Transcripción:
Desigualdad y educación
Pablo Trejo Pérez Pablo Trejo Pérez@hotmail.com
La geopolítica del petróleo mexicano y el desarrollo a crisis en el Medio Oriente ha puesto, otra vez, sobre el tapete el papel del petróleo en la sociedad contemporánea.
El hecho es que dos de los cinco grandes productores (Rusia e Irán) están envueltos en conflictos de alto calado.
Cabe preguntarse cuál es la postura energética de México ante tal perspectiva, qué se debe hacer. ¿Es posible utilizar esta escalada de precios? ¿Cómo y para qué? Son preguntas que hay que empezar a plantear, más allá de la cuestión legislativa.
Quizá sea un deber cívico hacerlo.
No hay fenómeno más significativo para la sociedad mexicana y para su futuro que la conciencia nacional e internacional de que cuenta con disponibilidades de hidrocarburos naturales suficientes para sostener un importante excedente de exportación durante los próximos años.
Al mismo tiempo, han surgido en el debate nacional, dentro y fuera del gobierno, una gama tan amplia de esperanzas, frustraciones, dudas, y planteamientos sobre lo que se puede hacer con él antes de que se agoté.
Ese tema, sin duda, es otra de las grandes pesadillas que pesan sobre el futuro del país y que no se disipa por la mera explotación y exportación acelerada de las reservas.
Evidentemente se está en mucho mejor situación para enfrentar esa pesadilla cuando se tienen suficientes disponibilidades de petróleo para mantener durante años excedentes de exportación, que cuando no se tienen. Sin embargo hay circunstancias que menoscaban seriamente esta mejor situación relativa y justifican la preocupación por el futuro.
En primer lugar, la propensión a importar gasolinas y la pobre competitividad interna cional del resto de la economía incrementan la tasa de agotamiento de las reservas. No sólo no existe un programa nacional de conservación de energía, sino que los extraordinarios subsidios a su desperdicio, por la política de precios internos, debilitan el potencial de las reservas en la misma proporción.
En segundo lugar, hemos tenido un absoluto rechazo a las bondades de nuestra geografía: tenemos Tehuantepec, Baja California, el desierto de Sonora como sitios potenciales y privilegiados para las energías alternativas. Eso obscurece las perspectivas de que México mantenga en el largo plazo las ventas comparativas internacionales.
Dicho esto, la crisis entre Israel e Irán nos brinda algunas oportunidades y nos enfrenta, también a varios riesgos. Veamos algunos: En el mundo cada vez hay menos petróleo, así lo establece la Agencia Internacional de energía (IEA, por sus siglas en inglés), pero por motivos geopolítiCOS la escasez no se ha visto reflejada en un aumento de precios: hay una alta volatilidad.
Este escenario presenta una oportunidad para fortalecer la resiliencia de las operaciones ante la incertidumbre global. Esto subraya la importancia de innovar en tecnologías y sostenibilidad, alineándose con las tendencias globales hacia una transición energética.
A corto plazo, se beneficiarían los ingresos por exportaciones de crudo, sin embargo, dado que el país importa más del 70% de la gasolina que consume, el efecto neto sería negativo, puesto que el aumento en los precios internacionales encarecería los combustibles, presionando al alza la inflación y encareciendo el transporte, los alimentos y otros productos esenciales derivados del crudo.
Ahora bien, la actual situación, le exige a PEMEX altura de miras. Es decir, si el precio de la mezcla mexicana se mantiene alto, PEMEX podría tener un "respiro" en sus ingresos, siempre y cuando se incrementen los niveles de producción y se limite el subsidio a las gasolinas. Para fomentar el desarrollo nacional, entonces, habría que analizar el nuevo esquema de distribución fiscal con el que opera PEMEX Actualmente, la empresa se queda con el 70% de los ingresos, mientras que el 30% restante va al Gobierno federal. La tentación de replantear este esquema es muy grande.
Más aún si tenemos en cuenta que la inestabilidad del crudo a nivel internacional, está generando incertidumbre en los mercados financieros. Por experiencias pasadas sabemos que el peso mexicano es tradicionalmente sensible a eventos externos, por lo que podría depreciarse ante el dólar, generando que los inversionistas internacionales redirigieran su capital hacia activos más seguros.
Por supuesto, esto aún se mantiene en el ámbito de la especulación y el pronóstico. Por lo pronto, el impacto está siendo muy poco. Pero la posibilidad de una crisis comercial de alcance global debería mantener en estado de alerta al gobierno y las principales empresas del país. 4102
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