Bitácora Del Director // California, Texas y las raíces mexicanas


Resumen:

Bitácora del director Pascal Beltrán del Río.

Transcripción:

Bitácora del director

Pascal Beltrán del Río

California, Texas y las raíces mexicanas

Las elecciones de este martes en Estados Unidos, en las que el Partido Demócrata dio una paliza de antología al Partido Republicano de Donald Trump, han dejado muchas historias interesantes.

Habrá que ocuparse de ellas en los próximos días, así como de las profundas implicaciones que puede tener para México el hecho de que el Partido Demócrata vaya a controlar ambas Cámaras del Congreso en Washington. Hoy elijo comenzar con dos relatos fascinantes en el ámbito estatal. Me refiero a los triunfos de Xavier Becerra y de Gina Hinojosa, en las contiendas por las gubernaturas de los dos estados más poblados y económicamente influyentes de ese país: California y Texas.

Ambas historias tienen sus propias particularidades, pero para los mexicanos guardan un elemento simbólico en común. Los dos son hijos de madre mexicana. La mamá de Becerra nació en Guadalajara, mientras que la de Hinojosa vio la luz en San Luis Potosí. Esta coincidencia une sus victorias con la experiencia migrante que define a millones de familias a lo largo del continente.

Becerra cuenta con un recorrido amplio tras presidir el Caucus Hispano en la Cámara de Representantes, desempeñarse como fiscal general de California y encabezar el Departamento de Salud a nivel federal durante el mandato del presidente Joe Biden. Hinojosa, abogada dedicada desde sus inicios a causas laborales y civiles, destacó presidiendo la junta escolar de Austin antes de dar el salto a la Legislatura tejana, donde construyó una reputación sólida impulsando presupuestos y políticas en favor de la educación pública.

Es revelador observar como la democracia estadunidense funciona con tanta firmeza institucional. Allá no se percibe como un rasgo negativo que alguien acceda a una gubernatura teniendo vínculos culturales y familiares tan estrechos con otro país, en este caso con México. Lejos de despertar sospechas sobre su lealtad, esas raíces suelen enriquecer la identidad personal y el discurso de quienes buscan el voto popular.

Los números respaldan esa apertura. En el último siglo, Estados Unidos ha tenido al menos 60 gobernadores que no nacieron en su territorio. Dentro de esa lista destacan ocho mandatarios de padre o madre mexicanos. Incluso figuran dos hombres nacidos en nuestro suelo: Octaviano Ambrosio Larrazolo, de Nuevo México, y Raúl Héctor Castro, de Arizona. Ambos cruzaron la frontera siendo niños para después construir carreras públicas en sus respectivas comunidades.

Esa realidad representa un fuerte contraste con la situación actual de México. Aquí acaba de aprobarse una reforma constitucional que prohibe llegar a una gubernatura o a la Presidencia cualquier persona que posea otra nacionalidad aparte de la mexicana. La contradicción es evidente al ver cómo la misma figura política que impulsó esa restricción celebró con aplausos los triunfos electorales de Becerra e Hinojosa.

Tal comportamiento evidencia que la democracia estadunidense es más madura que la mexicana. Mientras allá la integración social y la diversidad abren puertas al liderazgo, de este lado del río Bravo prevalece el recelo hacia quien ostente un lazo formal con el exterior, limitando así los derechos políticos de millones de ciudadanos que poseen doble nacionalidad.

Estados Unidos no perderá ni un ápice de soberanía porque los próximos gobernadores de California y Texas, sus dos estados más poblados y fronterizos con México, sean hijos de madre mexicana. Por el derecho de la sangre asentado en nuestra Constitución, Becerra e Hinojosa poseen la nacionalidad mexicana desde el día en que llegaron al mundo. Pero dudo que esa condición entorpezca el cumplimiento de sus responsabilidades constitucionales en Sacramento y Austin.

En sus discursos de victoria pronunciados la noche del martes, ambos confirmaron la fuerza de su herencia personal y eligieron comunicarse en español en partes centrales de sus mensajes. Esa doble pertenencia no resta confianza a los votantes, demuestra la capacidad de una sociedad madura para integrar la pluralidad cultural dentro de sus instituciones más altas. Ojalá en México aprendamos pronto a mirar el mundo con la misma amplitud mental.