Resumen:
UNO, DOS, TRES, cuatro, cinco aviones. Seis, siete. Ocho aviones. Nueve, diez aviones. Los minutos transcurridos entre uno ...
Transcripción:
UNO, DOS, TRES, cuatro, cinco aviones. Seis, siete. Ocho aviones. Nueve, diez aviones. Los minutos transcurridos entre uno
y otro son muy pocos. Unos bajan haciendo curva (son los
más estruendosos). Otros despegan siguiendo una larga recta. Estamos en Coyoacán, Ciudad de México, por la zona de los Viveros. La nueva ruta aérea ha complicado nuestra existencia. Mucho. Entendemos que con un aeropuerto sumergido en la urbe alguien debe pagar el precio. Antes eran otros, ahora somos nosotros. ¿De verdad no hay manera de que cambien la altura de su vuelo? Ni modo. Resulta extraño ver gigantes como el 380 a tan poca distancia del suelo. En fin. Ruido.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco ladridos. Seis, siete. Ocho ladridos. Nueve, diez ladridos. Entre ellos, centésimas de segundo. Los perros alrededor reaccionan a toda provocación sin importar la hora. Sus dueños parecen poseer sueños abisales. Los hay agudos y graves. Los hay cortantes y profundos. Aleatorios o muy en ritmo, todos son ladridos constantes. ¿De verdad no hay quien acaricie o calle a estos pobres animales? Resulta desconcertante que se unan en coros reactivos sin que a nadie le importe tan claro sufrimiento. En fin. Ruido.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco minutos. Seis, siete. Ocho minutos. Nueve, diez minutos. Su fuerza es aplastante. No hay silencios de por medio. La alarma del vecino mal educado se dispara siempre que llueve por las noches. Nunca hay nadie para apagarla. Las primeras veces llamamos a la policía pensando que algo pasaba. Luego fuimos a tocar a su puerta. Nadie contestaba. En repetidas ocasiones hablamos con el encargado de la casa. ¿De verdad no hay forma de sensibilizar a quienes comparten la vida en la misma ciudad, colonia o cuadra? Resulta decepcionante que no interesen el descanso, el trabajo o la salud ajena. En fin. Ruido.
Y hablando de ruido, ¿conoce el Ruido Blanco? ¿Ha escuchado el Ruido Rosa? ¿Se ha internado en el Ruido Marrón? Deje que respondamos por usted, lectora, lector: sí. Todos han transitado por sus oídos en diferentes circunstancias. Es poco probable que los haya sufrido. Nos explicamos.
El Ruido Blanco es un sonido aleatorio que suma todas las frecuencias para ofrecerlas con la misma potencia (tal como sucede con la Luz Blanca). Los ejemplos más comunes son la señal de una televisión o radio sin sintonizar. Otros son los aires acondicionados y los ventiladores. En todo caso escuchamos una suerte de “gis” que, curiosamente, neutraliza otros sonidos circundantes. El Ruido Rosa, por otro lado, es parecido al Blanco pero tiene características constantes, no aleatorias, que permiten usarlo para la calibración de espacios acústicos o de amplificadores y bocinas. Aquí la potencia y la frecuencia son inversamente proporciona les. El Ruido Marrón, finalmente, privilegia frecuencias graves y medias. Se llama así por Robert Brown, descubridor del movimiento de partículas en medios fluidos, aunque hay quienes lo asocian con un absurdo e hipotético poder laxante.
Pues bien, hay numerosas compañías fabricando pequeñas fuentes de ruidos Blanco, Rosa o Marrón que pueden manipularse para -según su promesa- conseguir mejores noches de sueño o momentos de calma y descanso. Incluso hay quienes los recomiendan para disminuir episodios de estrés en los bebés. ¿Usted también sufre por ruido? Pronto tendremos un reproductor en casa y le diremos, si nos escribe, algo sobre su efectividad. En sentido contrario, la otra cosa que buscaremos son audífonos con tecnología activa para la cancelación de ruido. ¡Hasta dónde hemos llegado! Audífonos para no oír.
Así pues, firmamos estas líneas a las cinco de la mañana luego de una noche que supo combinar aviones, ladridos y alarmas. Estamos disminuidos. En las próximas horas iniciaremos el plan para combatir el ruido con el ruido o con su cancelación definitiva. Ya le contaremos. Buen domingo. Buena semana. Buenos sonidos