Transcripción:
A través de diversos modus operandi, expertos en robo de agua logran extraer miles de litros del liquido para venderlo en zonas con escasez.
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Escucha el especial con la producción de Diana Susano y René Garza
Natalia Matamoros
No hace falta ir al desierto para encontrar sequía. Basta con recorrer algunos sectores populares en Ciudad de México y Estado de México en temporada de calor. Mientras miles de familias se levantan temprano para llenar cubetas, otros, abren llaves clandestinas para robar agua como si fuera oro porque en esta ciudad y en su zona conurbada el huachicol ya no sólo es de gasolina: es de agua.
En barrios donde el líquido apenas llega por tandeo y por algunas horas a la semana, los vecinos aprendieron a sobrevivir con lo mínimo. Otros se surten en manantiales, pero no de forma abundante, ya que, también sufren racionamiento.
Mientras tanto, proliferan tomas ilegales en ductos, conexiones clandestinas a pozos, pipas que llenan sin permiso y hasta mafias locales que controlan el reparto. El agua, que debería ser un derecho, se convirtió en un negocio.
Robo de agua en CDMX
María Cuevas reside en el pueblo de San Miguel Xicalco, en la alcaldía Tlalpan. Ha sido testigo de lo complejo que es controlar el robo de agua en la región.
Relató que las tuberías que bordean parte del cerro y, que surten de agua potable a los cascos urbanos del sector, son perforadas por grupos que se dan a la tarea de vender el agua a los habitantes de las zonas de conservación, quienes sufren de escasez de agua en época de estiaje.
Utilizan herramientas rudimentarias para perforar los ductos que cargan el agua de los manantiales y, con la ayuda de bombas, extraen el líquido.
Después, lo transportan en pipas con capacidad de entre 2 mil 500 litros y hasta de 8 mil litros para, posteriormente, comercializarlas en las zonas de conservación de Santo Tomás Ajusco, Magdalena Petlacalco y San Miguel Xicalco.
Ahí, las fallas de suministro se acentúan en temporada de sequía, de acuerdo con Cuevas:
"Ellos van a los ojos de agua que es donde ya está entubado y ordeñan los tubos de agua para llenar sus pipas y venderlas, obviamente a un costo más elevado. Una pipa, en promedio, por fuera cuesta unos mil 200 pesos más o menos".
"Quienes roban son expertos"
Quienes extraen el agua de forma ilegal son expertos y no actúan solos, sino en complicidad. En este negocio, según Roberto Constantino, investigador de la Red de Agua de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), participan desde personal técnico hasta propietarios de pipas, coludidos con representantes de gobiernos municipales.
Para lucrar con el agua usan varios modus operandi:
Perforación de pozos.
Traspaso ilegal de líquido en pipas.
Ubicación de fugas.
Intervención de tuberías para hacer extracciones.
"Es gente con experiencia técnica que conoce tanto de procesos de perforación como de extracción de agua. Otra forma diferente de extracción ilegal de recursos hídricos tiene que ver con la perforación o derivación de las tuberías existentes.
Una forma muy común que requiere de un cierto conocimiento técnico para controlar la presión de flujo de las tuberías y hacer las derivaciones que permitan separar volúmenes importantes de agua".
En la zona del Ajusco, las áreas naturales donde son intervenidas las tuberías están fuertemente custodiadas. Y, una vez que hacen las sustracciones, no sólo ofrecen el agua en lugares donde hay serios problemas de escasez, sino también a hoteles, centros comerciales y grandes restaurantes de la Ciudad de México.
Aunque las autoridades gubernamentales a través de Comités de Agua tomaron medidas para regular la distribución y controlar las tomas ilícitas, el problema persiste en las zonas más vulnerables.
Incluso, emplearon sistemas de monitoreo de pipas y procesamiento de denuncias, señaló María Cuevas:
"Aquí se armaron estos comités. Había una representante por manzana y ella iba con lista en mano, así 'hoy le toca a tal' y 'tal persona tantos litros de agua'. Entonces eso ayudó mucho a que la distribución del agua se diera de forma equitativa, que a todos les tocara.
Que también la gente tomara conciencia de que hay un problema que va mucho más allá de la escasez porque también hay un problema de mala distribución del agua. Hay personas que se están lucrando con el agua bajo el argumento de que son sus territorios y que el agua es suya".
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Negocio en expansión
El Ajusco pertenece a la alcaldía Tlalpan, una de las zonas donde el Sistema de Aguas de la Ciudad de México detectó tomas ilegales en la Ciudad de México, junto con las alcaldías Álvaro Obregón y Miguel Hidalgo.
Desde 2018 hasta mayo de 2023, la institución documentó 124 extracciones ilegales (sin personas procesadas penalmente por ello):
8 tomas ilícitas en Tlalpan.
13 en Álvaro Obregón.
9 en Miguel Hidalgo.
7 en Azcapotzalco.
7 en Iztapalapa.
7 en Coyoacán.
6 en Xochimilco.
En San Lorenzo Huipulco, también ubicado en Tlalpan, las extracciones ilegales no cesan.
Las pipas son las principales en aprovecharse
Martha González señaló que esa práctica se convirtió en un negocio por la sustracción continua en 5 pozos. Aunque el agua es subsidiada por el gobierno local, hay piperos que incluyen domicilios falsos con el fin de desviarse de sus rutas para beneficiar a quienes están dispuestos a pagar grandes sumas de dinero por el líquido.
Ella es testigo de cómo traspasan el agua de un camión a otro para que los piperos particulares ofrezcan entre cinco y 10 mil litros de agua a un costo que oscila entre mil 500 y dos mil pesos a la población de San Andrés.
Se trata de una comunidad que, a su juicio, sufre los estragos de las fallas en la distribución por la incursión de estas mafias:
"Ahí llegan las pipas y cargan el agua. Normalmente tenemos diariamente más de 100 pipas cargando agua ahí, cada una entre 8 y 10 mil metros cúbicos. Entonces esa agua que las pipas sacan, algunas se estacionan en otros lugares y llegan otras pipas particulares.
Le traspasan el agua a esas pipas y se van, y esas pipas son las que se llevan el agua que esos piperos cargan aquí en esa garza".
La construcción de complejos residenciales no son la única fuente de acaparamiento de agua en Santa Úrsula y San Lorenzo Huipulco. En la vía entre ambas poblaciones hay dos pozos ubicados sobre Periférico y Río Xochimilco que son explotados por piperos para surtir las zonas altas.
Allí no sólo se surten los que están autorizados por el gobierno municipal, también se cuelan particulares para cargar y comercializarlo en las zonas desprovistas del líquido.
Así lo confirmó Rubén Mendoza, residente de Santa Úrsula, quien destacó que debido a ello, parte de la comunidad recibe agua por tandeos cada tres días:
"Se llevan un promedio de dos millones de metros cúbicos de agua diario. Solicité informes a la alcaldía para que me dijeran si ellos están abasteciéndose de esa agua para distribuirla a nuestros hermanos de las zonas altas y me dijeron que sí, que ellos tienen asignadas 60 pipas, pero en realidad son más de 200.
Ahí está el huachicoleo, ahora el agua es para todos, pero si esas aguas las llevan a las zonas altas y las venden, ahí está el negocio".
Extracciones a plena luz del día
Fuera de las fronteras de la ciudad, hacia el Estado de México, abundan los reportes en redes vecinales sobre la manipulación y la venta ilegal de agua que debería ser gratuita. Sobre todo en Chimalhuacán, Nezahualcóyotl y Ecatepec.
La diputada Miriam Mata, presidenta de la Comisión Legislativa de Recursos Hidráulicos del Congreso del Estado de México, indicó que en Ecatepec extraen agua desde cuatro puntos:
Lázaro Cárdenas.
Polígono 3.
Plaza Sendero.
Corralón.
En esos pozos la extracción no es una práctica clandestina, según Mata, porque a toda hora observan filas de pipas en los puntos de llenado. También, los sustractores usan tambos que llevan una manguera de conexión directa a los pozos y la distribuyen en triciclos y bicitaxis para su comercialización.
En ese sentido, detalló que en la sustracción ilícita participan hasta personas de la tercera edad, niñas y niños:
"Digamos que ya tienen identificado donde circula el agua, los horarios. Ya podemos ver un tema de formación de las pipas hasta tráileres extrayendo el líquido. Me han reportado en otros municipios, por ejemplo, los caudales de los ríos, los interponen con tablas, ponen muchísimas mangueras.
En otros municipios también tienen las tomas ilegales en los pozos y ya no es una o dos personas, es un tema más organizado".
Aunque las comunidades son conscientes del problema, en muchos casos no se atreven a denunciar por temor a represalias.
Por este delito, según Mata, no hay personas judicializadas y en la búsqueda de frenar la impunidad, se introdujo una propuesta legislativa para sancionar a todas las personas que participan en la cadena de planificación, extracción, distribución y venta del líquido.
"Lo que estamos proponiendo, en primer paso, es tipificar toda la cadena, desde la persona que lo extrae, si es una o más personas, si tiene esta colusión con las autoridades municipales, si los que están con toda esta red son servidores públicos, entonces lo agravamos.
También la transportación, los permisos, si se hace solamente para un grupo de personas la venta o si se hace con fines de lucro mayores".
Delito por robo de agua
En 2021 se aprobó la reforma al Artículo 480 del Código Fiscal 2022, que estipula que aquellos que obtengan agua por vías clandestinas y participen en su posterior comercialización, se les impondrán multas ente 18 mil y 37 mil pesos.
Sin embargo, esta disposición no es suficiente, opinó Mata, porque hacen falta sanciones más severas contra todos los actores que participan en la cadena para que no existan cabos sueltos que conduzcan a la impunidad.
Para Adriana Flores, investigadora del Centro Transdisciplinar de Sustentabilidad de la Universidad Iberoamericana, "más allá de un marco legal robusto, es indispensable que la comunidad organizada denuncie con firmeza estas irregularidades ante el Sistema de Aguas de la Ciudad de México, la Conagua y las alcaldías".
Asimismo, invitó a que ejerzan presión para que den seguimiento a las denuncias, pues de esta forma, podrán defender su derecho humano al agua, frenar las tomas ilícitas y castigar a los responsables:
"A la ciudadanía nos toca seguir denunciando. En primer lugar, ir claramente a meter una denuncia física a la Conagua por parte de los vecinos. La presión de los vecinos no puede ser sustituida por nada.
La prensa los ayuda muchísimo a visibilizar el problema, pero son los vecinos los que dicen: sí, nosotros que vivimos aquí con nombre y apellido vamos a demandar al Sacmex o a la Conagua su atención".
Los vecinos que denuncian no sólo están cuidando una toma, están cuidando un bien común. Están defendiendo el futuro líquido de sus hijos, su barrio y su dignidad.
Y, en un país donde estos ilícitos se filtran por las tuberías, la organización vecinal es, muchas veces, la única válvula de presión real para recuperar la justicia hídrica.