Transcripción:
Señores, señoras que le llevan la imagen a Ebrard, tranquilos porque lo que viene es disfrazarlo de conejito y ponerlo a dar saltitos en la pradera de la política mexicana mientras muerde su zanahoria que le da Liópez Obrador...
Los que aspiran a ser candidatos hacen muchas cosas raras en público
il necesita ayuda. El proble-
ma: imagine que usted es el
autor o la autora de una co-
lumna diaria, fársica, burlo-
na, irreverente, si se quiere, y no pocas veces gruñona. A veces queda bien; otras ocasiones, el que pergeña las líneas escribe dormido; unas más, de plano no da una y si la suerte no le falla de pronto da en el blanco; en fin, el noble magisterio del periodismo, mju, así lo impone con sus leyes de gravedad: la presión del tiempo, el nerviosismo, la desorientación y esa cosa rara que llaman realidad mexicana.
Pero Gilga aún no explica el problema. Amanece un día de julio muy temprano, da los primeros pasos del día y se sirve un café. Apenas despierta el cerebro de Gamés, en caso de que lo tenga y no haya sido jibarizado por sus adversarios, Gilga recoge del piso su periódico MILENIO de papel. La portada es de concurso, pues una fotografía grande muestra al ex canciller Ebrard, precandidato sin precandidatura en busca de la coordinación de la defensa de la 47, el ex canciller trae puesto en la cabeza un sombrero (podría llevarlo puesto en un hombro) y baila rodeado de muchachas de Naucalpan la famosa y no menos estrujante canción “No rompas más mi pobre corazón” interpretada por el gran Caballo Dorado. Sí, la que se baila en las bodas, esa que requiere de memoria y ritmo para dar unos pasos de ladito y otros atrás y unos más hacia adelante. Y se preguntarán cuál es el problema. ¿Usted ignoraría la fotografía? Escribiría su gacetilla sin reparar en esa imagen estruendosa.
Fulminado por el ridículo
Gil no la pudo pasar por alto. Sintió una presión en el estómago. Y aquí está ahora, repantigado en el mullido sillón pensando obsesivamente en Marchelo bailando a Caballo Dorado. ¡Caracoles! Camisa de manga corta, pantalón caqui, zapato café, sus tradicionales lentes y los pulgares que sobresalen de los puños: “No rompas más mi pobre corazón/ Estás pegando justo entiéndelo”.
Gilga no se asusta ni se cuece al primer hervor, sabe muy bien que en tiempos electorales los que aspiran a ser candidatos a cualquier cargo de elección popular hacen muchas cosas raras en público. De acuerdo, pero no necesariamente se tiene que ser el maestro del ridículo. Un poquito de por favor; señores, señoras que le llevan la imagen a Ebrard, tranquilos porque lo que viene es disfrazarlo de conejito y ponerlo a dar saltitos en la pradera de la política mexicana mientras muerde su zanahoria que le da Liópez Obrador. Los aspirantes a un cargo de elección popular deberían preguntar en el cuarto de guerra y con toda seriedad: ¿cuántas veces tengo que hacer el ridículo? ¿Diez hechos grotescos? ¿Quince esperpentos? Ebrard cumple con la cantidad que se le ha exigido: saluda como Chabelo, ofrece fotos de su infancia en el Simón Bolívar, pedalea la bicicleta, le pellizca los cachetes a Evo Morales, se pinta cara pintada de la Catrina, en fon.
La SEP desacata
Gil lo leyó en su periódico La Crónica en la primera plana. Aquí vamos: “Una orden de un juzgado sobre los libros de texto, autoría intelectual de Marx Arriaga, un cercano de Palacio Nacional que trabaja en la SEP, fue desacatado por la dependencia que comenzó la distribución de libros; en tanto, el juzgado que ordenó la suspensión como medida cautelar para proteger el derecho a la educación, requirió a la SEP presentar pruebas de que no había incurrido en desacato”.
Por cierto, la SEP reparte los libros de texto sin matemáticas de primero, segundo y tercero de primaria. Se sabe, los números son neoliberales. Hay que contar con piedras y otros lenguajes; pedregal es grande, arcilla chica: a ver niño, pedregal más arcilla igual a... mmm, no sé.
Los profesores y pedagogos, reporta la nota de su periódico Crónica, exponen que ningún profesor o investigador conoce la pedagogía, pues no hubo ni pruebas piloto ni capacitación y está plagada de ideas “liberadoras de los oprimidos y, por supuesto, de la convicción de que la transformación” debe ser parte de lo que impregne la mente de los alumnos de primero, segundo y tercer grado de primaria. ¿Estamos locos? Definitivo: sí.
Todo es muy raro, caracho, como diría Jules Renard: “Pensar es buscar claros en un bosque”.
Gil s'en va