Carlos Peña, alcalde de Reynosa, terminó haciendo el oso durante la gira de Claudia Sheinbaum de este fin de semana. Resulta que en el primer evento de la presidenta en la localidad fronteriza ni silla le pusieron en el templete, y tuvo que pasar hasta el segundo para que, a media ceremonia, alguien se acordara de él. La orden para acomodarlo llegó en el peor momento posible: justo cuando el gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, estaba en pleno discurso. Ahí se armó el show. De un lado, porras para el alcalde; del otro, gritos para el gobernador. Todo frente a la presidenta, como si fuera ring de lucha libre política. Una escena incómoda, muy de vieja escuela, que dejó claro que en Tamaulipas no solo hay tensiones... también hay piques que ya ni disimulan.
Transcripción:
Carlos Peña, alcalde de Reynosa, terminó haciendo el oso durante la gira de Claudia Sheinbaum de este fin de semana. Resulta que en el primer evento de la presidenta en la localidad fronteriza ni silla le pusieron en el templete, y tuvo que pasar hasta el segundo para que, a media ceremonia, alguien se acordara de él. La orden para acomodarlo llegó en el peor momento posible: justo cuando el gobernador de Tamaulipas, Américo Villarreal, estaba en pleno discurso. Ahí se armó el show. De un lado, porras para el alcalde; del otro, gritos para el gobernador. Todo frente a la presidenta, como si fuera ring de lucha libre política. Una escena incómoda, muy de vieja escuela, que dejó claro que en Tamaulipas no solo hay tensiones... también hay piques que ya ni disimulan.
Herberto Rodríguez se bajó de la carrera por la presidencia del CCE Puebla... pero no lo hizo en silencio. Al contrario: soltó la bomba y luego se alineó con Juan Pablos Cisneros para armar un bloque y frenar que el grupo de los "constructores" siga mandando como si el organismo fuera su club privado. El timing no fue casual. Apenas un día antes, en plena sesión del Consejo de Coparmex Puebla, Herberto prendió fuego al micrófono. Se lanzó directo contra la cúpula y dijo que el CCE debía salirse "del camino de la continuidad, de la mediocridad y de la complicidad", ese donde --según él-- solo unos cuantos hacen negocio mientras los demás miran. Hoy la lectura es clarísima: no se bajó porque sí. Se bajó para sumar fuerzas, marcar territorio y dejar claro que la pelea no es por el cargo, sino por quién se queda con el control del tablero. Y en Puebla, eso siempre huele a guerra interna.