Transcripción:
MILENIO
Milenio Diario
Sección: Justicia
2025-12-09 02:51:49
EL ASALTO A LA RAZÓN
CARLOS
MARÍN
cmarin@milenio.com
@CarlosMarin_soy
Terrorismo y terror
a la palabra
Para el sentido común y la experiencia coti-
diana es ofensivo que se discuta si la explo-
sión de un coche bomba eso no terrorismo.
Lo ocurrido el sábado en Coahuayana, Michoacán
(cinco muertos y 7 lesionados) no es una rareza se-
mántica ni un dilema doctrinal: provoca terror, busca
infundir miedo colectivo. Es una estrategia criminal
para someter amplios territorios.
El 1 de enero de 1994 aterrorizaron las explosiones
de coches bomba en un centro comercial de la capital
(cinco heridos), otra frente al llamado "palacio fede-
ral" de Acapulco, y en junio siguiente una en Guadala-
jara (cinco muertos, diez heridos), y 12 años después
(6 de septiembre de 2006) fue terrorífico que tiraran
cinco cabezas humanas en un centro nocturno de
Uruapan, Michoacán.
Quienes insisten en que el terrorismo persigue fi-
nes "políticos, ideológicos o religiosos" parecen ig-
norar que los criminales llevan más de 20 años per-
siguiendo el control político: imponen a sus ope-
radores en municipalidades, financian campañas,
manipulan elecciones, cobran derecho de vida en co-
munidades enteras y amedrentan a gobernadores, al-
caldes y hasta autoridades "de más arriba".
¿No persiguen un fin político? ¿Llamarlos terro-
ristas aplica solo si sus perpetradores usan turbante
y hablan árabe, inglés o francés?
El bombazo del sábado está precedido por horrores
que cualquier país civilizado
reconocería como terroris-
mo: decapitaciones, descuar-
tizamientos, cuerpos colga-
dos en puentes, fosas clandes-
tinas, etcétera, etcétera.
Asumir que es terrorismo
no significa "acatar" o "so-
meterse" a Donald Trump
sino aplicar el Código Penal
Federal (artículo 139), respaldar la definición de las
Naciones Unidas y respetar los acuerdos internacio-
nales aprobados por el Senado.
Hasta la Fiscalía General de la República lo enten-
dió así... durante unos minutos, y reculó:
En su comunicado inicial calificó de "terrorismo"
lo sucedido en Coahuayana, pero después, deduzco
que modificado por la fiscal Ernestina Godoy, degra-
dó el delito a "delincuencia organizada", como si un
coche bomba fuera equiparable al viejo delito de "aso-
ciación delictuosa", y no un recurso dirigido a parali-
zar a toda una región mediante el miedo.
No es jurídico el problema: es político y cultural.
En el obradorato se ha extendido el puritanismo
conceptual de su patriarca: temor a llamar las cosas
por su nombre.
La explicación parece ser que, de reconocer el gobier-
no que en México hay terrorismo, sería aceptar que per-
dió el control territorial y existen zonas de excepción
donde las bandas criminales operan de facto como in-
surgencias armadas con fines de dominio político.
Por eso la insistencia en eufemismos, como si el
lenguaje moraloide pudiera borrar la realidad o re-
ducirla a trámite.
Es terrorismo, sin duda, y la necedad oficial por ne-
garlo, tiene consecuencias: diluye la gravedad de los
hechos, impide clasificar adecuadamente los riesgos,
obstaculiza la cooperación institucional e internacio-
nal y, lo peor de todo, normaliza la barbarie...
Por eso la insistencia
en eufemismos,
como si el lenguaje
moraloide pudiera
borrar la realidad