Transcripción:
Fe multitudinaria y orden público
ROBERTO MELENDEZ
Como sucede año tras año, las calles de los ocho barrios de Iztapalapa se transformaron en un escenario de recogimiento, sacrificio y fe, más de dos millones de personas asistieron a la 183 representación de la Pasión y Muerte de Cristo, una de las manifestaciones religiosas más emblemáticas del país, considerada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La ceremonia no solo renovó valores como la paz, el amor y la reconciliación, sino que también reafirmó la profunda raíz católica de millones de mexicanos.
El operativo de seguridad fue robusto: más de ocho mil elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, apoyados por binomios caninos, Protección Civil, fuerzas militares y Guardia Nacional, resguardaron el orden, el resultado fue saldo blanco, confirmando que la organización y la participación ciudadana pueden coexistir de manera ejemplar, incluso en eventos de gran magnitud.
Desde el Cerro de la Estrella, punto culminante del viacrucis, el reportero Raúl Ruiz Venegas, en el noticiario estelar de Unomásuno, informó puntualmente sobre cada momento de la representación, bajo la dirección de Naim Libien Kaui, presidente editor, y con el análisis de Eduardo Meraz Moya y José Luis Sustaita, la cobertura permitió dimensionar la relevancia cultural y social del evento.
Tradición que mueve conciencias
La imagen de miles de nazarenos cargando cruces, cumpliendo promesas o agradeciendo favores, dejó claro que esta tradición no es un espectáculo, sino un acto de fe profundamente arraigado. Ni el intenso calor fue impedimento. Centros de hidratación y atención médica atendieron a los asistentes, mientras vecinos de los barrios ofrecían apoyo solidario a participantes, policías y periodistas.
La escenificación de momentos clave, como la oración en el huerto, destacó por su intensidad emocional, aunque se registraron incidentes menores, principalmente confrontaciones verbales, estos no empañaron una jornada que, en esencia, se desarrolló en paz.
México, que alguna vez ocupó el segundo lugar mundial en número de católicos, hoy se sitúa en el cuarto, pero mantiene una base de casi cien millones de fieles, este tipo de celebraciones confirma que la religión sigue siendo un componente central en la vida social del país.
El eco global de la fe
Mientras en Iztapalapa se vivía esta expresión multitudinaria, en el Vaticano el Papa León XIV encabezó su primer Viacrucis. En un acto solemne, vestido de rojo y tendido en el suelo frente al altar de la Confesión, oró por la paz, el fin de la guerra y los más necesitados. La ausencia de consagración, en señal de duelo, reforzó el simbolismo de la fecha, miles de creyentes se congregaron en la Basílica de San Pedro, replicando un sentimiento compartido en todo el mundo: la conmemoración del sacrificio de Jesucristo, la sincronía entre lo local y lo global evidencia la vigencia de una fe que trasciende fronteras.
De lo insólito a lo preocupante
No todo fue solemnidad. En Santa Fe, un supervisor de la Secretaría del Medio Ambiente vivió momentos de tensión al encontrar una serpiente pitón de alfombra australiana de más de dos metros. El reptil fue capturado por elementos de seguridad y trasladado a un albergue en Xochimilco, evidenciando los retos que implica la presencia de fauna exótica en zonas urbanas.
Pero más allá de lo anecdótico, la conversación nacional se mantiene marcada por temas más graves. La confrontación entre el Gobierno Federal y el Comité de Desapariciones de la ONU ha escalado. Este organismo sostiene que las desapariciones en México podrían constituir delitos de lesa humanidad, una afirmación que el oficialismo rechaza.
Como es habitual, la narrativa gubernamental intenta situar el origen del problema en administraciones pasadas. Sin embargo, las cifras son contundentes: más de 50 mil desapariciones durante el sexenio anterior y cerca de 17 mil en lo que va de la actual administración, los números no solo reflejan una crisis persistente, sino también la incapacidad de construir una estrategia efectiva.
Dolor que no cesa
El drama de las desapariciones tuvo un rostro reciente en la despedida de Marco Antonio Sauceda, hijo de Ceci Flores, fundadora de Madres Buscadoras de Sonora. Sus restos fueron hallados en una fosa clandestina, un hallazgo que confirma la tragedia que viven miles de familias. Durante la ceremonia, la activista reiteró su compromiso de seguir buscando a otro de sus hijos desaparecidos. La solidaridad de organizaciones civiles de todo el país no logra mitigar el dolor, pero sí visibiliza una lucha que el Estado no ha sabido atender con eficacia.
Golpes al crimen organizado
En contraste, el Gabinete de Seguridad reportó el desmantelamiento de un laboratorio clandestino en Cosalá, Sinaloa, donde se producían drogas sintéticas a gran escala, el decomiso de precursores químicos representa un golpe significativo a las finanzas del crimen organizado, aunque insuficiente frente a la magnitud del problema.
Buen fin de semana. Sea feliz y recuerde: incluso en tiempos difíciles, la reflexión sigue siendo necesaria.
Eduardo Meraz y José Luis Sustaita, en Cambiando de Tema.