El Espectador // Los archivos de la CIA sobre Luis Echeverría


Resumen:

Los archivos de la CIA sobre Luis Echeverría.

Transcripción:

OPINIÓN EL ESPECTADOR HIROSHI TAKAHASHI

Los archivos de la CIA sobre Luis Echeverría

El 6 de agosto de 2025, tras casi tres años de espera, la CIA nos entregó la respuesta final a una solicitud bajo la Ley de Libertad de Información (FOIA). La petición, registrada en julio de 2022, pedía acceso a los archivos que el FBI y la CIA habían acumulado sobre Luis Echeverría Álvarez, presidente de México entre 1970 y 1976. El expediente liberado consta de siete documentos: dos completos, cinco con tachaduras y varios más negados en su totalidad, amparados en la lógica opaca de la "respuesta Glomar", ese "ni confirmar ni desmentir" que encierra más sospechas que certezas.

Lo que salió a la luz es más un archivo muerto que un retrato vivo de un país al filo de la implosión. El informe central, fechado en 1969, se lee como un diagnóstico temprano de las grietas que todavía marcan a México: desigualdad rural, descontento juvenil, crisis de credibilidad del partido en el poder. "La fachada de democracia política ya no es suficiente", advierte uno de los pasajes.

Los analistas de Langley, con prosa burocrática y precisión quirúrgica, describen un país en el que la estabilidad posrevolucionaria había incubado su propia fragilidad. "El extraordinario progreso económico y la estabilidad política del país a lo largo de los años han animado al público a esperar más de lo que el gobierno es capaz de ofrecer".

Pero los cables consignan que ese gigante llamado PRI mostraba signos de fatiga: protestas en las regiones, un PAN que arañaba votos en las ciudades, y un descenso claro en el respeto a la figura presidencial. "La intensidad de las protestas de los últimos años parece haber sido en parte una respuesta a la personalidad y el estilo del presidente Díaz Ordaz, y el tradicional alto respeto por la persona del presidente ha disminuido notablemente bajo su administración". La evaluación insistía en una paradoja: los profesionales, empresarios y sindicalizados habían prosperado, mientras que millones de campesinos y ejidatarios seguían atrapados en la pobreza. Echeverría, todavía secretario de Gobernación, reconocía en privado que ese era "el problema número uno" del país.

El perfil que la CIA trazó de él está lleno de tensiones. Era descrito como "altamente inteligente, trabajador y con sobresaliente capacidad para absorber ideas". Su papel en la represión estudiantil de 1968 y su empeño en que no resurgieran las protestas en 1969 eran calificados como logros, prueba de que estaba dispuesto a usar "el poder del gobierno sin dudar". Para los jóvenes que exigían apertura política, aquello fue devastador: "La elección de Echeverría sin duda destrozó cualquier esperanza de una nueva dirección en la política interna". En la visión de los analistas, más que un presidente, era "el policía en jefe".

Un informe incluso señala que "el nivel educativo de una proporción significativa de la gente y su creciente sofisticación política...los han llevado a cuestionar los valores tradicionales del país e incluso a protestar contra el estilo, si no la forma, de gobierno; hay una creciente renuencia a aceptar la mera fachada de la democracia política".

La conclusión más cruda de los documentos es que su ascenso sirvió para blindar a Díaz Ordaz y cerrar la herida de Tlatelolco. La CIA lo interpretaba como un movimiento de continuidad: no un giro hacia la democratización, sino la garantía de que nada reabriría el expediente de la matanza. Esa lectura se confirma en un pasaje donde se afirma que la designación de Echeverría buscaba proteger el lugar de su antecesor en la historia. "Este grupo en particular es probable que crea que la elección de Echeverría, quien estuvo involucrado en la crisis estudiantil, es la manera de Díaz Ordaz de asegurar que no haya un reexamen público de Tlatelolco, así como de proteger su lugar en la historia de México".

Los papeles desclasificados por la CIA no ofrecen revelaciones espectaculares, pero SÍ una pieza faltante en el rompecabezas: cómo observaba la inteligencia estadounidense a un país que, bajo la superficie del crecimiento económico, hervía de descontento.

Medio siglo después, esas páginas muestran a un líder que encarnaba la "mano firme" de un sistema obsesionado con perpetuarse, incluso a costa de sacrificar cualquier promesa de cambio. hiroshi@oem.com.mx