Después del Informe: Ver el país con ojos críticos


Resumen:

El primer informe de la presidenta Claudia Sheinbaum representa una oportunidad invaluable para abrir un diálogo público serio, informado y constructivo sobre el rumbo del país. Si bien reconocemos el tono sobrio y la intención de continuidad que impregnó su mensaje, es nuestro deber ciudadano y como representantes del sector empresarial comprometido con México señalar que el país necesita mucho más que optimismo discursivo.

Transcripción:

El primer informe de la presidenta Claudia Sheinbaum representa una oportunidad invaluable para abrir un diálogo público serio, informado y constructivo sobre el rumbo del país. Si bien reconocemos el tono sobrio y la intención de continuidad que impregnó su mensaje, es nuestro deber ciudadano y como representantes del sector empresarial comprometido con México señalar que el país necesita mucho más que optimismo discursivo.

Los datos expuestos contrastan significativamente con la realidad de millones de mexicanos. A pesar de que se presumió un abasto de medicamentos superior al 90%, persisten denuncias de desabasto en múltiples estados, incluso en tratamientos oncológicos. La afirmación de una economía fuerte con crecimiento estimado de 1.2% palidece frente al estancamiento de la inversión privada nacional, la caída de la inversión pública en más de 35%, y un déficit fiscal proyectado en 3.9% para 2025, contenido a costa de recortes a salud, educación e infraestructura.

Nos preocupa la seguridad pública. Si bien hubo menciones a la baja en homicidios dolosos, se omitieron temas fundamentales como el incremento de desapariciones, la expansión territorial del crimen organizado y la creciente militarización de funciones civiles. La paz que anhelamos no se construye solo con cifras selectas, sino con instituciones sólidas, coordinación efectiva y atención a las víctimas. La seguridad no puede seguir siendo tratada con narrativas triunfalistas mientras miles de familias viven en zozobra.

En el terreno institucional, el llamado "segundo piso" de la 4T presenta señales alarmantes. La reforma judicial, en apariencia democratizadora, ha sido señalada por expertos y ciudadanos como un riesgo de concentración de poder. La eliminación de organismos autónomos y el debilitamiento de contrapesos como el INAI atentan contra la transparencia, el derecho a saber y la rendición de cuentas, pilares de toda democracia. No puede hablarse de justicia cuando se socavan los mecanismos que garantizan legalidad e imparcialidad.

Desde COPARMEX reafirmamos que el desarrollo de México no será posible sin instituciones independientes, respeto pleno a la libertad de expresión y condiciones propicias para la inversión, el empleo y la innovación. El discurso anticorrupción pierde credibilidad cuando se acumulan escándalos de opacidad, enriquecimiento inexplicable y represión a voces críticas en medios y redes sociales. La confianza no se impone, se construye, y hoy esa tarea es urgente.

Reconocemos avances importantes en inclusión social, como el fortalecimiento de pensiones y becas, así como la visión de una presidenta que coloca la igualdad de género al centro de su narrativa. Pero estos logros deben traducirse en políticas públicas eficaces, con presupuestos suficientes y evaluación rigurosa, no solo en promesas desde Palacio Nacional.

México no necesita discursos triunfalistas sino un gobierno que escuche, que corrija el rumbo y que construya confianza. Hoy, más que nunca, requerimos consensos y no imposiciones, participación ciudadana y no concentración de poder, resultados verificables y no propaganda.

Estamos listos para colaborar con un gobierno que promueva la libertad, la legalidad, la solidaridad y la subsidiariedad. No buscamos confrontación, sino corresponsabilidad. El país reclama una visión de largo plazo, una agenda de desarrollo integral y sostenible que coloque a las personas al centro de las decisiones públicas.

Con respeto, pero con firmeza, exigimos que el optimismo se traduzca en hechos, que las promesas se cumplan y que el bienestar no sea solo una meta discursiva, sino una realidad tangible para todas las familias mexicanas. Porque solo con verdad, trabajo conjunto y visión de futuro, México podrá caminar hacia una democracia plena y una economía justa, incluyente y competitiva.