El pasado miércoles, 12 de noviembre, tuve el orgullo de recibir la medalla José María Parás Ballesteros al Mérito Ciudadano por parte de la Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la UANL Ese gesto me recordó algo esencial: servir implica escuchar, aprender y acompañar a la comunidad. En mi caso, la docencia en la UANL ha reforzado mi convicción sobre el papel de la educación superior pública para formar a quienes mañana sostendrán nuestras instituciones.
Esa convicción se enlaza con la agenda del Gobierno federal. En un momento crucial para México, la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha mostrado una decisión clara de fortalecer a las universidades públicas, no como discurso, sino como política.
Acceso, equidad y democratización del conocimiento no son promesas: son eje de un proyecto nacional que entiende que el desarrollo empieza por abrir puertas donde antes había muros, Destaca la creación de 330 mil nuevas plazas en universidades públicas durante este sexenio, una meta que transforma la vida de miles de jóvenes y descentraliza oportunidades. Ya no serán las grandes ciudades las únicas en concentrar el futuro educativo del país; más regiones tendrán la posibilidad real de que sus jóvenes lleguen a la universidad sin abandonar su comunidad.
La ciencia y la innovación tampoCO quedan fuera. El financiamiento para las universidades públicas se mantiene y crece.