Transcripción:
El entorno docente revela cómo los espacios fortalecen comunidad y pertenencia
Las cambios de cara al Mundial reactivan el debate sobre el legado arquitectónico
Número 291
Las remodelaciones del Estadio Azteca rumbo al Mundial 2026 han reactivado la discusión en torno a la forma en que la arquitectura dialoga con el presente sin renunciar a su carácter histórico. Especialistas coinciden en que intervenir recintos emblemáticos no implica rehacerlos, sino reconocer aquello que los ha mantenido en el patrimonio simbólico.
De acuerdo con la opinión académica, el planteamiento arquitectónico no solo atiende a necesidades funcionales, construye comunidad, arraigo y sentido social. Bajo esta premisa, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) analiza cómo estos entornos generan identidad y fortalecen vínculos colectivos con el paso de los años.
En entrevista, el maestro Francisco Haroldo Alfaro Salazar, arquitecto, profesor investigador y director de la División de Ciencias y Artes para el Diseño (CyAD), en la Unidad Xochimilco, junto con la maestra Beatriz Alicia Solis Leree, profesora distinguida del Departamento de Educación y Comunicación, coinciden en que los espacios universitarios trascienden su uso práctico y se integran a la vida cotidiana como elementos activos en los procesos de formación, interacción y construcción del sentido de pertenencia.
En esta perspectiva, la UAM, a más de cinco décadas de su fundación, articula la vida en sus espacios con la convivencia social. Sus Unidades no solo albergan infraestructura, proponen recorridos, áreas verdes y abiertas donde el tránsito, la interconexión y la permanencia son parte de un todo.
Así, esta disciplina puede entenderse en dos dimensiones complementarias: como campo de formación de profesionales que inciden en la construcción de ciudad y como configuración física que refuerza el vínculo con el exterior.
En ese marco, Solis Leree reconoce en la Unidad Xochimilco un ejemplo de integración. Su disposición abierta, verde y transitable propicia encuentros que fortalecen la comunidad y convierten lo educativo una experiencia humana que rebasa el aula.
Alfaro Salazar, por su parte, plantea que todo inmueble, aunque surge de una necesidad práctica, con los años adquiere un valor icónico; propicia vínculos y se convierten parte de la vida de sus habitantes, ello permite entender los monumentos como componentes activos dentro del imaginario social.
Bajo esta lógica, la figura del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, primer rector general de la Casa abierta al tiempo. Su obra no puede leerse en términos de monumentalidad, sino de una visión social orientada a responder a las necesidades del país a través de equipamientos públicos, escuelas, mercados y foros culturales capaces de articular la vida en común.
Esta visión lo llevó a desarrollar tanto soluciones de amplio alcance público como proyectos de gran escala que redefinieron el paisaje de la CDMX, asegura Leree. En todos sus trabajos permanece una constante, la configuración espacial como herramienta para favorecer equilibrio en lo público, funcionalidad y sentido comunitario se entrelazan.
El Estadio Azteca condensa esta perspectiva, explica Salazar. Concebido en 1966, el lugar se edificó como una de las obras más imponentes del siglo XX en el país. Su escala, ubicación y versatilidad lo convirtieron en un punto de encuentro que rebasa el ámbito deportivo y se inscribe en la historia de la Ciudad.
Frente a su intervención, especialistas identifican una tensión entre modernización y valor histórico, atendida desde mejoras técnicas que no alteran su carácter distintivo. A partir del campo de la comunicación, Solis Leree advierte que estos cambios responden también a dinámicas globales del espectáculo, al tiempo que subraya que la vigencia del inmueble permite conservar su arraigo social.
El profesor Alfaro añade que la subsistencia de estos conjuntos arquitectónicos depende de su uso continuo, un inmueble activo tiene mayores posibilidades de mantenerse en el tiempo que uno abandonado. La clave, afirma, radica en adaptar sin desvirtuar su sentido original.
Más allá del evento deportivo, la discusión remite a una pregunta de fondo: cómo dialogar con el legado espacial en el presente. Sin importar que sean universidades o grandes íconos urbanos, el entorno construido enfrenta el desafío de responder a nuevas exigencias sin perder la memoria que lo sostiene.