Guanajuato bebe veneno desde hace décadas


Resumen:

POZOS DE AGUA ESTÁN CONTAMINADOS EN SIETE MUNICIPIOS DE GUANAJUATO; BEBEN VENENO DESDE HACE DÉCADAS

Transcripción:

POZOS DE AGUA ESTÁN CONTAMINADOS EN SIETE MUNICIPIOS DE GUANAJUATO; BEBEN VENENO DESDE HACE DÉCADAS

En la Cuenca Alta del río Laja, más de 743,000 habitantes consumen agua con altos niveles de arsénico y fluoruro.

La población sufre fluorosis dental y esquelética, insuficiencia renal crónica y cáncer a edades tempranas. El problema sigue sin una respuesta efectiva de las autoridades. “El gobierno nunca nos va a decir que es el agua lo que nos está dando tantas enfermedades”, dice Erika Torres, originaria de Pozo Hondo.

Los pozos de siete municipios que conforman la Cuenca Alta del Río Laja, en Guanajuato, suministran líquido contaminado para uso humano. Una parte de la población padece fluorosis dental y esquelética, problemas renales y otras enfermedades. A pesar de las reiteradas alertas, los gobiernos federal y estatal han ignorado la crisis. Es uno de los siete sitios más contaminados del país.

“No les dan agua, les dan veneno”

Los tambos con agua están por agotarse. Es el segundo sábado de julio y la pipa que habitualmente manda el municipio de San Miguel de Allende llegará hasta el lunes. En este terreno poblado de mezquites viven cinco familias que dependen del servicio gratuito que reparte agua subterránea cargada de arsénico y fluoruro, elementos nocivos para la salud.

En el hogar de Graciela Hernández, ese impacto es desconocido. Su familia bebe el agua y la usa para cocinar. En la comunidad Guerrero no hay otra fuente de abastecimiento.

El agua saturada de arsénico y fluoruro ha dejado una huella visible en la sonrisa de Graciela. Unas manchas color marrón han poblado su dentadura y, con el tiempo, algunos de sus dientes se han adelgazado y fracturado. Tiene fluorosis dental, un trastorno del desarrollo del esmalte de los dientes que en etapas tempranas se muestra con manchas blancas, pero que con el paso del tiempo produce pigmentaciones oscuras, daños estructurales y facilita la aparición de caries. Es el síntoma más visible que la contaminación del agua ha dejado en la gente de siete municipios del norte de Guanajuato, en la región de la Cuenca Alta del Río Laja.

El agua que se distribuye en los municipios de San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo, San Luis de la Paz, Doctor Mora, San José Iturbide, San Felipe y San Diego de la Unión proviene de una cuenca sobreexplotada de la que se saca más agua de la que puede recargar naturalmente.

Para este reportaje se solicitaron los estudios de laboratorio realizados a los pozos de agua de los siete gobiernos municipales que conforman la cuenca. Aunque no todos entregaron la información, o la que ofrecieron tiene una década de antigüedad, fue posible determinar que hay 81 pozos de 117 analizados que han superado los niveles seguros de arsénico y fluoruro al menos una vez en la última década.

Evidencia ignorada

Todos los municipios que han estudiado sus pozos saben que varios de ellos duplican, al menos, los niveles seguros de fluoruro y arsénico. Hay casos donde el riesgo es superior. En San Diego de la Unión, el pozo Tampiquito contiene seis veces más arsénico de lo permitido (0.01 mg/L), mientras que en Ex-Hacienda de Jesús el fluoruro alcanza 12.4 miligramos por litro, cuando la OMS establece 1.5 como máximo.

Pese a la gravedad, hay municipios, como San José Iturbide, donde no actualizan los análisis desde 2015.

El arsénico es una de las sustancias más preocupantes para la salud pública, según la OMS. Su exposición prolongada se relaciona con cáncer, diabetes, enfermedades renales, pulmonares y cardiovasculares. Los niños son los más vulnerables, pues enfrentan daños cognitivos que comprometen su desarrollo.

El fluoruro, además de afectar los dientes, puede generar deformidades óseas, calcificación de ligamentos y dificultad para moverse.

En 2024, el Instituto de Salud Pública del Estado de Guanajuato (Isapeg) atendió a 380 habitantes de la región por insuficiencia renal crónica; el 31% tenía menos de 35 años.

Historias como la de Primitivo Martínez, de Rancho La Onza, cuya hija fue diagnosticada con enfermedad renal a los 25 años, o la de Lorena Vargas, de Agustín González, cuya familia sufre fluorosis dental y dolores crónicos, revelan el costo humano de la crisis.

Entre los municipios afectados destaca San Miguel de Allende, que en 2023 reportó una derrama económica de 6,000 millones de pesos por turismo. Sin embargo, mientras los visitantes acceden sin problema al agua embotellada, para miles de habitantes un garrafón resulta inasequible. Además, fue el único municipio que se negó a transparentar la calidad de sus pozos, argumentando que la información podría "causar disturbios" y "potenciar un riesgo".

El silencio gubernamental

En los últimos 15 años, los gobiernos federal, estatal y municipales han recibido alertas por la contaminación del agua y sus daños. Lo han denunciado académicos, activistas y afectados. Pero ningún nivel de gobierno ha establecido acciones que transformen de fondo la realidad de los 743,000 habitantes.

En 2021, el gobierno federal declaró a los municipios de la Cuenca Alta del Río Laja -también llamada Cuenca de la Independencia- como Región de Emergencia Sanitaria y Ambiental (RESA), uno de los siete sitios más contaminados del país.

La declaratoria se hizo a través de un convenio que obligaba a acciones interinstitucionales para estudiar los efectos de los contaminantes en la población y para atender las consecuencias en la salud; sin embargo, el gobierno federal no ha destinado presupuesto ni emprendido ninguna de las acciones prometidas.

En mayo, el presidente municipal de San Diego de la Unión, Juan Carlos Castillo Cantero, reconoció públicamente la contaminación del agua en la región, a la que llamó "veneno puro". Pese a las reiteradas denuncias, la negación de los gobiernos ha impedido una coordinación regional. El propio alcalde tardó tres años en aceptarlo: observó casos inusuales de enfermedades renales, diabetes y cáncer en comunidades específicas. Fue hasta que la organización Caminos del Agua hizo estudios que confirmaron la presencia de los contaminantes que hubo un llamado público. Es uno de los pocos gobiernos locales que han reconocido la problemática.

En respuesta, San Diego instaló una planta de ósmosis inversa que purifica agua, la cual se pone a disposición de la ciudadanía a través de garrafones gratuitos. Otros municipios de la región, como Dolores Hidalgo, San Felipe y San Miguel de Allende, también han invertido en plantas similares. Sin embargo, la falta de coordinación de los tres niveles de gobierno -pese a que la Constitución y la Ley de Aguas Nacionales obligan a garantizar agua potable de calidad- ha dejado a la población expuesta. Se solicitó el posicionamiento de todas las autoridades involucradas, pero sólo respondió el gobierno de Guanajuato, afirmando que los contaminantes en fuentes de abastecimiento no necesariamente llegan al consumo domiciliario.

La resistencia cae del cielo

En San Cayetano, comunidad de San Luis de la Paz, las casas tienen integradas cisternas que almacenan agua de lluvia. Esta práctica se ha extendido por toda la cuenca a través de la labor de organizaciones campesinas, comunitarias y de la sociedad civil que desde 2009 capacitan a los habitantes sobre la contaminación de los pozos. Esta zona juega un rol clave en la agroindustria local: los siete municipios producen 40% de vegetales y frutas de Guanajuato, la mayoría con fines de exportación. En esta producción se gasta la mayor parte del agua subterránea del territorio. Por cada litro de agua que usa la población, la agroindustria gasta 10.

En este municipio, la resistencia comunitaria ha encontrado impulso en la iglesia de San Cayetano, encabezada por el párroco Juan Carlos Zesati, donde se promueve la captación de agua de lluvia como alternativa para la vida digna y la salud.

"El gobierno nunca nos va a decir que es el agua lo que nos está dando tantas enfermedades. Es lo que les decimos a las familias: nos estamos enfermando porque nos tomamos el líquido y nos lo comemos. Decimos 'háganlo por los chiquitos', que son los que ya están desarrollando cáncer e insuficiencia", dice Erika Torres, originaria de Pozo Hondo, una comunidad con altos niveles de arsénico y fluoruro, ubicada en San Luis de la Paz.

Aunque la captación de lluvia ayuda a reducir la presión sobre la cuenca, la explotación intensiva de los pozos para la agroindustria sigue imponiendo un costo ambiental y social que, como advierte Zesati, "puede pagarse hasta con la vida".

Dientes color fluoruro

La cita de las 11 de la mañana está a nombre de Jimena. Entra al consultorio dental una niña de trenza larga que se recuesta sobre un sillón color naranja. Tiene nueve años y sus piezas frontales están salpicadas de manchas blancas, indicio de una fluorosis dental leve. Blanca Ramírez, su madre, la lleva diligentemente a su cita cada tres meses. Quiere que su hija sonría con libertad.

La organización Patronato Pro Niños, que brinda servicios dentales a bajo costo en San Miguel de Allende, realizó para esta investigación periodística el informe Observaciones médicas dentales relacionadas con el consumo de agua en comunidades de SMA. En él da cuenta de un cóctel de dificultades: comunidades con bajo nivel socioeconómico, falta de acceso al agua potable y servicios de salud. Esa combinación, señaló uno de los especialistas, está vinculada al "incremento de problemas de salud relacionados con agua contaminada".

Además de los problemas dentales, el personal ha encontrado ocasionalmente a niñas y niños con diarrea crónica, infecciones gastrointestinales, dolor óseo o articular, afecciones en la piel, retraso en el crecimiento, entre otros. El hallazgo ocasional no es casual; una visita a la misma comunidad puede tardar hasta tres años, considerando que hay más de 500 en SMA.

Jimena acude a los consultorios del Patronato Pro Niños en la cabecera municipal. En su cita de julio, tras la revisión, la odontóloga Rodríguez da su dictamen: Jimena venció las caries y las pastas de protección están bien colocadas. Pero eso sí, le recuerda: "Ya se te cayeron tus dientes viejitos, Jimena. Usa un vasto de agua de garrafón para cepillarte, para que el agua no siga afectando la coloración de tus dientes", le explica. Su madre interviene y comenta que, cuando no hay dinero o los garrafones están agotados, no tienen más opción que regresar a la historia conocida: usar el agua que proviene del pozo.

81 POZOS han presentado niveles altos de fluoruro o arsénico al menos una vez en la última década.

380 HABITANTES de la cuenca fueron atendidos por insuficiencia renal; la mayoría tenía menos de 35 años.

En la Cuenca Alta del Río Laja, el agua se obtiene de pozos profundos que ofrecen agua subterránea.

Municipios afectados: San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo, San Luis de la Paz, Doctor Mora, San José Iturbide, San Diego de la Unión, San Felipe.

Hay 743,000 habitantes en los municipios de la cuenca que tienen información a cuentagotas sobre la calidad del agua que reciben en sus hogares y los efectos en su salud.