Resumen:
Con Petróleos Mexicanos, los neoliberales sí llevaron a cabo la máxima de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias; no puede haber una empresa más mexicana y a la vez más explotada, minimizada y ridiculizada por la oligarquía, que PEMEX. Su historia es también la historia de nuestro país, pero es una empresa que ya sufrió mucho, durante décadas fue tratada como botín político y caja chica por los gobiernos del PRIAN, y bajo el disfraz del neoliberalismo económico, construyeron una lógica perversa de debilitar a Pemex, entregarla a intereses privados y abrir las puertas a prácticas de corrupción que alcanzaron niveles escandalosos.
Transcripción:
Con Petróleos Mexicanos, los neoliberales sí llevaron a cabo la máxima de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias; no puede haber una empresa más mexicana y a la vez más explotada, minimizada y ridiculizada por la oligarquía, que PEMEX. Su historia es también la historia de nuestro país, pero es una empresa que ya sufrió mucho, durante décadas fue tratada como botín político y caja chica por los gobiernos del PRIAN, y bajo el disfraz del neoliberalismo económico, construyeron una lógica perversa de debilitar a Pemex, entregarla a intereses privados y abrir las puertas a prácticas de corrupción que alcanzaron niveles escandalosos.
El caso Odebrecht es el ejemplo más claro de cómo se usó a Pemex como pasarela para negocios turbios. A través de sobornos millonarios, contratos inflados y favores políticos, se creó una red criminal que operó con absoluta impunidad durante los sexenios de Calderón y Peña Nieto. Los nombres de Emilio Lozoya y Carlos Treviño, ambos exdirectores de Pemex, son apenas la punta del iceberg de un sistema de corrupción profundamente enraizado, donde las decisiones de la empresa más importante del país no respondían al interés nacional, sino al beneficio de un pequeño grupo que se enriqueció a costa de todos los mexicanos.
Pemex fue debilitada de manera deliberada, se le cargaron deudas impagables, se distorsionaron sus finanzas y se construyó la narrativa de que era una empresa ineficiente que debía abrirse a la inversión privada. No era ineficiencia, era saqueo. El modelo así lo exigía, o sea, el neoliberalismo impuesto en aquellos años, el cual no significó libertad para el pueblo, sino privilegios para unos cuantos. Fue un proyecto diseñado para despojar a México de uno de sus recursos estratégicos más valiosos: el petróleo.
Hoy vemos que la justicia, aunque tarde, alcanza a quienes pensaban que su poder era intocable. Lozoya enfrenta un proceso judicial que exhibió los entramados de sobornos con Odebrecht, y ahora Carlos Treviño ha sido detenido para responder por actos de corrupción. Estos hechos confirman que la impunidad no puede ser eterna, y que tarde o temprano los responsables deben rendir cuentas. No basta con señalar la podredumbre del pasado, debemos garantizar que nunca más se repitan esas prácticas.
Desde el Senado de la República seguiremos pugnando porque Pemex sea verdaderamente una empresa al servicio de la nación, que sus recursos se traduzcan en desarrollo, inversión productiva, empleos y bienestar para todos los mexicanos. No permitiremos que vuelva a ser usada como un botín político ni como un negocio privado de funcionarios corruptos. Pemex debe ser el motor de una transición energética soberana que combine la riqueza de nuestros hidrocarburos con la apuesta por nuevas energías limpias, pero siempre bajo la lógica de que la riqueza nacional pertenece al pueblo de México.
El PRIAN dejó a Pemex herida, endeudada y desprestigiada. Nosotros tenemos la responsabilidad histórica de rescatarla, sanearla y devolverle su papel estratégico. Que la detención de Treviño sea un recordatorio de que nadie está por encima de la ley. Y que Pemex, lejos de ser un botín de unos cuantos, vuelva a ser lo que siempre debió ser: una empresa orgullosamente mexicana, al servicio de la patria y de su gente.
POR SAÚL MONREAL
SENADOR DE LA REPÚBLICA
@SAUL_MONREALA
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