Transcripción:
Merlín. Bueno, pues mire, en días recientes el caso del ex Ashton implicado en el asesinato de un joven en el CCH Sur, pues ha puesto sobre la mesa un tema la subcultura incel, también conocida como celibato involuntario. Pero para entender mejor cómo se identifican los jóvenes con esta subcultura y qué podemos hacer como sociedad y familia, hoy vamos a conversar con Carlos Contreras, él es psicólogo social de la Universidad Autónoma Metropolitana, a quien le agradecemos esta comunicación. Carlos, Muy buenas tardes. ¿Qué tal? Buenas tardes, un gusto estar con ustedes. ¿Pues comenzar preguntándote qué características tiene la subcultura incel y por qué cada vez más jóvenes se sienten identificados con ella? Bueno, la idea de alguien desea tener una pareja y no lo logra. En realidad no es tan reciente con este nombre, aparece en 1997 en el blog de una mujer en una universidad en Estados Unidos y en ese sentido tiene otra connotación. A lo largo de los años ha cambiado su cariz, se fue apropiando cierta cultura, sobre todo machista, jóvenes que tenían dificultades en relacionarse con mujeres a partir de los 2000 y a partir del 2012-14 o algo así, claramente está asociado con una cultura supremacista, una cultura que toma a las mujeres como objetos, con la idea de que en realidad si no tienen una pareja no es responsabilidad o no es algo que puedan cambiar ellos, especialmente los varones, digamos adolescentes, jóvenes tempranos, porque es culpa de las mujeres que no puedan lograrlo vincularse con ellas. Y esto se originaría en este imaginario, en una determinación genética, biológica, muy alejada de lo que es la ciencia y la aproximación que tenemos ahora a lo que son los afectos, las identidades, los vínculos amorosos. No es sino hasta recientemente, sobre todo con la pandemia, que tiene más impacto en nuestras juventudes, especialmente con el encierro, el uso intensivo de redes sociales y esta identidad, más que cultura, insisto, está muy asociada con violencia, violencia hacia las mujeres y esta denigración de la figura o esta objetivación de las mujeres como solamente un escalón o algo que las personas con los varones con cierto estatus, ciertas características socioeconómicas, físicas, de origen social tendrían acceso. Entonces, desde que recordamos en México, pues ha habido esta dificultad en la relación entre hombres y mujeres, pero ahora está adscrita a supremacismo, a violencia y a una declaratoria política de que son las mujeres las culpables, no es algo exclusivo de las comunidades escolares. Hay que tener claro que este tema de las redes sociales, el uso intensivo, Internet, la dependencia, si no es que la adicción a ciertas redes bastante tóxicas como especialmente TikTok lo puede llegar a hacer, nos da acceso a los adultos a esta emergente identidad o identificación que pueden tener los más jóvenes, pero ha estado ahí siempre y pega muy fácilmente en culturas machistas como la nuestra. ¿Profesor, yo quisiera preguntarle este caso, bueno, lo empezamos a ver por lo que ocurre en el CCH hace unos días con este joven, pero de alguna forma nos debe llevar a preguntarnos cómo están nuestros jóvenes, cómo se sienten, están siendo vistos, de qué manera se está manejando el machismo y también la violencia hacia las mujeres entre nuestras adolescencias y juventudes? Sí, la verdad es que tenemos una gran ausencia de temas en general de salud, pero salud mental en particular como sociedad, como gobierno y también en las instituciones particulares específicas que pueden estar cerca de nuestras juventudes. De repente hay una falta de comunicación o de comprensión de unos hacia otros. La brecha generacional puede ser muy amplia porque las juventudes están consumiendo mucho las redes sociales, insisto sobre ello. Y entonces a veces es posible detectar cambios o nuevos términos o nuevas prácticas o nuevas narrativas en estas redes antes de que la investigación más formal, el levantamiento de datos objetivos nos dé pista de lo que está sucediendo. Así es, pero es difícil que todo lo que surge en las redes necesariamente se relacione con fenómenos tan violentos como este que acabamos de atestiguar. Pero infortunadamente no es esperable que esto se quede ahí, lamentablemente. Hay que decir que hay que preparar a nuestras juventudes, estar cerca de las y los jóvenes y adolescentes porque están siendo bombardeados con estas pertenencias más intensas que las que puede dar la familia o la escuela, los vínculos tradicionales. Efectivamente. Carlos, nos quedan 30 segunditos. ¿Qué podemos hacer como sociedad para no normalizar estos mensajes de odio que circulan en estas redes sociales? ¿Y qué hacer en caso de que madres, padres, adolescentes, perdón, padres y docentes vean que los jóvenes están muy cercanos y tienen este discurso? ¿Qué hacemos? Primero, necesitamos más investigación, más conocimiento, acercarnos a las instituciones que investigan e intervienen en estos fenómenos de salud mental. Segundo, pensar que no estamos solos, que hay formas de hacer lo que otros países han logrado regular las redes sociales. Tercero, comunicarnos y hacer grupos, redes de apoyo, estar cerca de las víctimas. Es el cuarto punto muy importante. Podemos ser cualquiera de nosotros y estaremos mejor mientras más comunidad hagamos para enfrentar. Y el último punto que yo señalaría es justo lo que están haciendo ustedes, abrir la discusión. Este no es un tema que deba quedarse como uno más de las trágicas situaciones que vivimos, sino que podremos hacer algo mientras más se ponga en la discusión pública esta capacidad colectiva que tenemos para actuar y para mejorar las condiciones de nuestros jóvenes y nuestras adolescencia. Perfecto. Carlos Contreras, psicólogo social de la UAM, te agradecemos mucho esta comunicación. Gracias, buena tarde.