De nuevo, candidatos demócratas blancos


Resumen:

Hace casi un año, los demócratas se enorgullecían -y preocupaban- por la cantidad y la diversidad ideológica, racial y de género de los aspirantes a la candidatura presidencial de su partido.

Eran prácticamente una veintena de precandidatos que representaban a casi todos los grupos que forman la coalición política demócrata -blancos, negros, latinos, asiáticos, heterosexuales, homosexuales, hombres blancos gay, mujeres socialistas, multimillonarios, etc-.

La pluralidad fue puesta como ejemplo ante la homogeneidad del Partido Republicano, visto como de hombres blancos, especialmente anglosajones.

Pero en los últimos meses de 2019 había crecientes críticas sobre las desventajas reales o percibidas para aspirantes de origen étnico, en especial para obtener proyección en las campañas del partido.
Así, la salida de la senadora Kamala Harris a principios de diciembre y el retiro de Julian Castro, el único aspirante latino, ayer, a pocas semanas del inicio de la temporada primaria, pusieron de relieve quejas sobre obstáculos.

Quedan ahora los afroestadounidenses Cory Booker (senador) y Deval Patrick (exgobernador de Massachussetts), así como el empresario Andrew Yang, de padres taiwaneses, como candidatos étnicos.

Pero la mayoría, y por eso los favoritos, son otra vez de raza blanca: el exvicepresidente Joe Biden, los senadores Bernie Sanders (judío), Elizabeth Warren, Amy Klobuchar y Michael Bennett; los diputados Tulsi Gabbard y John Delaney; el alcalde de South Bend (Indiana) Pete Buttigieg (gay); los multimillonarios Tom Steyer y Michael Bloomberg, y la activista Marianne Williamson.

Las críticas a los demócratas señalan que la coalición electoral demócrata se basa en buena medida en grupos étnicos, que pese a su importancia no se ven representados en los niveles políticos superiores.

El partido de Barack Obama, primer afroestadounidense que llegó a la Casa Blanca, enfrenta ahora la realidad de que su próximo candidato presidencial será precisamente un hombre blanco que deberá congraciarse con las minorías.

En noviembre, un grupo de aspirantes, incluso Castro, envió una carta al Comité Nacional Demócrata con un llamado por facilitar la inclusión de más candidatos de color en los debates entre aspirantes y por buscar una mayor diversidad en los estados que importan en las elecciones primarias, que comienzan en el medio oeste y el noreste.

Una buena parte de la población, especialmente de minorías como la latina y en concreto la de origen mexicano, está asentada en el oeste y el suroeste, en estados como Texas, California, Nevada y Colorado.

Transcripción:

Hace casi un año, los demócratas se enorgullecían —y preocupaban— por la cantidad y la diversidad ideológica, racial y de género de los aspirantes a la candidatura presidencial de su partido.

Eran prácticamente una veintena de precandidatos que representaban a casi todos los grupos que forman la coalición política demócrata —blancos, negros, latinos, asiáticos, heterosexuales, homosexuales, hombres blancos gay, mujeres socialistas, multimillonarios, etc—.

La pluralidad fue puesta como ejemplo ante la homogeneidad del Partido Republicano, visto como de hombres blancos, especialmente anglosajones.

Pero en los últimos meses de 2019 había crecientes críticas sobre las desventajas reales o percibidas para aspirantes de origen étnico, en especial para obtener proyección en las campañas del partido. Así, la salida de la senadora Kamala Harris a principios de diciembre y el retiro de Julian Castro, el único aspirante latino, ayer, a pocas semanas del inicio de la temporada primaria, pusieron de relieve quejas sobre obstáculos.

Quedan ahora los afroestadounidenses Cory Booker (senador) y Deval Patrick (exgobernador de Massachussetts), así como el empresario Andrew Yang, de padres taiwaneses, como candidatos étnicos.

Pero la mayoría, y por eso los favoritos, son otra vez de raza blanca: el exvicepresidente Joe Biden, los senadores Bernie Sanders (judío), Elizabeth Warren, Amy Klobuchar y Michael Bennett; los diputados Tulsi Gabbard y John Delaney; el alcalde de South Bend (Indiana) Pete Buttigieg (gay); los multimillonarios Tom Steyer y Michael Bloomberg, y la activista Marianne Williamson.

Las críticas a los demócratas señalan que la coalición electoral demócrata se basa en buena medida en grupos étnicos, que pese a su importancia no se ven representados en los niveles políticos superiores.

El partido de Barack Obama, primer afroestadounidense que llegó a la Casa Blanca, enfrenta ahora la realidad de que su próximo candidato presidencial será precisamente un hombre blanco que deberá congraciarse con las minorías.

En noviembre, un grupo de aspirantes, incluso Castro, envió una carta al Comité Nacional Demócrata con un llamado por facilitar la inclusión de más candidatos de color en los debates entre aspirantes y por buscar una mayor diversidad en los estados que importan en las elecciones primarias, que comienzan en el medio oeste y el noreste.

Una buena parte de la población, especialmente de minorías como la latina y en concreto la de origen mexicano, está asentada en el oeste y el suroeste, en estados como Texas, California, Nevada y Colorado. Otros, como Florida, Nueva York, Nueva Jersey e Illinois tienen una población hispana más diversa —puertorriqueños, dominicanos, cubanos, centroamericanos—.

Ahora no parece importante, pero se espera que en 2050 la combinación de las minorías latina, afroestadounidense y asiática sea más de 50 por ciento de los estadounidenses.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS
[email protected] @CARRENOJOSE1

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