Transcripción:
Las familias en México fungen como protección ante el consumo de sustancias ilícitas, pues en su interior se mantiene el desarrollo de habilidades y valores que previenen factores de riesgo frente a las adicciones, consideran expertos en temas de familia e infancia.
Para Juan Martín Pérez García, coordinador de la iniciativa Tejiendo Redes Infancia, los núcleos familiares cumplen con su tarea central de ser un espacio de socialización, de desarrollo de habilidades y aportan elementos de protección que permiten que la mayoría de niños, adolescentes y jóvenes no tengan un uso problemático de sustancias.
En tanto, Israel Sánchez Martínez, encargado de despacho de la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), asegura que la atención y acompañamiento de los niños y adolescentes en casa, así como el fortalecimiento de valores, los alejan de las dinámicas de las drogas.
Ante la importancia que representan estos núcleos para la prevención del consumo de drogas y adicciones, los especialistas consultados por Excélsior llaman a la implementación de políticas ligadas a la familia.
Un espacio de cuidados
Factores que favorecen la protección dentro de las familias:
Relaciones positivas y cohesión entre sus integrantes.
Apoyo incondicional a los hijos, evitando sobreprotegerlos.
Estilos adecuados de comunicación y resolución de conflictos.
Vivencia rica del tiempo libre y hábitos de vida saludables.
Procurarles una educación en valores y actitudes.
Fomentarles una imagen positiva de ellos mismos.
Demuestra, con tu ejemplo, que puedes poner límites al uso y abuso de sustancias; convive con otras personas sin la necesidad de beber alcohol o consumir alguna otra droga.
Rompe con la idea de que en toda fiesta deben consumirse alcohol o drogas; así, niños y adolescentes aprenderán a no asociar dichas sustancias a la vida cotidiana o a la convivencia.
Familias el primer frente contra las drogas; UNPF llama a reforzar valores desde temprana edad
Expertos coinciden en que el papel de los núcleos familiares es fundamental para fomentar conductas sanas entre los niños, adolescentes y jóvenes; en su diversidad, las familias son espacios de protección, socialización y modelos culturales, aseguran.
La familia mexicana es un factor de protección ante el consumo de sustancias adictivas.
En medio de la diversidad familiar en México, en estos núcleos se mantiene el desarrollo de habilidades sociales para la vida en la mayoría de niñas, niños y adolescentes para prevenir factores de riesgo frente a las adicciones, coincidieron expertos en temas de familia e infancia.
“Hay que destacar que la gran mayoría de las familias mexicanas sigue cumpliendo su tarea central de ser un espacio de socialización, de desarrollo de habilidades y aportan elementos de protección que permiten que la mayoría de niños, adolescentes y jóvenes no tengan un uso problemático de sustancias”, señaló Juan Martín Pérez García, coordinador de la iniciativa Tejiendo Redes Infancia.
Un estudio de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo concluye que el ambiente familiar es parte importante para el desarrollo de los adolescentes debido a que es el principal lugar donde los hijos comienzan a desplegar sus habilidades sociales y donde se crean los primeros vínculos de apoyo.
Ante esto, si ese ambiente familiar no brinda al adolescente todas esas características, él comenzará a buscarlas en otro lugar, lo que puede incrementar la probabilidad de conductas disruptivas, como el consumo de alcohol y de drogas.
“Ya se ha establecido en la literatura académica, en los estándares internacionales, el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas ha establecido que el mejor lugar para que un niño desarrolle sus derechos es en las unidades familiares, porque las familias en su diversidad son espacios de protección, de redes de socialización, de modelos culturales, modelos de conducta”, insistió.
Israel Sánchez Martínez, encargado de despacho de la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF), expuso que los valores en las familias deben reforzarse también, ante la disponibilidad de sustancias a edades cada vez más tempranas.
“Los Centros de Integración Juvenil empiezan con niños que desde los ocho años comienzan a tener acceso a sustancias porque se acercan a las escuelas aquellos que quieren vender drogas”, indicó.
El mayor problema, dijo, está en las escuelas secundarias, que se han vuelto un nido para vender este tipo de estupefacientes. “Hemos visto que hay generaciones, a partir de los años setenta y ochenta (del siglo pasado), donde los padres trabajan y el niño queda un poco en esta desventaja”, remarcó.
Sánchez Martínez sostuvo que para fortalecer los valores en casa, tiene que empezarse desde edades más tempranas.
“Antes uno esperaba un poquito, a primero de secundaria, para empezar a fortalecer los valores en el sentido de la responsabilidad, de no tener vicios, de hacerse de una fortaleza de carácter, pero ahora lo hacemos desde más temprano porque estamos convencidos de que un adecuado sistema de valores, centrado en la familia, puede generar altos niveles de pertenencia para cualquier persona. Cuando los niños se sienten atendidos, acompañados, se alejan de todas estas dinámicas de las drogas, de los vicios”, aseguró.
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito advierte que varias investigaciones han confirmado la importancia de la comunicación paterno-filial en el tema de las conductas adictivas.
Los vínculos débiles y las relaciones de insatisfacción respecto al medio socializador familiar han sido señalados por algunos autores como fuertes factores de riesgo a tener en cuenta en el consumo de drogas entre adolescentes.
De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco de 2017, la más reciente, 39.8% de las y los adolescentes ha probado alguna vez alcohol y 8.3% reconoce que ya ha tenido un consumo excesivo. Incluso, 53% de quien lo consume habitualmente admitió haberlo hecho por primera vez a los 17 años, o antes.
Respecto al consumo de tabaco, la mitad de las y los estudiantes de 17 años (52%) dijo que ha fumado alguna vez, mientras que 23% señaló fumar habitualmente.
En cuanto al consumo de drogas ilegales, 6.2% de los adolescentes de entre 12 y 17 años ha consumido drogas ilegales; 5.3% de ellos consumió mariguana; 1.1%, cocaína y 1.3%, inhalables por lo menos una vez durante el último año de la aplicación de la encuesta.
En este contexto, el gobierno federal plantea que las familias son fundamentales para la prevención de adicciones en niñas, niños y adolescentes.
Se necesitan más políticas de familia
Los especialistas consultados por Excélsior afirman que los núcleos familiares son clave para prevenir adicciones, por lo que urgen políticas ligadas a la familia.
“El problema es el tiempo que padres y madres no están con los hijos porque ambos trabajan. Las políticas relacionadas con las familias todavía no están conectadas con el ámbito de la productividad y esto ha sido una de las principales causas de por qué se han fortalecido algunas problemáticas, sobre todo en familias muy jóvenes”, indicó Israel Sánchez.
Por su parte, Juan Martín Pérez García, experto en temas de infancia, advirtió que cuando las unidades familiares comienzan a tener ruptura de redes de protección o incluso de proveer lo básico, se corre el riesgo de que, en lugar de ser un factor protector de conductas disruptivas, se vuelvan un factor de riesgo.
El problema, resaltó, es que hasta ahora las familias han hecho el esfuerzo por su propia cuenta y se ha carecido de una buena respuesta oficial frente a temas de consumo de drogas porque escasean los programas de salud pública sobre ese problema.
“Pese a que somos un país de tránsito, que tenemos una fuerte disponibilidad y que grupos criminales han ido generando un mercado interno de consumidores, aun así las familias han logrado, en su diversidad y sus limitaciones, resistir. En adolescentes y jóvenes, si bien ha ido creciendo el consumo, no tenemos de ninguna manera comparativo con Estados Unidos, pero lo han hecho las familias solas, con todos los elementos que ya vienen de nuestra propia tradición cultural, de cuidado, de proteger a nuestros hijos”, indicó.
Ante este panorama, Pérez García hizo un llamado a que en el país se desarrollen políticas públicas desde la salud y entender que el consumo de sustancias no es un crimen, sino un problema de salud pública que necesita respuestas integrales desde ese sector.
“Y esto implica desarrollar habilidades sociales para la vida, implica ayudar a aquellos que ya están en un consumo problemático, ayudar a aquellos que van a decidir no dejar de consumir para que tengan una reducción del daño y, sobre todo, prevenir el consumo de sustancias, no solamente éstas que llamamos ilícitas, sino las que más daño causan, que son el alcohol y el tabaco.
“Agregaríamos, ya de manera reciente por los datos de la Organización Mundial de la Salud, el azúcar y las grasas, que son sustancias que entran a nuestro cuerpo y dañan nuestra salud”, concluyó.