Ayotzinapa: el caminar de luz y clemente


Resumen:

Clemente Rodríguez Moreno, padre de Christian Alfonso Rodríguez Telumbre, uno de los 43 normalistas desaparecidos el 26 de septiembre de 2014, está cansado. "A veces me entra el desánimo. Me siento fastidiado y quiero dejar esta lucha. Me llegan momentos de debilidad, pero entonces, mi mujer -Luz María Telumbre Casarrubias- me dice que no, que le eche ganas. 'Si tú recaes, también yo'. Creo que ella es más fuerte. Y si me ve destrozado me dice: 'debemos darnos ánimos los dos. Seguir adelante'. Entonces se sobrepone. Sigue".

Transcripción:

Clemente Rodríguez Moreno, padre de Christian Alfonso Rodríguez Telumbre, uno de los 43 normalistas desaparecidos el 26 de septiembre de 2014, está cansado. "A veces me entra el desánimo. Me siento fastidiado y quiero dejar esta lucha. Me llegan momentos de debilidad, pero entonces, mi mujer -Luz María Telumbre Casarrubias- me dice que no, que le eche ganas. 'Si tú recaes, también yo'. Creo que ella es más fuerte. Y si me ve destrozado me dice: 'debemos darnos ánimos los dos. Seguir adelante'. Entonces se sobrepone. Sigue".

Eso lo dirá el martes, en entrevista en su casa. Hoy, viernes, don Clemente está sentado en la orilla de la banqueta, unos metros de su parcela, en Tixtla, donde viven otros 15 padres de familia de los 43 normalistas desaparecidos, a unos 30 minutos de Chilpancingo, en el centro de Guerrero. Anoche llovió y hay lodo en la calle sin pavimentar. Es la 1:30 del día y ahora más bien hace calor. Don Clemente tiene una Coca-Cola fría en la mano.

- ¿Quieren una? -ofrece.

Viste una bermuda gris deslavada, una playera verde olivo y tenis. Es moreno y robusto, un hombre macizo de 56 años, de más o menos 1.70 de estatura, aunque el martes en su casa dirá que los años le pesan cada vez más. En la muñeca izquierda tiene un tatuaje de tortuga, insignia de Ayotzinapa; en el brazo del mismo lado, que ya se está desdibujando, más arriba, en su hombro, la imagen de una Guadalupana con el nombre de su hijo desaparecido. No se le ve a simple vista. Lo mostrará en su casa, petición de doña Luz.

"Pásenle", invita.

Se levanta y camina hacia su parcela, un predio de media hectárea que él llama "el terreno". Hay un refrigerador volteado que sirve de asiento, una porqueriza más al fondo donde dos marranos gruñen retozones. Unas gallinas cacaraquean en un pequeño corral. "Aquí luego me vengo a pensar", dice. No sólo eso. Tiene dos sembradíos de milpa en medio. Tiene árboles de nanche, limones y algún papayo.

Venir aquí, sembrar, ha sido también su terapia.

La otra ha sido buscar a su hijo.

Lleva 10 años haciéndolo. Y aunque desde 2020 la fiscalía especial del caso Ayotzinapa le informó que uno de los restos óseos hallados en 2019 en la Barranca de la Carnicería, en Cocula, son de Christian, él y su esposa se niegan a aceptarlo. "Ustedes pensarán que estoy mal, que estoy loco -le contestó doña Luz a la comisión que les llevó la noticia a su casa-, pero a una gente le pueden cortar una extremidad, su pie, y sobrevive". Lo dijo porque les informaron que lo que se logró encontrar de su hijo fue un fragmento de hueso del pie derecho.

"Nosotros Clemennos querían entregar dos gramitos del pie derecho. 'A mi hijo se lo llevaron completo', les dije, 'y hay responsables'".

"Estos 10 años, tanto yo, mi esposa y mis hijas ya no somos los mismos. Cambiaron nuestras vidas. Piensa uno diferente. No sabíamos nada de lucha. Antes de 2014 estábamos en nuestras casas y llevábamos una vida tranquila".

Don Clemente vendía agua de garrafón como empleado de una embotelladora de la ciudad. Llegó a tener hasta 20 marranos que vendía para matanza. Doña Luz María hacía tortillas a mano para vender, para tener otra entrada de dinero. "Las madres y padres están enfermos". Una idea infausta sobresalta a menudo a don Clemente: "Nos vamos a ir muriendo de a uno por uno y nunca sabremos dónde están nuestros hijos".

No es una idea que le venga porque sí. En estos 10 años han muerto cuatro padres de familia. Minerva Bello Guerrero, madre de Everardo Rodríguez Bello, fue la primera en fallecer, en febrero de 2018. Luego fue Saúl Bruno Rosario, padre de Saúl Bruno García, fallecido en agosto de 2021. Después, Bernardo Campos Santos, padre de José Ángel Campos Cantor, fallecido en septiembre de 2021. La muerte más reciente es la de Ezequiel Mora Chora, padre de Alexander Mora Venancio, ocurrida en agosto de 2022.

Vidulfo Rosales Sierra, abogado del Centro de Derechos Humanos Tlachinollan y defensor de las familias de los 43, es tal vez de las pocas personas que han estado cerca de ellas durante todo este tiempo.

"Yo veo a los padres de familia sumamente cansados. Más de la mitad de las madres y padres están enfermos. Su salud se ha deteriorado de manera vertiginosa. Cuatro han fallecido. Cada día se nota mucho más un cansancio físico. Además, están muy decepcionados de este gobierno", dice desde Tlapa.

Vidulfo tiene el pulso de lo que pasa dentro de la Asamblea de Padres, el órgano desde donde se toman los acuerdos. Dice que si bien empezaron las 43 familias en el reclamo hace 10 años, ahora participan alrededor de 30. Y no es porque estén divididos. Decir eso, sostiene, "es una trampa del gobierno".

"Lo que pasa es que las actividades a veces van unos, a veces otros. Como digo, están agotados. Nunca van los 43 completos, pero siempre todos están participando".

- ¿Aunque se conoció que hubo una división entre ellos?

"No, no, no existe tal división".

- ¿Y qué me dice de los padres que asistieron a la marcha en favor del exalcalde de Iguala, José Luis Abarca?

"Fueron llevados por un personaje siniestro llamado Pedro Segura [empresario de Teloloapan] y [el exvocero de los padres] Felipe de la Cruz incentivó ese acercamiento, como lo incentivó con [el exgobernador] Ángel Aguirre Rivero".

La división Felipe de la Cruz está en Acapulco. Desde el teléfono se oye el tráfico propio de la ciudad.

"Dime, dime... ando en la calle, pero podemos platicar", responde. Se le pregunta por lo dicho por el abogado Vidulfo, que él ha propiciado la división de los padres de los 43 y que él los acercó con el empresario Pedro Segura y este a la marcha en favor de José Luis Abarca.

- "De lo primero, te digo que es el propio Vidulfo el que propicia las divisiones. La división no está entre los padres, sino con él. Los padres están en su derecho de hacer lo que sea; él no puede decirles qué hacer. De lo segundo, Pedro Segura les mintió a los padres. Los llevó con mentiras a Iguala. Les dijo que él sabía el paradero de sus hijos y que si lo apoyaban ellos tendrían esa información. Todo fue mentira. Pero eso les valió que ya no les permitieran regresar a la asamblea".

Dolor perenne. Don Clemente tiene un tono de voz melodioso. No hay amargura ni tristeza en su timbre. Es otra cosa: paz, o resignación, tal vez. Habla como aquél que está frente a lo que sabe inevitable. Su mirada, en cambio, es taciturna, parece fija en un punto impreciso. No es la nada, es otra cosa. Solo él sabe.

- "¿Cómo han manejado en su familia la ausencia de Christian?"

"No encuentro la palabra correcta. La verdad es que no ha desaparecido ese dolor. El dolor lo tenemos como si hubiera sido ayer. Lo tenemos siempre, muy presente. Es una costra que no ha cicatrizado".

LUZ MARÍA TELUMBRE Madre de Christian Alfonso: "Ustedes pensarán que estoy mal, que estoy loca, pero a una gente le pueden cortar una extremidad, su pie, y sobrevive".

CLEMENTE RODRÍGUEZ Padre de Christian Alfonso: "Estoy desesperado, cansado, fastidiado de que los gobiernos se burlen de nosotros".

Luz María Telumbre Casarrubias muestra un tatuaje con el nombre de su hijo Christian Alfonso, normalista desaparecido la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala.

El gobierno les informó que su hijo Christian fue identificado muerto, pero Clemente y su esposa Luz aún no lo creen: "¡Vivo se lo llevaron! Quiero saber dónde está CHRISTIAN ALFONSO RODRÍGUEZ TELUMBRE, hijo de Clemente y Luz María, Tixtla, 19 años. ¡Vivo lo queremos!