada con doble vara, que estás juzgada con parámetros que a los hombres jamás nadie se ocurre juzgar por ese tipo de situaciones en donde si eres pues muy aguerrida, ay, está loca y es demasiado peleonera. En cambio si un hombre es así, ay, qué bárbaro, es nuestro ídolo y es nuestro líder, qué bárbaro, es atractivo, etc. Entonces, pues todo eso me tocó, yo soy de esa generación, es decir, ahora es fácil, ahora vemos mujer presidenta de la República, ahora vemos un Congreso paritario que de poco nos sirve, pero ahí están, simbólicamente ahí están las mujeres. Pero en mi época luchar contra esta exclusión, contra esta violencia que se ejercía simbólica hacia las mujeres, y yo digo que se sigue ejerciendo y pues yo soy un caso muy claro de cómo se ejerció una violencia política para, entre comillas, anularme y quitarme de la jugada. Entonces, pues es algo que seguimos viviendo las mujeres, lamentablemente, esta violencia. ¿Tú sientes que si no se hubieran utilizado esas herramientas, a ti se te hubiera presentado la posibilidad de ser la primera presidenta del país? ¿Hubiera sido por eso? No, bueno, no sé, no existe y no sé qué hubiera pasado, pero lo que sí es un hecho es que mi presencia incomodaba porque fui la única persona política perseguida, encarcelada, sin prueba alguna. Hoy se exigen, a pesar de toda la información que estamos viendo, cuáles no hay pruebas, no hay demandas, no hay nada, pues a mí sin prueba, sin demandas, con una licencia falsa, ahí 1101 días me tuvieron en reclusión, finalmente salí, finalmente demostré mi inocencia, etcétera. Pero ¿Quién me repone tres años de mi vida, ¿Quién le repone a mi familia? ¿Ahorita que hablábamos de esto, yo creo que una de las principales herencias de mis padres es la familia que tengo, mis hermanos, mis sobrinos, obviamente mi hija Mariana que ha dado una pelea y de una pelea ejemplar por mí, por esta privación injustificada de mi libertad y la solidaridad de mis hermanos y mis hermanas, pero las afectaciones y las afectaciones a todos ellos y de que les cerraran espacios por ser mis hermanos o por ser mi hija, que a un hermano que toda la vida ha participado, incluso con quienes hoy nos gobiernan por el simple apellido, lo hayan excluido de su trabajo, pues me parece terrible, sobre todo cuando yo me comparo con lo que vemos ahora, lo que vemos de 500 mil millones de pesos de huachicol fiscal, cuando vemos entradas millonarias que no se justifican porque uno es servidor público y no puede estar haciendo otro tipo de chambas, cuando vemos casas, cuando vemos que alguien dice ay, por un error de dedo, en lugar de declarar 15 millones, nada más declaré que mi departamento costó 15 millones, no, pues a mí por 2 mil pesos que supuestamente no declaré en mi declaración patrimonial, me inhabilitaron por 10 años, entonces yo dijo, bueno, pues se aplique la regla de tres por no declarar 13 millones y medio de pesos, por cuántos años van a inhabilitar a ese personaje? Y sin embargo está impunemente y es secretario el día de hoy. Entonces creo que, que esa doble vara es lo que a mí me parece totalmente la incongruencia, la doble vara, esta doble moral con las que se mide con diversa vara a los opositores y a quienes son parte de su movimiento. Rosari, para mí es muy importante saber cuál ha sido tu verdadero móvil para mantenerte. ¿Desde muy temprano te diste cuenta de la lucha tan aguerrida que iba a ser, entonces, cuál fue como esa luz que te permitió decir si, voy a ir por el camino político aunque tenga que sacrificar un montón de cosas, aunque estaba muy difícil para ustedes, o sea, qué fue lo que te llevó a tomar la decisión? Y también aquí es muy importante que me digas quiénes fueron tus principales aliadas para lograrlo todo, o sea, porque lo entendería, como pasó con muchas mujeres de esa generación, que igual no fueron mamás, que sacrificaron su parte familiar, pero tú además tuviste todo. Entonces, ¿Quiénes fueron tus soportes para poderlo hacer? ¿Y cuál fue esa luz que dijiste, o por esa causa, o eso que te llevó hasta donde estás hoy, que además sigue siendo tu camino? La política. Claro que sí. Bueno, mi causa es México. Es muy chistoso porque como yo estaba en la Facultad de Economía, en el auditorio que se llama además Ho Chi Minh, se discutía qué nos parecía mejor, si la revolución cubana, si la soviética, si el modelo chileno. Nunca discutías México, siempre andábamos que la revolución está a la vuelta de la esquina. Y como teníamos a los de apolíticas al lado, pues entonces éramos nuestros compañeros y nos peleábamos con los de derecho, que eran super prioristas y todos agarrados del chongo, pero no pasábamos de los muros de la universidad y de la discusión sobre qué tipo de revolución queríamos. Cuando llega Cuauhtémoc Cárdenas y Cuauhtémoc hace que todo gire en torno a México, yo con Cuauhtémoc vuelvo a cantar el himno nacional. Es decir, recuperamos nuestra parte de a ver si está muy padre todo, nada más que vivimos en México, este es el país que tenemos de profundas desigualdades, de pobreza, etc. Entonces desde ahí yo dije, pues este es mi camino. Y con Cuauhtémoc encontré un canal de participación muy importante, claro, a costa de mi propia hija, que creció de alguna manera con una madre ausente.