El Guano: fuga por una puerta falsa... literal


Resumen:

Una vivienda de ladrillos blancos y azules. Con dos pisos, tragaluz y una cisterna pequeña. Con portón negro y una rampa de concreto que lleva a una cochera con una falsa puerta al fondo que conduce a unos cerros con precipicios afilados por donde, ; se presume, escapó por ' última vez El Guano, el último gran patriarca del clan Guzmán Loera.

Transcripción:

Una vivienda de ladrillos blancos y azules. Con dos pisos, tragaluz y una cisterna pequeña. Con portón negro y una rampa de concreto que lleva a una cochera con una falsa puerta al fondo que conduce a unos cerros con precipicios afilados por donde, ; se presume, escapó por ' última vez El Guano, el último gran patriarca del clan Guzmán Loera.

Así fue descrita una de las casas del hermano mayor del Chapo Guzmán por vecinos del Durazno, en lo profundo de Tamazula, Durango, a efectivos de la Secretaría de Marina.

Por aire y tierra, las fuerzas armadas buscaron al misterioso capo entre el 23 y 24 de febrero con el objetivo de ponerlo en manos de autoridades de Estados Unidos, quienes lo consideran la segunda persona más relevante del cártel de Sinaloa, solo por debajo de Ismael El Mayo Zambada.

La búsqueda del Guano fue afanosa durante todo el operativo. “Terca”, dijo uno de los marinos que participó en el intento de arresto y que conversó con MILENIO a cambio de anonimato. Desde las faldas de la Sierra Madre Occidental, los agentes fueron recogiendo información de vecinos del Triángulo Dorado a veces falsa, a veces con miedo y contrastándola con los datos aportados desde la Fiscalía General de la República (FGR) para hacer más efectivo su rastreo.

El dato de la casa blanquiazul coincidía. También la de una construcción de muros grises con aspilleras que fue ubicada por un helicóptero artillado de las fuerzas armadas. Pero para cuando los marinos pudieron llegar hasta esos escondites en El Durazno, El Guano parecía que se había convertido en polvo.

“Lo alertaron mucho antes de que pudiéramos llegar. Ni siquiera estuvimos cerca de atraparlo... nos llevaba como una hora de ventaja”, contó el marino, incapaz de disimular su frustración. Según él,

El Guano tiene en su lista de asesinatos a varios compañeros que han querido detenerlo desde, al menos, 2016. “Hubiera sido más rápido llegar en helicóptero, pero era casi imposible aterrizar sin que nos derribaran”.

En las casas vacías cateadas, los marinos encontraron las huellas de un hombre que duerme bajo un crucifijo, con la Biblia de un lado y una pistola calibre 9 milímetros del otro. No usa camisas llamativas como la Barabas azul del Chapo ni joyería extravagante como la de Ovidio; en cambio, encontraron camisas sencillas, blancas, jeans discretos y botas de campesino. No hay rastros de botellas de whisky ni excesos: siendo uno de los mayores narcotraficantes del mundo, ya no bebe alcohol, no fuma ni consume drogas. Su vicio, dicen en Durango, es el poder.

Ante todo, la discreción
El regreso de los marinos a Ciudad de México con las manos vacías pulverizó la esperanza que había en el gobierno federal de su captura: los informes de inteligencia criminal cuentan que a sus 78 años —o 79, porque ni siquiera el Departamento de Justicia de Estados Unidos lo sabe con certeza— su salud está diezmada por una avanzada diabetes que afecta su velocidad para moverse por las barrancas del Pacífico. Por eso creían que sería un blanco fácil.

Aún así, Aureliano Guzmán Loera vale como si fuera un atleta bañado en oro: el gobierno de Estados Unidos ofrece 5 millones de dólares por su captura. El tamaño de la bolsa exhibe su peso en el tablero del crimen organizado binacional.

En noviembre de 2019, autoridades judiciales en Arizona le imputaron cuatro cargos criminales relativos al tráfico internacional de heroína, cocaína y fentanilo. Tres meses después, de nuevo en este estado, le brotaron dos cargos más por distribuir desde México hacia territorio estadunidense kilos de narcóticos.

Los seis delitos son suficientes para atarlo a una cadena perpetua como la de su hermano El Chapo; tan anhelado es su castigo que el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas le abrió su propio email para recibir información que lleve a su captura: guano-tips Odhs.ice.gov. Pero El Guano parece que está dispuesto a hacer todo lo necesario para morir como un hombre libre. Fuentes federales confirmaron que, a diferencia de sus sobrinos Los Chapitos, Aureliano no usa teléfonos inteligentes, no se toma fotografías —nadie sabe hoy con exactitud su apariencia salvo por dos viejas imágenes— y no se deja ver en las zonas urbanas. Por viejo y por diablo ha aprendido de los errores de otros, incluida su familia.

Un documento de la Secretaría de la Defensa Nacional titulado “Infn.

Guano” y expuesto públicamente por el colectivo de hackers Guacamaya Leals, exhibe la red de ojos que lo cuida de las fuerzas armadas: brazos armados como Los Acapadores de Droga, Los Coteros, La Válvula, Los Aboyta y funcionarios retirados, que van desde un juez hasta un dos ex presidentes de la Junta Municipal de El Durazno en Tamazula. El Guano se maneja con tal discreción que cuando su El Chapo fue detenido por tercera vez y extraditado a Estados Unidos, prefirió cortar lazos con su familia y formalizar una alianza con El Mayo, a quien considera más hermano que a Joaquín: de él aprendió a operar con bajo perfil, a rehuir a las cámaras y a vivir en los cerros. Ambos partieron el Triángulo Dorado: Sinaloa y Chihuahua para Ismael Zambada y los suyos, y Durango para Aureliano y sus aliados, cuentan los militares desplegados en la Sierra Madre Occidental.

Más tácticas ha aprendido de su hermano postizo: el primer círculo de El Guano es reducido y de mucha confianza. Sin excepción, tienen formación militar y despliegan anillos de seguridad con halcones por la sierra. Solo una cita aprobada por él —y pedida a través de una “secretaria” logra penetrar esa guardia conformada por unos 30 hombres armados que miran todo y a todos con desconfianza.